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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
El Estado no quiere que lo contradigan
Las audiencias de comunicadores están transmitiendo un meta-mensaje que sí está llegando a quienes son sus destinatarios principales —precisamente las y los genuinos defensores de los derechos humanos— y que muestra el lado más autoritario del Estado y su poder para cerrar el espacio a la labor que le contradiga, y para destruir mediáticamente la reputación de quien la apoye o la realice.
Por Luis González Placencia
18 de abril, 2016
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La filtración del video en el que dos mujeres, una de ellas policía federal y la otra soldado del Ejército Mexicano, torturan a otra mujer presuntamente parte de una organización criminal, se da en el contexto de la próxima terminación del trabajo del GIEI y de la presentación de su informe final sobre Ayotzinapa.

La disculpa del general Secretario resulta significativa porque, aunque ciertamente es histórica, aparece en un momento en el que el Estado Mexicano parece estar comunicando su capacidad para hacerse cargo de los problemas relacionados con las violaciones graves a los derechos humanos en el país. Días antes, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ofreció a su vez un informe sobre su propia investigación en torno al caso de los 43, oficializando la participación que en la desaparición de los normalistas tuvieron agentes de la policía federal.

El mensaje que se lee en algunos columnistas pareciera, por una parte, hacer énfasis en el reconocimiento que hace una alta autoridad del Estado en torno, ni más ni menos, que a un acto de tortura, y en lo que se divulga entonces como una resignada pero digna actitud de valor civil para hacer lo que más trabajo cuesta a cualquier autoridad —seguramente con mayor razón a las fuerza armadas— que es ofrecer una disculpa pública por el reprobable hecho. (Un hecho que, nota al calce, aparece tal como reiteradamente las autoridades han dicho que sucede, como un acto aislado; y es que no deja de llamar la atención que el general Secretario no se haya disculpado por todos los actos de tortura que le han sido imputados a sus soldados, sino sólo y únicamente por éste que, quite convenient, fue filtrado).

Por la otra, en otras columnas se ha intencionado la lectura de que el informe de la CNDH demuestra que no era y no es necesaria la intervención de expertos extranjeros porque aquí, instancias como el ombudsman nacional son suficientes para enderezar la situación que en materia de derechos humanos vivimos desde hace años.

No me parece menor que estos hechos se den el contexto de la difusión que comunicadores de MVS y Fórmula en radio, columnistas de La Razón y Milenio en prensa escrita, y reporteros de varios portales electrónicos han dado a las acusaciones, por demás falaces, que ha enderezado la organización Alto al Secuestro en contra de defensores y defensoras de derechos humanos aquí en México; de la denuncia jurídicamente fallida pero mediáticamente notoria del secretario ejecutivo de la CIDH, y de la filtración de las supuestas llamadas que presuntamente ligan a Vidulfo Rosales, abogado de los padres de los 43 normalistas desaparecidos, con el narcotráfico y con insultos a sus defendidos.

Bien se dice que en política no hay coincidencias. Estos hechos sugieren un mensaje: el monopolio de la defensa y protección de los derechos humanos lo tiene y debe tenerlo el Estado Mexicano, acaso asistido por algunas organizaciones amigas de esta misma mirada, pero de ninguna manera por quienes detrás de su fachada de defensores persiguen agendas ocultas o francamente ilegales. No me parece exagerado decir que este es el mensaje que están recibiendo las audiencias de comunicadores, columnistas y reporteros a los que me he referido antes.

Iría mas allá, porque lo que no están recibiendo esas audiencias es un meta-mensaje que sí está llegando a quienes, en mi opinión, son sus destinatarios principales —precisamente las y los genuinos defensores de los derechos humanos— y que muestra el lado más autoritario del Estado y su poder para cerrar el espacio a la labor que le contradiga, y para destruir mediáticamente la reputación de quien la apoye o la realice.

Quién o quiénes son los emisores del mensaje y cuál es el porqué de su emisión son dos preguntas que quedan en el aire y cuya respuesta, me temo, no será sencillo hallar.

En todo caso, siempre queda la opción de que en el fondo todo sea casualidad, que no haya nada contra nadie y que solo estemos pasando por una suerte de folie a groupe de la que algún día nos libraremos.

 

@LGlzPlacencia

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