Por el matrimonio igualitario - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Por el matrimonio igualitario
El beneplácito por la iniciativa presidencial para reconocer en la Constitución el matrimonio igualitario no lava las manos al Estado por su responsabilidad frente a la pérdida de vidas, desapariciones, desplazamientos, torturas y otras graves violaciones a derechos humanos producto de la situación de conflicto armado que se vive en distintas partes del país.
Por Luis González Placencia
24 de mayo, 2016
Comparte

La semana anterior, sin que hubiese tiempo para generar reacciones previas en contra, el presidente Peña envió una iniciativa al Constituyente Permanente para que se reformara el artículo 4º. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y el Código Civil Federal, de modo que quienes deseen contraer matrimonio civil con personas de su mismo sexo puedan hacerlo. Con ello, el Ejecutivo Federal se coloca en el frente conformado, primero por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y luego por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que avanza hacia el reconocimiento del derecho de cualquier persona a contraer matrimonio civil igualitario en todo el país.

En su anuncio, el presidente planteó esta reforma como una medida antidiscriminatoria, con lo que reconoció implícitamente el carácter violatorio del acceso a la igualdad en derechos de las regulaciones que hoy mantienen el matrimonio civil solo para uniones heterosexuales.

En otras ocasiones, en este mismo espacio, he planteado las razones que en mi opinión, y desde una perspectiva de derechos humanos, tiene el reconocimiento del matrimonio igualitario como acto reparatorio de la dignidad de un grupo humano históricamente vulnerado; sin embargo, retomo el tema porque las reacciones a la iniciativa presidencial no se han hecho esperar.

Desde luego que no causa sorpresa ninguna que la jerarquía católica, el partido Acción Nacional y grupos conservadores en la sociedad manifiesten su rechazo a la iniciativa. En el primer caso, es necesario decir a esa jerarquía y a la comunidad católica en general que el matrimonio religioso no ha sido tocado por esta ni por ninguna otra reforma y que en tanto una iniciativa similar no provenga del núcleo duro del catolicismo, en torno a sus propias normas, su institución matrimonial seguirá siendo como hace siglos, solo heterosexual.

No desaprovecho la oportunidad para decir que si las iglesias de tradición judeo cristiana e islamita se desprendieran de sus prejuicios sexuales este mundo sería muy otro, y que seguramente sus feligresías se acercarían de un modo más honesto y respetuoso de la diversidad humana a su propia espiritualidad. En todo caso, defiendo la decisión de no contraer matrimonio igualitario de quién, desde los mandamientos de su religión sienta, crea o tenga la certeza de que no debe hacerlo; pero con el mismo énfasis es necesario exigir respeto a quienes, con independencia de su orientación e identidad pisco sexual, quieran acceder a una institución de carácter civil —y subrayo civil— que obedece a supuestos normativos laicos.

En lo que se refiere al PAN, en tanto que partido, es importante señalar el derecho de sus afiliados a pensar lo que mejor acomode a sus creencias políticas, aunque vale la pena recordar que el debate, que siempre debe ser bienvenido, debe darse en los márgenes de nuestro nuevo marco constitucional de derechos humanos —un marco que se aprobó en un sexenio panista y sin duda con los votos de Acción Nacional en el Congreso Federal y los congresos locales— que afirma el acceso de habitantes y transeúntes de nuestro territorio nacional a todos los derechos humanos reconocidos en normas constitucionales y tratados de los que México es parte sin discriminación alguna: desde luego esto incluye al matrimonio, derecho consagrado en el artículo 4º. Constitucional, al que debe poder accederse con independencia de las “preferencias sexuales” —como los panistas insistieron, por cierto, en llamar a las orientaciones e identidades psicosexuales— según lo afirma el artículo primero constitucional.

En lo que se refiere a los grupos conservadores valen, en esencia, los argumentos que ya he vertido y sólo añadiría que estas reformas no obligan a nadie a casarse con alguien de su mismo sexo por lo que, quien desee contraer matrimonio civil heterosexual puede seguir haciéndolo como siempre sin que el matrimonio civil igualitario tenga absolutamente nada que ver en ello.

A estos tres sectores hay que decirles, con la Constitución General de la República en la mano:

1) que en el México de hoy cada vez debe haber menos sitio para los estamentos, los privilegios y para la exclusión, y que el matrimonio civil no igualitario ha sido hasta hoy reflejo de esas tres cosas juntas;

2) que nuestro territorio debe ser, como poco, muy poco a poco estamos logrando que sea, espacio de respeto y convivencia armónica d la diversidad de identidades, tradiciones, creencias y estilos de vida que se expresan en él, y

3) que no deben confundir su derecho a libertad de expresión y manifestación de ideas con un supuesto deber de imponernos a otras y otros su propia mirada de lo que ellos piensan que es, o debe ser, moral o naturalmente debido, decente, sano o normal.

Consideración aparte merece otro tipo de rechazo que también se verificó el día siguiente del anuncio presidencial de la iniciativa que aquí comento que, en sobremesa con Alejandra Hass, Presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, y otras y otros amigos muy queridos, llamé “fuego amigo”.

Me refiero a los comentarios hechos en redes sociales por quienes descalificaron la iniciativa porque la consideraron una especia de guiño “light” al movimiento de derechos humanos, sobre todo para poner de lado las críticas que el gobierno federal ha recibido debido a la grave crisis que vivimos en México en torno a estos derechos. A ellas y ellos, con respeto les hago notar que dichas descalificaciones, hechas ad hominen, anteponen una objeción que hace el juego a los argumentos de los detractores históricos de los derechos de la comunidad LGBTTI y ponen en riesgo la viabilidad de una reforma que, también, es parte de las reivindicaciones que el Estado Mexicano adeuda a ciudadanas y ciudadanos de carne y hueso que han sufrido y sufren los efectos de la intolerancia, la discriminación, la exclusión y en algunos casos, la aniquilación, debida a la homofobia.

No creo, honestamente, que quienes hemos manifestado beneplácito por esta iniciativa presidencial pensemos que la misma lava las manos al Estado por su responsabilidad frente a la pérdida de vidas, desapariciones, desplazamientos, torturas y otras graves violaciones a derechos humanos producto de la situación de conflicto armado que se vive en distintas partes del país.

Más bien creo que, con ella, damos un paso adelante que afirma y motiva la convicción de que la gubernamentalidad autoritaria en nuestro país que parece un muro infranqueable, tiene grietas democráticas que es necesario identificar y aprovechar si algún día queremos derribarlo. No aprovechar esas grietas para mirar a través de ellas y para tratar de hacerlas más grandes, y en cambio, contribuir a resanarlas porque no aceptamos que quien las ha producido es, precisamente uno de los ingenieros del muro, solo genera que ese muro sea más fuerte y más difícil de echar abajo.

Toca, por tanto, vigilar que la iniciativa se convierta en reforma y al mismo tiempo, no cejar en el justo reclamo de verdad, justicia y reparación que todavía el Estado debe a las víctimas de esta crisis de derechos humanos que, sin duda, estamos aún lejos de superar.

 

@LGlzPlacencia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.