La "gubernamentalidad" autoritaria y el caso de Héctor Manuel Casíque - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
La "gubernamentalidad" autoritaria y el caso de Héctor Manuel Casíque
Héctor Manuel Casíque Fernández, un joven detenido arbitrariamente, incomunicado y torturado por la policía judicial de Quintana Roo, ha vivido un infierno. La impotencia y la vergüenza que este hombre siente debiera concitar, en todas y todos quienes no compartimos esa "gubernamientalidad" represora, un sentimiento de profunda indignación porque, no obstante las pruebas que existen de todas las violaciones sufridas, continúa detenido, notablemente afectado física y mentalmente.
Por Luis González Placencia
6 de abril, 2015
Comparte

Para Héctor Manuel Casíque Fernández y su familia

 

Detención arbitraria, incomunicación y tortura constituyen un patrón en la manera en la que policías de cualquier parte del país actúan cuando se trata de incriminar a una persona en un hecho delictivo. No es sorprendente que, no obstante saber que se trata de prácticas prohibidas por la Constitución, agentes de distintas corporaciones acudan a ellas como el mecanismo que mejor conocen para cumplir con su trabajo. De hecho, es como si la prohibición funcionara como una especie de advertencia que, combinada con la aquiescencia o la explícita autorización, diera forma a una máxima a la que se ajusta la labor policial: ¡hazlo, pero que no te cachen!

La regla es bien clara y responde a un mecanismo que funciona tan bien que, sin importar lo dura que sea la ley contra estos actos, la certeza de que detener arbitrariamente, incomunicar y torturar entraña el modo correcto de hacer las cosas -si se quiere acabar con el delito- está profundamente arraigada. De hecho, funciona como una suerte de pacto entre los mandos y los ejecutores: no nos dejan hacerlo del modo correcto, pero si lo haces bien, estarás cumpliendo con tu deber; mientras sea posible, la corporación te va a proteger porque ello es necesario para que podamos seguir trabajando así, pero si algo se sale de control, no sólo estás por tu cuenta, nos vamos contra ti. No es la justicia lo que importa, sino la certeza de que están cumpliendo con un deber, aunque los defensores de derechos humanos, algunos jueces derechohumaneros, y algunos políticos no lo entiendan. Por suerte hay ombudsmanen, jueces, ministros, muchos otros políticos y gente del gobierno que sí lo entienden y que de diversas formas ayudan a la causa.

No es ficción. Ojalá. Por una parte, muchos testimonios de gente que ha sufrido estas violaciones, así como de agentes de la policía que las han cometido y encuentran justificadas validan este mecanismo. Estas últimas configuran eso que Foucault llamó una gubernamentalidad: una tecnología de control que dirige las voluntades hacia un fin común, como un hilo invisible que las articula desde la fuente misma de poder hasta el último de sus agentes terminales.

Por la otra, mucha evidencia hay en la literatura sobre las organizaciones que da cuenta del modo en el que, más allá del marco institucional —principios, normas, directrices— el quehacer diario de quienes conforman una organización como la policial está sujeto al modo en el que las prácticas se construyen mediante aquello que las incentiva o desincentiva en la cotidianeidad. Todo ello está ligado a un conjunto de valores que, implícita y a veces explícitamente, granjean la pertenencia a un grupo y después garantizan la permanencia en él. Con la policía, uno es el discurso de la ley y otras son las reglas —no escritas— que permiten que sus agentes actúen por debajo de aquélla. Una circunstancia que ofrece dos realidades que con frecuencia confunden a quienes son ajenos al quehacer cotidiano de las instituciones policiales, y sirven de legitimación a quienes saben perfectamente cómo son las cosas entre policías. De un lado, una realidad que habla de respeto y compromiso con los derechos humanos y con la Constitución; y del otro, una realidad de todos los días en las que el know how dicta qué es lo que será exigido y tolerado, que enseña cómo hacerlo, cómo encubrirlo y cómo beneficiarse de ello en aras de fines que terminan particularizando la fuerza pública a favor de intereses no públicos: prejuicios sobre la justicia, protección del espíritu de cuerpo, cumplimiento de una orden, entre otros.

Héctor Manuel Casíque Fernández, un joven detenido arbitrariamente, incomunicado y torturado por la policía judicial del Estado de Quintana Roo, vivió, como muchos otros, este infierno. La impotencia y la vergüenza que este hombre siente debiera concitar, en todas y todos quienes no compartimos esa gubernamientalidad represora, un sentimiento de profunda indignación porque, no obstante las pruebas que existen de todas las violaciones sufridas, continúa detenido, notablemente afectado física y mentalmente —como lo prueba el protocolo de Estambul que le aplicó personal de la Segunda Visitaduría de la CNDH. Su caso comienza a ser un escándalo. Todas las heridas y el daño a su familia son ya irreversibles, pero sirva este medio para solidarizarme con ellas y ellos, para que más gente conozca el caso y contribuya como pueda para que esta injusticia se revierta.

 

@LGlzPlacencia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.