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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Moreira y el uso particularista de la ley
Sin que importe lo que los tribunales hayan sentenciado sobre las denuncias penales que el ex gobernador haya enfrentado, Humberto Moreira tiene una fama pública de la que sin duda él es responsable y revertirla requiere más que demandar a sus críticos.
Por Luis González Placencia
19 de julio, 2016
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Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y ex presidente del PRI, demandó a Sergio Aguayo, reconocido académico y periodista, por haberle difamado. Eso es lo que él piensa que Sergio hizo al comentar en una de sus columnas acerca de los actos de corrupción de los que varios medios de comunicación masiva y diversos columnistas dieron cuenta en relación con el endeudamiento que dejó en ese estado luego de su gobierno. Incluso una vez que se conoció la reacción de Aguayo, Moreira amenazó con interponer una segunda demanda por las declaraciones que el primero hiciera para tratar de explicar, en una entrevista concedida al periódico Reforma, su hipótesis acerca del comportamiento del ex gobernador.

El tema es de relevancia porque lo que implica es un intento de censura que, aunque no tiene posibilidades de prosperar en lo legal, sí puede tener efectos en la esfera social, particularmente en lo que se refiere al ejercicio de la libertad de opinión. Sergio es un opinador público, ejerce un periodismo que tiene como finalidad el debate público de lo que, en su opinión, es necesario denunciar porque transgrede las normas éticas y legales en desmedro de la sociedad. Se trata de una actividad que está tutelada por la Constitución y a la que, en diversos momentos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación le ha brindado protección. Además, en un momento como el que vive el país, en el que la ley penal no parece alcanzar para investigar y sancionar actos de corrupción y conflicto de interés cometidos en las más altas esferas del poder, una pluma como la suya resulta esencial para el escrutinio que desde la sociedad es necesario hacer del poder en una democracia.

Diego-Luna-Sicilia-y-Aguayo

Moreira, en cambio, es un político que, a juzgar por los puestos que ha desempeñado debe haber aprendido a tener la piel gruesa. Como personaje público sabe que está expuesto a la crítica y a que de su desempeño se piense lo peor. Eso es parte del precio que se paga cuando lo que se deja en el sentir ciudadano es la sospecha de haber ejercido el poder de forma ilegitima. Sin que importe lo que los tribunales hayan sentenciado sobre las denuncias penales que el ex gobernador haya enfrentado, Humberto Moreira tiene una fama pública de la que sin duda él es responsable y revertirla requiere más que demandar a sus críticos.

Por ello sorprende que el señor Moreira haya optado por una demanda legal que, sus asesores deben haberle advertido, no es seguro que gane. También le habrán advertido que, de perderla, le tocará pagar los costos del juicio e incluso, que si los abogados de Sergio Aguayo deciden contrademandar, tendrá que reparar el daño causado a su contraparte. Frente a ello, la experiencia política del ex presidente del PRI le habrá enseñado que estas demandas legales implican mensajes que trascienden lo que públicamente se aprecia. El propio Aguayo ha expresado ya que entiende este embate legal como una amenaza por una investigación que realiza sobre la desaparición de 300 personas en Allende, Coahuila.

Es justo por este uso de la ley para amedrentar donde se vuelve relevante la censura. De hecho, resulta más preocupante porque el intento de censurar viene de un poder fáctico. El cálculo del censor no puede ser más oportuno porque si Moreira llegara a ganar la demanda, volvería oficial la censura y con ello enviaría un grave mensaje que acallaría la crítica en el país, o al menos le lanzaría una fuerte advertencia para que evite meterse con los poderosos. De no prosperar, como seguramente será el caso, el intento en sí mismo tiene ya el efecto de una amenaza, contra Sergio de manera directa, y de manera indirecta contra el libre ejercicio de la libertad para investigar la realidad y denunciar los excesos del poder —una tarea que, por cierto, debiendo ser cubierta por policías y fiscales, están realizado de modo por demás eficaz algunos medios de comunicación.

Así usada, la ley se convierte en un arma política que hiere en el momento en el que se recurre a ella, sin que importe al final cual sea el resultado que jurídicamente proceda. Hiere porque produce incertidumbre, porque vulnera la seguridad en uno mismo y porque, si el intento de censura logra su cometido, destruye la voluntad, la domestica y la somete. Por eso creo que lo que enfrenta Sergio hoy es algo que, junto a él, atañe a todas y todos.

Desde Phronesis, espacio en Animal Político —portal ejemplo de un periodismo libre y comprometido con el país y con su gente— mi solidaridad con Sergio Aguayo, mis mejores deseos de que salga adelante en su defensa legal y mi respaldo a cualquier iniciativa a favor de las libertades de expresión e investigación y en contra del autoritarismo y la censura.

 

@LGlzPlacencia

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