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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
"Exgendrar": la trata de mujeres con fines reproductivos
El tema de la maternidad subrogada no es menor porque una regulación demasiado débil podría dejar a las mujeres a merced de la voracidad del mercado de la subrogación uterina, y una demasiado rígida, en cambio, podría originar un mercado negro y con ello, situaciones de servidumbre y esclavitud, justo como ocurre en la trata con fines sexuales.
Por Luis González Placencia
24 de agosto, 2015
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En su edición de agosto, la revista La Capital publicó una interesante historia acerca del calvario por el que pasan aquellas parejas que, dada la imposibilidad de tener hijos propios, deciden acudir a un servicio que poco a poco ha mostrado ser frecuente en nuestro país: la maternidad subrogada. Este es el caso, sin duda, de miles de parejas heterosexuales que, debido a algún impedimento biológico que puede estar presente en ella o él, no logran el embarazo; pero también es el caso de las parejas gay que buscan que sus hijas e hijos posean los genes de uno de los miembros de la pareja.

El tema está despertando interés e incluso Televisa, en su espacio de Primero Noticias, le dedicó un amplio reportaje que revela a Cancún como el centro de operaciones de varias empresas norteamericanas que se dedican a la renta de úteros.

En México, sólo en Tabasco y en Nayarit está legalizada esta práctica y, aparentemente, eso ha generado que algunas de esas empresas que trabajan en Cancún se estén trasladando al estado sureño para legalizar su actividad. Sin embargo, la cuestión trasciende con mucho el mero asunto legal. En el fondo, y no obstante las buenas razones que estén detrás de la búsqueda de procrear descendencia genéticamente vinculada al menos a un miembro de la pareja, se trata de un fenómeno que hoy constituye un mercado de arrendamiento donde el servicio y la mercancía corre a costa de mujeres.

Como todos los mercados, el de la subrogación de úteros responde también a una demanda que, a su vez, está determinada por una necesidad. Esta necesidad se presenta frente a la imposibilidad de conseguir el embarazo, ya sea por infertilidad, o bien porque ninguno de los miembros de pareja posee un útero. Aunque desde luego es posible satisfacer esa necesidad por la vía de la adopción, muchas de las parejas que buscan un útero subrogado sólo consideran adoptar como una ultima opción. Hoy por hoy, a las dificultades burocráticas de la adopción, hay que añadir los prejuicios que operan frente a la posibilidad de criar al hijo o hija de otras personas, cuyas historias se desconocen; aunque no hay nada de razonable en esos prejuicios, difícilmente podría competir el deseo de ser padre o madre biológico con el de serlo adoptivo, a menos que satisfacer esa necesidad tenga en cuenta que el útero que se pretende rentar le pertenece a una mujer completa que en la mayoría de los casos opta por rentar su útero, también por necesidad.

El reverso de la moneda se presenta entonces de cara a otra necesidad, la de sobrevivir, que es la que mueve a muchas mujeres a rentarse como incubadoras. El razonamiento puede ser tan simple como trágico: tu necesitas un útero y no lo tienes o no sirve que lo tengas, yo en cambio tengo un útero funcional y libre; yo necesito dinero y no lo tengo, tú en cambio lo tienes o lo puedes conseguir. La ventana de oportunidad se abre para que quien necesita un útero lo tenga mientras lo necesita y quien necesita dinero lo obtenga como resultado de extraer renta de su propio cuerpo.

Ya esta transacción resulta problemática porque supone con frecuencia situaciones que se relacionan con la manutención de la madre sustituta, su atención médica e incluso con su vivienda. Y como lo muestran testimonios reales de quienes han vivido estas historias, no es raro que la madre subrogada aborte, se lleve al bebé, o simplemente aproveche que el óvulo no se hubiere implantado y huya con el dinero que por adelantado le pagaron; o viceversa, que durante la gestación, la pareja se pelee y desaparezca, dejando a la nueva madre con un hijo o hija que no es de ella.

Pero el problema se complejiza aún más porque, también en este caso, la tendencia a que transacciones entre particulares pronto sean intermediadas por empresas —que, a partir de una pequeña inyección de capital, maximizan las ganancias y trasladan los gastos a los clientes— pone a las mujeres en posición de ser subcontratadas, sin más posibilidad que permitir que la extracción de renta de su propio cuerpo quede en manos ajenas.

Así vistas las cosas, la subrogación de úteros se revela como otra faceta de la trata de personas que, para diferenciarla de la trata con fines sexuales o laborales, podría denominarse trata con fines reproductivos. Aunque desde ciertas miradas no haya comparación entre quien renta a una mujer para un fin socialmente valorado como es el de tener hijos, y quien la renta para satisfacerse sexualmente —lo que constituye un fin socialmente condenado— la cadena que se forma entre los extremos de la demanda y la oferta formada por el trinomio aprovechamiento de la necesidad, cosificación e instrumentalización del cuerpo femenino, explotación y extracción de valor de un cuerpo ajeno, todo ello a cargo de un tercero intermediario, no dejan duda de que estamos ante dos caras de la misma moneda.

El tema no es menor porque una regulación demasiado débil podría dejar a las mujeres a merced de la voracidad del mercado de la subrogación uterina; una demasiado rígida, en cambio, podría originar un mercado negro y con ello, situaciones de servidumbre y esclavitud, justo como ocurre en la trata con fines sexuales. Quizá esa sea una buena razón para que, desde el lado de la demanda, se considere a la exgendración —que sería algo así como “engendrar en un cuerpo ajeno a la progenie”— una opción éticamente cuestionable, y para que se piense en la adopción, que garantiza, sin duda, la experiencia de ser padre o madre, que demuestra que asumir esa responsabilidad tiene muy poco que ver con los genes, pero sobre todo, que resuelve la vida de niñas y niños que no han gozado de su derecho a tener una familia.

 

@LGlzPlacencia

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