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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
2013: seis deseos y una resolución
La asombrosa disminución del número de delitos violentos en Ciudad Juárez fue una de las grandes historias de 2012. Mi deseo es que el proceso de pacificación se consolide en 2013 y, sobre todo, se extienda a otras ciudades. Con algo de suerte, Monterrey podría ser la próxima ciudad en recuperar algo de la seguridad perdida.
Por Alejandro Hope
3 de enero, 2013
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Mis deseos para 2013:

1. Menos homicidios: con toda probabilidad, el número de homicidios dolosos disminuyó 8% en 2012 en comparación con el año previo. Eso significó, aproximadamente, 1800 asesinatos menos que en 2011. Para 2013, mi deseo es que, como mínimo, se repita el resultado: 8% menos homicidios dolosos, 19000 en total. Para alcanzar ese resultado, se requiere un promedio mensual de 1583 (52 por día), más o menos por donde anduvimos en el último trimestre de 2012.

2. Una, dos, mil Juárez: la asombrosa disminución del número de delitos violentos en Ciudad Juárez fue una de las grandes historias de 2012. Según cifras oficiales, el año pasado cerró con 749 homicidios dolosos, una caída de 61% y 76% con respecto a 2011 y 2010, respectivamente. Eso no es todo: según mismas fuentes, el número de robo con violencia de vehículos parece haber caído 80%. Más allá de los índices delictivos, la ciudad parece haber recuperado cierta dosis de normalidad: la vida nocturna ha resurgido y los cruces fronterizos han aumentado. Mi deseo es que el proceso de pacificación se consolide en 2013 y, sobre todo, se extienda a otras ciudades. Con algo de suerte, Monterrey podría ser la próxima ciudad en recuperar algo de la seguridad perdida: el número de homicidios en Nuevo León disminuyó casi 30% en 2012 y ese proceso podría acelerarse en 2013 (como ya les he comentado antes, las dinámicas pacificación pueden retroalimentarse). Sería también deseable que la paz alcanzase pronto a Acapulco y a La Laguna, pero allí la situación se muestra más complicada. Pero, si Juárez pudo recuperarse, no es impensable que algo similar pueda suceder en otras ciudades que hoy parecen casos perdidos.

3. La captura del Z-40: en los últimos años, se ha dado un amplio debate sobre la llamada política de decapitación de grupos criminales (sí, ya sé que es una metáfora poco afortunada). Según los argumentos de los críticos, capturar o abatir a un capo puede producir el desmembramiento de la banda y el surgimiento de muchos otros grupos, multiplicando potencialmente los niveles de violencia. No niego esa posibilidad, pero aun así, en ciertas circunstancias y bajo ciertas condiciones, capturar o matar a ciertos jefes criminales puede tener un valor estratégico importante. En mi humilde opinión, Miguel Ángel Treviño Morales, alias El Z-40, entra en esa categoría por dos razones: 1) dado su historial de violencia extrema, perseguirlo de manera prioritaria mandaría el mensaje (correcto) de que ser ejemplo de brutalidad tiene consecuencias serias, y 2) sacarlo de escena acabaría de liquidar a los Zetas como organización coherente, removiendo un factor de disrupción en el submundo criminal. Además, de cualquier forma, va a seguir la política de decapitación: de Miguel de la Madrid a la fecha, todos los presidentes han podido presumir de la captura o abatimiento de al menos un capo importante. Estoy convencido de que el Presidente Peña Nieto no querrá ser la excepción. Luego entonces, si han de cazar a un jefe criminal, ojalá concentren baterías en el que más daño produce.

4. Un debate serio sobre política de seguridad: el pasado 17 de diciembre, el Presidente Peña Nieto definió las principales líneas de acción de su política de seguridad y anunció algunas medidas específicas para reducir la incidencia de delitos violentos. Mucho de lo presentado es aplaudible. No obstante, hay aun demasiadas preguntas sin respuesta: ¿realmente se necesita una gendarmería? ¿Por qué no basta con la Policía Federal? ¿Qué va a significar en concreto el “mando único policial”? ¿Cómo van a funcionar las “regiones operativas”? ¿Cuáles serían los tiempos límites para la “consolidación y restructuración total de las policías estatales”? ¿Qué pasaría si no se cumplen? No hay respuestas obvias a esas (y otras) interrogantes. Por eso, se requiere un debate público, amplio e informado sobre la política de seguridad. El Congreso es el espacio obvio para tener esa discusión, ya que mucho de lo propuesto requiere cambios legales. Mi modesta sugerencia a los señores legisladores es que no se dejen intimidar por la lógica de “Yes, Prime Minister” (“Hay que hacer algo. Esto es algo. Hay que hacer esto”), exijan todas las aclaraciones necesarias y hagan todas las modificaciones pertinentes a lo que les envíen. No se trata de obstaculizar al nuevo gobierno, pero tampoco de dar cheques en blanco. Lo que está en juego es demasiado importante como para pasar por la vía express.

5. Mucha información: dada la métrica que se impuso el nuevo gobierno (menos homicidios, secuestros y extorsiones), resulta absolutamente indispensable contar con información oportuna y confiable sobre la evolución de variables delictivas. Ojalá la administración de Peña Nieto mantenga la práctica, iniciada en el gobierno de Calderón, de reportar mes a mes la incidencia delictiva, tanto del fuero común como del federal. Asimismo, espero que el INEGI siga ampliando la batería de productos relacionados con seguridad y justicia: la reciente Encuesta Nacional de Victimización de Empresas es una gran aportación que ofrece muchos datos esenciales para dimensionar el costo económico del delito. Confío en que esos esfuerzos seguirán en 2013. Asimismo, es deseable que se mantengan las iniciativas independientes de medición del delito y la violencia. No soy muy amigo de los ejecutómetros de los medios (digo, a veces incluyen hasta osamentas prehispánicas en sus bases de datos), pero no creo que sea muy buena idea cancelar el ejercicio, tal como lo hizo Reforma desde el 30 de noviembre, sin ofrecer una explicación a sus lectores. Si consideran que el instrumento ya no es útil, deberían dar sus razones y evitar así suspicacias innecesarias. Mejor aún, deberían sustituirlo con algo mejor ¿Una base de datos de masacres? ¿De homicidios de servidores públicos? ¿De periodistas? Hay muchas ideas claramente superiores a generar vacíos de información.

6. Experimentación en Washington y Colorado: en el transcurso de 2013, como resultado de la aprobación electoral de sendas iniciativas en noviembre pasado, los estados de Washington y Colorado en EUA tendrán que poner en marcha esquemas regulatorios para la operación de mercados legales de marihuana. Y, a su vez, el gobierno de Barack Obama deberá decidir cómo responder a lo que constituye una violación abierta a la legislación federal. Mi deseo es que las autoridades federales permitan correr esos experimentos: para bien o para mal, la experiencia en Colorado y Washington podría ofrecer información valiosísima para el debate mundial sobre drogas. Los experimentos se darían además a una escala suficientemente pequeña para contener los posibles efectos negativos. Ojalá entonces que la administración Obama se incline por una política de tolerancia (no creo que lo haga, pero estos son deseos, no prospectiva).

Mi resolución para 2013:

Una columna por semana: a últimas fechas, he tenido medio desatendidos a mis lectores. Prometo corregir el problema: de aquí en adelante, pase lo que pase, me comprometo a subir al menos una colaboración por semana. Y si no lo hiciere, que el ciberespacio me lo reclame.

Les deseo un muy buen y productivo 2013.

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