¿Somos realmente independientes? - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
¿Somos realmente independientes?
Los parámetros de la dependencia son hoy día muy distintos de los que definieron las épocas de la Conquista y la Colonia. Tenemos una democracia formal sí, pero no estoy seguro de que hayamos consolidado un estado sólido, de verdad independiente, de las fuerzas, dogmas y actitudes que dominan al mundo en nuestra era.
Por Luis González Placencia
20 de septiembre, 2016
Comparte

Como cada 15 de septiembre, también este año millones de ciudadanos y transeúntes del país salieron a sus plazas públicas a divertirse, convivir y compartir con amigos y familiares con motivo de la celebración de los 206 años de la independencia nacional. Muchos vieron por televisión al desacreditado presidente Peña gritar vivas a los héroes y a la patria y al día siguiente, varios fuimos despertados por el estruendo de los aviones supersónicos que surcaron el cielo capitalino con motivo de la tradicional parada militar. Sin embargo, no sé cuántos nos hayamos tomado un tiempo para preguntarnos qué es los que celebramos.

Los parámetros de la dependencia son hoy día muy distintos de los que definieron las épocas de la Conquista y la Colonia. Tenemos una democracia formal sí, pero no estoy seguro de que hayamos consolidado un estado sólido, de verdad independiente, de las fuerzas, dogmas y actitudes que dominan al mundo en nuestra era.

Muchos han descrito los nuevos parámetros del colonialismo contemporáneo. Para algunos, este colonialismo comienza con la imposición de una cierta manera —la occidental— de apreciar el mundo, lo que ha dado como consecuencia que terminemos rechazando los conocimientos tradicionales de nuestros pueblos originarios, reputándolos de magia o de superstición. Sin duda, nuestro acendrado malinchismo, así como el clasismo y el racismo que enorgullece a algunos, son hijos predilecto de esa mirada.

Para otros, la independencia solo se logró para los más acomodados, quienes lejos de superar el colonialismo, solo sustituyeron a las elites españolas por nuevas elites nativas que de todos modos han mantenido diversas formas de colonización de los que no son parte de ellas: los profesionistas que solo pueden acceder a puestos de segunda línea, la burocracia, la clase obrera, la campesina y en el fondo del México profundo, las y los trabajadores de la construcción y del hogar. Especialmente a éstos últimos la independencia nunca les llegó.

De hecho, incluso como país, el nuevo colonialismo económico nos ha devuelto a las actividades primarias, haciéndonos espectadores pasivos de la extracción de recursos naturales —a los que ahora se considera commodities— sobre los cuales no podemos siquiera fijar precios, porque estos son determinados por paneles y acuerdos transnacionales. Se dice que en los últimos años los países neocolonialistas han extraído más plata de nuestras minas que la que en su momento extrajo la Corona Española; qué ha de ser del agua, los recursos energéticos, las playas y las tierras, víctimas inermes de los megaproyectos.

Tampoco creo que seamos independientes de la violencia ni de la corrupción. Las desapariciones continúan, las ejecuciones a cargo del ejército o la policía se suceden unas a otras impunemente, el crimen organizado no sólo no se ha retraído sino que se ha mezclado con la política y la economía. Incluso de quienes teníamos la esperanza de que, por la radicalidad de sus dichos no fueran corruptos, hemos tenido noticia de lo contrario: el affair Antuñano termina mostrando que en México la corrupción es sistémica.

Y para colmo, tampoco creo que seamos independientes de dogmas y prejuicios religiosos y morales. Seguimos presos de los conservadores, quienes convocan a marchas porque no toleran la diversidad de estilos de vida, de valores y de relaciones afectivas, sexuales o de solidaridad entre las personas, con independencia de que sean hombres o mujeres. Pensamientos, persecuciones y culpas medievales siguen colonizando nuestro espacio público, señalando y condenando con dedo flamígero a quienes ellos consideran hereje, apóstata y maldito.

Claro que las fiestas patrias son siempre un buen pretexto para tomar tequila y comer pozole, ojalá lo aprovecháramos también para hacer conciencia de nuestras dependencias y para proponernos de verdad librarnos de ellas.

 

@LGlzPlacencia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.