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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
¿Quién representa los derechos humanos?
Seguramente hay muchas explicaciones sobre la abstención en intermedias, pero en lo particular llama la atención que las y los ciudadanos demos tan poca importancia a la elección de quienes se supone nos representan y a quienes deberíamos exigir llevaran la agenda de los derechos a las cámaras.
Por Luis González Placencia
15 de junio, 2015
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Uno de cada dos mexicanos no vota en elecciones intermedias. El porcentaje de abstencionismo, que en mi opinión es escandaloso, no perturba a nadie en tanto que, como se ha repetido hasta el cansancio —y sin duda con un dejo de justificación— esa es la proporción que se ha alcanza cuando no hay que elegir al titular del ejecutivo. Esta constatación adquiere sustento si se observa que, en efecto, en aquellos estados en los que hubo elección para gobernador, los niveles de abstencionismo fueron notablemente inferiores. Sin duda, también se verificó una mayor afluencia de votantes en aquellos lugares en los que, dada la postulación de candidatos independientes, la ciudadanía consideró que valía la pena tomarse un rato para acudir a las casillas. Salvo en los casos de Manuel Clouthier y Pedro Kumamoto, el resto de los independientes que ganaron en elecciones lo hicieron en contiendas para gobernador o bien por alcaldías.

Resalto el dato porque, en el contexto de la natural efervescencia post electoral, el 10 de junio pasado —fecha en la que se cumplieron cuatro años de la reforma constitucional en materia de derechos humanos— pasó prácticamente desapercibido.

Seguramente hay muchas explicaciones sobre la abstención en intermedias, pero en lo particular llama la atención que las y los ciudadanos demos tan poca importancia a la elección de quienes se supone nos representan y a quienes deberíamos exigir llevaran la agenda de los derechos a las cámaras.

Como es sabido, la expectativa que en su momento significó aquella reforma del verano de 2011 dio paso más o menos pronto al desencanto. Luego de la euforia y la sensación de avance que significó el expediente varios 912/2010, relacionado con la obligación de cumplir con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Rosendo Radilla, fue la propia Suprema Corte de Justicia la que arrojó un balde de realidad que convirtió el entusiasmo en zozobra, cuando “para no poner en riesgo la reforma”, se aprobó en el pleno una resolución que validó que las excepciones contenidas en el texto constitucional prevalecieran sobre los derechos establecidos en los tratados internacionales ratificados por el Senado mexicano.

Luego de eso vino el fallo, también de la Corte, que declaró la constitucionalidad del arraigo; todo ello ha ocurrido dentro de lo que podría denominarse un contexto de situaciones que han vuelto inocuo finalmente el potencial de la reforma para construir un verdadero estado constitucional de derechos: lagunas que no se han colmado —como es el caso de la legislación secundaria que sigue pendiente—, antinomias que no sólo no se resuelven sino que, como en el caso de la tortura o las desapariciones, tienden a minimizarse o a invisibilizarse, así como una progresiva devaluación de las garantías secundarias que dificultan el acceso o de plano hacen inaccesible a las víctimas los legítimos reclamos de verdad, justicia y reparación.

En este contexto, vista la desconexión entre la agenda política de las y los candidatos a ocupar una curul, y las agendas que, con un origen anclado en los derechos, podrían otorgar sentido a la legítima participación ciudadana, no sorprende que en efecto, cuando hay que elegir representantes a los congresos, la mitad de los mexicanos con posibilidad de votar simplemente no lo hagan. Tal vez es este un buen momento para pensar seriamente si de verdad las y los ciudadanos nos sentimos representados por los partidos, o si más bien, como parece verificarlo el acontecer cotidiano en las cámaras, estos sólo representan a sus propios intereses . Por lo pronto, y por ejemplo, no se ve que nadie en ningún partido haya tomado en serio la posibilidad de ir adelante con la reforma constitucional en materia de derechos humanos y todo lo que ello implica.

También por ello llama la atención el éxito de las campañas independientes, pues de un modo u otro, plantean la posibilidad de nuevas representaciones. Quizá sea oportuno ir pensando en construir, desde la sociedad civil organizada, algo así como una plataforma independiente que, para el 2018, se tome en serio los derechos, y que comprometa a las y los candidatos que aspiraran a la Presidencia, el Senado y las cámaras, a retomar el camino que hace cuatro años se trazó para México desde la Constitución.

 

@LGlzPlacencia

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