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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Los padrinos del funcionariado
Mientras más conozco el funcionamiento de nuestras instituciones más claro me queda que el nuestro es fundamentalmente un problema de personas, concretamente de personas que no están dispuestas a dejar del lado sus intereses individuales, de grupo o de partido, para abocarse seriamente a su compromiso con lo público.
Por Luis González Placencia
6 de diciembre, 2016
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Entre los problemas mas importantes del país están la simulación, la corrupción en todas sus formas y la opacidad. Todos ellos han sido, en mi opinión, parte importante de una tendencia que hace años y a distintos niveles, ha significado una paulatina expropiación de lo público (bienes naturales, hacienda, espacio, interés y hasta la fuerza pública) a favor de intereses particularistas y/o privados. Aunado a ello, los niveles de desconfianza en las autoridades y los políticos son crecientes y se alimentan en buena medida debido a la impunidad.

Mexico, sin embargo, no es un país que posea una institucionalidad frágil; por el contrario, tenemos un marco jurídico e institucional que podría ser ejemplo para muchos otros países. Tampoco creo que sea un problema de dinero pues aunque los presupuestos son cortos y recortados, seguro serían más holgados si no tuviéramos que cargarles los costos de transacción que implica la corrupción.

Mientras más conozco el funcionamiento de nuestras instituciones más claro me queda que el nuestro es fundamentalmente un problema de personas, concretamente de personas que no están dispuestas a dejar del lado sus intereses individuales, de grupo o de partido, para abocarse seriamente a su compromiso con lo público.

Es notable el modo en el que, a mayor número de candados a las prácticas corruptas, mayor también el ingenio de empresarios y servidores públicos para burlarlos (desafortunadamente existen también organizaciones de la sociedad civil que participan de esta tendencia). Las interacciones entre estos sectores está inmersa en una lógica de favores, beneficios, privilegios y prebendas que son mutuas. En ese contexto es que es posible decir, como lo he afirmado en otros espacios, que aunque la corrupción existe en todo el mundo, en México, la corrupción es el sistema. Gracias a ello ha sido posible el enriquecimiento inexplicable de funcionarios públicos tristemente encabezados por un número inédito de gobernadores que hoy son prófugos de la ley o enfrentan procesos penales; gracias a ello también, hoy tenemos un procurador carnal, y un secretario de desarrollo social impresentable, ignorante y grosero y, en la cúspide del sistema, un Presidente que, más allá de los plagios y las casas blancas, se porta más como un gerente que como un Jefe de Estado.

Como sabemos, los nombramientos de servidores públicos en nuestro país ocurren por una de tres vías posibles: por elección popular, por elección de uno o mas órganos del Estado o bien por nombramiento de los titulares de los poderes y de las instituciones que las conforman. Sobre la primera vía hay todavía mucho que aprender porque, a pesar de las bondades que en lo general posee nuestro sistema electoral, todavía es necesario explorar las razones del voto, así como las motivaciones reales que llevan a las personas a emitirlo a favor de un candidato o partido; de hecho, los resultados de elecciones recientes se explican menos cada vez en función de decisiones racionales.

Sobre la segunda vía, sabemos que la politización de este tipo de designaciones está atrapada entre las cuotas y los cuates, lo mismo que pasa con los nombramientos directos hechos por titulares, que siguen ponderando más la lealtad que la profesionalidad.

De ahí que, si en realidad queremos transformar el sistema, debemos pensar en una cuarta vía, una que escape a la demagogia que a veces encierra la formula “una persona, un voto” y al mismo tiempo al engaño de las designaciones parlamentarias o a las personalísimas decisiones en el seno del ejecutivo.

Tenemos que tomar en nuestras manos los nombramientos de quienes nos gobiernan porque ello forma parte del derecho que tenemos a ser bien gobernados, por personas comprometidas con lo público, dispuestos a dejar de lado intereses particularistas y a ser transparentes y rendir cuentas. No es solo evitar que lleguen malos perfiles o que se consumen relaciones teñidas por el conflicto de interés; más allá, se trata de proponer nombres que demuestren y hayan demostrado ser capaces de hacer gestión pública, de formar equipos profesionales, expertos en los temas de su desempeño, honestos, pero sobre todo, convencidos de que su mandato se lo deben a ciudadanas y ciudadanos y no, como hoy sucede, a padrinos en el funcionariado y la política.

Vienen nombramientos muy importantes de los que depende la posibilidad de recobrar la confianza en algunas instituciones. Pronto sabremos si logramos influir.

 

@LGlzPlacencia

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