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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Lección privada con Juan Carlos Monedero
En México, los partidos políticos han sido muy eficientes en la construcción de mayorías mecánicas mediante un discurso que promete resolverle la vida a las personas sin necesidad de que tengan que organizarse para nada. ¿Qué debe pasar para convertir la indignación en cambio político?
Por Luis González Placencia
21 de marzo, 2016
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La semana anterior, en un encuentro muy grato con Juan Carlos Monedero de Podemos, —el partido español que nació luego del boom que causara el manifiesto Convertir la indignación en cambio político, hace apenas un par de años— Mónica Tapia, Paulina Arriaga y yo, aspirantes a candidatos independientes por el colectivo Tú Constituyente, le preguntamos su opinión sobre las candidaturas independientes, de cara al proceso que vive hoy la Ciudad de México en su camino a la primera Asamblea Constituyente. Su respuesta fue esperanzadora pero al mismo tiempo realista y muy objetiva; palabras más, palabras menos, nos dijo que mientras los partidos tradicionales estuvieran vivos, harían muy difícil la emergencia de un movimiento verdaderamente independiente. Citando su propia experiencia en España, hizo hincapié en el carácter más bien apático de la sociedad en materia de participación ciudadana y en la frustración que eso genera a los entusiastas de la emancipación política. Tiene razón.

En México, los partidos políticos han sido muy eficientes en la construcción de mayorías mecánicas mediante un discurso que promete resolverle la vida a las personas sin necesidad de que tengan que organizarse para nada. Cuando han de reunirse, son los líderes partidistas los que organizan los mítines, los que definen lo que dirán las mantas y en su caso, hasta quienes les escriben los discursos. La masa se mueve en función de promesas cuya máxima realización se queda con frecuencia —dependiendo del partido, de sus vínculos con el ejecutivo, de sus recursos y del interés por los votos que esas masas representan— en un desayuno, una despensa, una pantalla de televisión, etc. Más que ciudadanas y ciudadanos con capacidad de agencia pública, los partidos crearon en esas mayorías mecánicas auditorios entrenados para aplaudir discursos.

Por otra parte, la mayor parte de quienes no forman parte de esas mayorías mecánicas tampoco están interesados en participar mas allá del día de las elecciones, miran la vida pública pasarles por enfrente y en el mejor de los casos se lamentan por todo lo mal que están las cosas, y dan gracias a sus dioses porque a ellos y sus familias al final no les vaya tan mal, o nada mal.

¿Qué debe pasar para convertir la indignación en cambio político? Juan Carlos Monedero dice: no lo sé, pero un buen día la gente reacciona. Y para ese momento, pienso yo, tendríamos que estar preparados: para lanzar un manifiesto, para ofrecer una plataforma política, para contar con perfiles idóneos y para hacer política. Hacer política sin pretender caer en la tentación de ser políticos profesionales; para vivir y hacer vivir a otras y otros la política y no para vivir de ella.

Hacia este último punto apuntó Monedero mientras concluía nuestra promenade entre la cafetería del CUEC y el auditorio de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Llamó nuestra atención sobre los liderazgos y sobre la importancia que tiene que quien los ejerza no se quede con ellos. Ser un político, pienso mientras le escucho, no debería ser una actividad profesional, sino un servicio público, transitorio, remunerado en todo caso mientras no se está en condiciones de percibir otros ingresos porque se ejerce un cargo de tiempo completo y con compromiso pleno en torno al interés público. Esto significa la posibilidad de retorno a la vida privada sin necesidad de depender del dinero público.

La sobremesa con Juan Carlos Monedero fue una lección muy importante por lo que nos dijo, pero me atrevo a decir que lo fue mucho más, por lo que nos sugirió.

La figura del independiente no puede ser una ocurrencia, una oportunidad para hacer pasar por conocimiento nuestros prejuicios, nuestra experiencia o nuestra intuición, para manipular a la gente y menos aún para acceder al erario público y hacer carrera política. Un independiente tiene que serlo de los partidos, pero también de los poderes fácticos y de los constituidos; debe serlo de cualquier agenda que no sea convergente con el interés público; debe serlo también del dinero público y aunque suene extraño, si al final logra desempeñar un cargo público, debe ser independiente de su propia ideología, de su moral, de sus prejuicios, de sus creencias, porque esa es la única forma de tener una posición que no anule la ideología, la moral, los prejuicios y las creencias de las y los demás. A diferencia de quien milita en un partido, un independiente no le sirve sólo a la parte de la sociedad que comulga con sus ideas, sirve a todos y todas a favor de lo que nos es común en la vida pública.

Gracias a esa grata charla con el politólogo español me resulta fácil explicar por qué en Tú Constituyente no somos ni seremos un partido y en cambio, por qué sí somos, y seguiremos siendo, un colectivo independiente.

 

@LGlzPlacencia

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