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Phronesis
Por Luis González Placencia
Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos... Luis es psicólogo de formación, sociólogo de profesión y filósofo de vocación. Los últimos treinta años, la vida le ha permitido construir una aproximación vivencial de los derechos humanos. Es académico, presidente fundador de ConectaDH, primer Think Tank especializado en política pública y derechos humanos en México, y Director Ejecutivo del Centro para el Desarrollo de la Justicia Internacional A. C. Actualmente es Rector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Phronesis (Φρόνησις), que hace referencia en Aristóteles a la sabiduría práctica, a la comprensión necesaria para pensar y actuar para cambiar las cosas, virtud ausente en la política de hoy. (Leer más)
Trump, la pospolítica y México
La bandera como avatar en WhatsApp no es la forma de reaccionar ante Trump. México necesita un gobierno honesto, empresariado sensible y ciudadanos.
Por Luis González Placencia
31 de enero, 2017
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Lo que hace diferente a Donald Trump del resto de los políticos no es que mienta, sino que, a diferencia de como se hace en la política tradicional, lo hace abiertamente. Desde siempre, los datos, la evidencia y la teoría han sabido ser bien utilizadas por los políticos para acomodar la realidad a sus propósitos, revistiendo con ello sus decisiones y sus actos con un halo de certeza científica. Sin embargo, en la era de la posverdad, lo que ha cambiado no es el fondo, sino la forma: líderes como Donald Trump saben que no es al cerebro de las y los ciudadanos al que hay que convencer, sino a las vísceras de su público a las que deben motivar. Confunden a propósito ser transparentes con ser claridosos, porque ello les permite transmitir a través de las palabras -sólo aparentemente claras y sin importar en absoluto que tengan bases ciertas- el sentimiento que está detrás, dirigido al daño, a la denostación, a la humillación y con ello hacia la aniquilación del otro.

La política de la posverdad, la pospolítica, proviene del miedo y le teme a la provocación. Expresa la inseguridad de quien debe recurrir a lo que sea para protegerse, para refugiarse, para no sentirse desplazado o ninguneado por quienes le resultan diferentes, en un mundo en el que la diferencia había empezado a dejar de tener sentido. Tal vez por ello también, la pospolítica usa a su favor el miedo tanto como la provocación. Exalta los ánimos y hace de la figura de sus líderes gente más parecida al conductor de una porra, que sabe de antemano que no tiene la simpatía de todos los que asisten al estadio, porque le basta con la que logra de aquellos que con quienes comparte la pasión por su propio frenesí: la necesidad de refugio con los suyos, frente al riesgo imaginario que le representan los otros.

El pospolítico es paranoico y en su propia paranoia, si para sentirse protegido tiene que destruir los fundamentos mismos de su propio refugio —en este caso el mercado actual, que se basa en la diversidad, la mercantilización del mundo, la conversión de los seres humanos todos, no importa si blancos, afrodescendientes, latinoamericanos o africanos, en consumidores— lo hará porque en ello, como los paranoicos, mira su supervivencia.

Preocupa sin embargo que acá, desde este canto de la frontera, no haya claridad sobre cómo reaccionar. De un lado, el gobierno que no entiende códigos de política tan transparentes —no es de extrañar por eso que el final del escarceo que Trump mantuvo con el presidente Peña la semana pasada haya terminado con la solicitud de éste último de llevarse la conversación sobre el muro fuera del ámbito público, justo al terreno que prefiere la política tradicional para pactar sin presión— y que da tumbos que peligrosamente le conducen a refugiarse él mismo en un respuesta nacionalista tan irracional, ingenua y primaria, como inservible y vacía, que tiene hoy su expresión más extendida en el avatar del lábaro patrio en WhatsApp.

Por la otra, esa misma iniciativa ciudadana, sin duda bien intencionada pero que, con todo respeto, resulta tan superficial e inocua como ponerse la camiseta verde cuando juega la selección nacional para ver si le gana a un equipo extranjero (al final quizá eso ha sido lo que hemos aprendido luego de tantos y tantos años de ver el fútbol en Televisa).

Las y los mexicanos no necesitamos hacer un nosotros contra ellos —para empezar ¿quiénes serían ellos?Tal vez nacer aquí fue un accidente; pero no lo ha sido crecer, vivir, sufrir, amar, triunfar o fracasar aquí, porque sea lo que sea que somos en México se lo debemos a otros que, queramos o no verlos, han estado ahí, han puesto sus espaldas para que nos subamos en ellas, han puesto sus manos para construir nuestras casas, y su trabajo para alimentarnos. No es entonces que debamos defendernos de un enemigo que viene de afuera.

Lo que las y los mexicanos necesitamos es construir aquí una sociedad de verdad incluyente e igualitaria, hacer política y darnos un gobierno honesto y comprometido con lo público, ejercer ciudadanía y garantizarnos un empresariado sensible y equitativo, en fin, construir un pueblo solidario de verdad que reivindique lo que hacemos, lo que producimos, lo que de verdad somos y lo mucho que tenemos que ofrecer como ciudadanos de un mundo que, inevitablemente e irreversiblemente, se ha globalizado.

El antídoto contra la pospolítica es la política, tanto como el antídoto contra la posverdad es la verdad. Nuestro enemigo no es Trump; él solo se aprovecha de nuestras debilidades.

 

@LGlzPlacencia

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