Más sobre el aborto - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Más sobre el aborto
Para el Estado laico y de derechos, el aborto es un problema de política pública derivado de su obligación de respetar el derecho de cada una a decidir lo que mejor considere para sí. Esto significa que no juzga las razones, respeta el derecho a decidir y actúa en función de la obligación que esas decisiones, en tanto que derechos, le imponen.
Por Luis González Placencia
16 de agosto, 2016
Comparte

Luego de mi colaboración anterior, por diversas vías he recibido comentarios que, si bien concuerdan con los argumentos presentados en ella, plantean cuestionamientos sobre aspectos que exigen una mayor explicación, que no fueron planteados o que no quedaron claros. Así, me aboco en los próximos textos a intentar contestar esas observaciones que rondan dos temas principales: el primero sobre si el aborto es o no un problema moral y el segundo sobre el rol de la ciencia con la prohibición o con la despenalización del aborto. En el presente escrito me ocupo de la primera cuestión que refraseo del siguiente modo:

¿Para quién es el aborto un problema moral?

Creo que el punto de partida que hay que tomar en cuenta es que, en un Estado laico y de derechos, las mujeres son seres con voluntad y autonomía. Eso significa que para ese Estado laico y de derechos, las mujeres no simplemente se embarazan y ya, sino que deciden embarazarse o no; es decir, que un Estado laico y de derechos tiene en cuenta que no siempre que una mujer ejerce su sexualidad lo hace para embarazarse. Me hago cargo de que puede haber situaciones en las que una mujer no sepa que de una relación sexual coital puede derivarse un embarazo, pero estoy seguro de que hoy en día la información estándar con la que cuenta una adolescente sobre el tema no le permite ignorar esta situación. Lo que de esto se sigue es que las mujeres, o quieren embarazarse, o no quieren embarazarse, lo que hace suponer que aún en los casos de descuido, si antes no habido la voluntad de hacerlo, es obvio que embarazarse no era su opción.

Si al ejercer su sexualidad una mujer buscaba embarazarse —haya o no hecho explícito ese deseo— no hay dilema, a menos que estuviéramos frente a un caso de prohibición del embarazo como el que utilicé como argumento ad absurdum en mi colaboración anterior.

La cuestión se hace relevante cuando la mujer no quiere embarazarse, lo que significa que en caso de que, por la razón que sea, quede embarazada, es a ella y sólo a ella a quien se le presenta el dilema entre continuar o no con el embarazo porque es en su cuerpo y no en ningún otro donde este tendrá lugar. Cualquier pretensión de que ella deba continuar el embarazo contra su voluntad implica una injerencia en su autonomía, una imposición que sólo se justifica si es ella misma quien, de manera voluntaria, acepta sujetarse —no a la voluntad de otro, aunque sea la del padre— sino a un orden heterónomo al que, también por la razón que sea, le autoriza a expropiar sus decisiones y a dictarle reglas de vida y de comportamiento que entonces le prohíben decidir. Este es el caso, sin duda, de quienes por razones morales o religiosas deciden libremente no abortar —o bien no pueden no decidir abortar.

Un Estado laico y de derechos debe proteger esa decisión sin duda, pero no únicamente esa decisión porque de lo contrario perdería uno de sus componentes constitutivos más importantes que es la obligación de proteger la autonomía de las personas. Es en este punto donde se revela el carácter postconvencional del Estado frente a la moral, lo que significa que, justamente para proteger la decisión de las personas de adscribirse a cualquier orden moral o religioso, el Estado mismo debe ser neutral, capaz de no comprometerse con ninguna religión, orden moral o con ningún estilo de vida para poder regular que todas las personas, con independencia de la religión que profesen, de su moral y del estilo de vida que ejerzan, tengan la misma oportunidad de desarrollar su vida dentro de los cánones que han elegido.

Así, el aborto representa un problema moral sólo en la medida en la que implica para cada una tener que decidir de acuerdo con sus propios cánones morales, religiosos y sus estilos de vida, abortar o no; pero para el Estado laico y de derechos se trata de un problema de política pública derivado de su obligación de respetar el derecho de cada una a decidir lo que mejor considere para sí. Esto significa que el estado laico no juzga las razones, respeta el derecho a decidir y actúa en función de la obligación que esas decisiones, en tanto que derechos, le imponen.

¿Significa esto que hay un derecho a abortar? No, hay un derecho a decidir. Menos aún si la pretensión es que se le considere un derecho fundamental protegido por la Constitución. Por una parte, un supuesto derecho a abortar no cumpliría con al menos dos de las tres condiciones que se requieren para ser considerado como tal: no podría ser considerado como una norma tética —no sujeta a condiciones, es decir, porque admite supuestos que le imponen límites, por ejemplo no se puede abortar después de las doce semanas—; tampoco puede ser considerado universal porque solo tendrían derecho a abortar quienes pueden hacerlo: las mujeres y de éstas, sólo las que están en condiciones de embarazarse. Además, una pretensión tal abriría la puerta a otras tales como pretender constitucionalizar el derecho a nacer, o que el padre tenga derecho a que su pareja tenga al hijo de aquél. Más bien, ejercer la libertad de decidir —ésta si fundamental en tanto tética, universal e indisponible— abortar otorga una serie de derechos relacionados con las condiciones de atención médica, psicológica y social que son necesarias para que la persona suspenda su embarazo con seguridad y con las menores consecuencias posibles, en el mismo sentido que la decisión de embarazarse impone al Estado obligaciones relacionadas con garantizar la atención médica, psicológica y social que se requiere para que el embarazo llegue a buen término y para evitar la violencia obstétrica y la mortalidad materno infantil.

Por estas razones, a la pregunta sobre si el aborto representa un problema moral hay que responder sin duda que sólo puede representarlo para quien abortar tiene una implicación moral, no para todas las personas y desde luego tampoco para un Estado laico y de derechos.

 

@LGlzPlacencia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.