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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
El miedo a la otredad
Que nadie vale más que los demás parece ser lo más difícil de aceptar cuando alguien se siente desplazado de su lugar de privilegio.
Por Luis González Placencia
15 de noviembre, 2016
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Que hace tiempo el mundo gira a la derecha parece un hecho insoslayable. Sin embargo, quizá las ganas de vivir en un lugar donde todas y todos nos tuviéramos respeto, sin importar nuestras diferencias, nos ha llevado a creer todos estos años que ya lo habíamos conseguido. Immanuel Wallerstein ha evidenciado la fragilidad de esas conquistas al poner de manifiesto cómo las luchas de los jóvenes, de las mujeres y de las personas afrodescendientes ocurrieron en un entorno completamente adverso, en el que sus logros se consiguieron muy a pesar del conservadurismo al que desafiaron; más, entonces, como concesiones que a través de cuotas y acciones afirmativas, pretendieron resolver la desigualdad identitaria que durante décadas el asistencialismo quiso justificar como diferencias individuales debidas a la naturaleza.

Aunque en el plano internacional el resultado de esas luchas se fue juridificando en un conjunto de instrumentos que los convirtieron en derechos, la historia nos ha mostrado una y otra vez que las reformas en el plano normativo no son suficientes si no se acompañan de acciones que en el plano fáctico modifiquen actitudes, instauren prácticas y transformen situaciones que motiven, más allá de la sola obediencia de las nuevas reglas, su interiorización como normas de conducta que aportan civilidad a las relaciones humanas todas.

En los últimos años hemos visto emerger el reclamo de quienes dicen o muestran haberse cansado de las cuotas y de las acciones afirmativas; de quienes, más por obediencia que por convicción, sintieron que cedían sus lugares de privilegio a otras y otros cuyo mérito radicaba en su origen racial, sus genitales o en su orientación e identidad sexual, sin darse cuenta que esos mismos méritos son los que les llevaron a esa añorada posición de vértice en la pirámide social. Nunca les supimos explicar que estás acciones afirmativas no son, ni pueden ser temporales, porque están destinadas a reparar, permanentemente, la vulneración de la que esas identidades discriminadas y excluidas han sido objeto históricamente por no ser varones, caucásicos, y heterosexuales; que las mujeres, los miembros de la comunidad SOGI (Sexual Orientación & Gender Identity) y los migrantes —entre muchas otras identidades históricamente discriminadas—  necesitan derechos especiales, porque sus situaciones no son sólo diferentes de cara a la identidad dominante, sino diversas, por lo que, en tanto la diversidad no es temporal, ni asimilable, sino permanente y equivalente, necesita, de modo igualmente permanente y equivalente, sus propios derechos.

Que nadie vale más que los demás —que nuestra diversidad es precisamente lo que nos iguala, es decir— parece ser lo más difícil de aceptar cuando alguien se siente desplazado de su lugar de privilegio. Arjun Appadurai lo llama miedo a las minorías y lo describe como la afirmación que requieren las identidades que sienten amenazada su completud por la otredad que forma el ellos amenazante.

Hoy asistimos a esa suerte de revancha que los históricamente dominantes –erigidos, como dice Appadurai, en identidades predatorias– quieren imponer como un ya basta a la diversidad que en realidad nunca toleraron.

Pero los históricamente sometidos ya conocen (conocemos) la libertad, hicieron (hicimos) del cuento de las diferencias individuales un punto de partida para afirmar la diversidad y por ello, la reconquista de los dominantes no se antoja para nada pacífica. Los Estados Unidos de Donald Trump, la Europa del Brexit y en general los entornos donde el conservadurismo se está imponiendo serán, seguramente, los escenarios en el que esta nueva lucha identitaria tenga sitio.

 

@LGlzPlacencia

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