Calderón, la ONU y las drogas - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Calderón, la ONU y las drogas
Por Alejandro Hope
27 de septiembre, 2012
Comparte

El día de ayer, el Presidente Felipe Calderón dio un muy buen discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el que bordó sobre múltiples temas, de la pobreza al crecimiento económico al cambio climático. Sin embargo, las secciones más discutidas fueron las referentes a los temas de seguridad y, en específico, las dedicadas a las drogas y el narcotráfico. Van algunas reflexiones al vuelo sobre el particular:

  1. Las organizaciones criminales articulan redes de operación en torno a los grandes flujos ilegales, no sólo de droga, flujos ilegales de armas, flujos ilegales de dinero, flujos ilegales de la inadmisible trata de personas.Y para controlar sus mercados, su oferta y sus clientes, y para cobrar la renta a ciudadanos honestos en los lugares que dominan, utilizan la violencia.” De acuerdo, pero es de notar que no todos los grupos criminales usan el mismo grado de violencia. Italia, a pesar de sus muchas mafias, tiene una tasa de homicidio de 0.9 por 100,000 habitantes (24 veces menos que México).
  2. México impulsa un Tratado que limite o que prohíba, por lo menos, que regule,la transferencia de armas convencionales, porque sabemos que existe el riesgo, sabemos que eso pasa, que éstas no van a las manos de los buenos ciudadanos que quieren defendera su Patria.Van a las manos de los criminales.” Eso está muy bien, pero entra un poco en contradicción con los párrafos siguientes del discurso. Si los tratados internacionales no logran frenar el tráfico de drogas, ¿por qué serían útiles para detener el tráfico de armas? Al fin y al cabo, funcionaría el mismo mecanismo: una prohibición de un producto para el cual existe demanda genera un sobreprecio que a su vez produce incentivos para eludir los controles. Con un problema adicional: con alta probabilidad, la demanda de armas es más inelastica que la demanda de drogas, haciendo aún más ineficaces los intentos de control desde la oferta.
  3. “Los países consumidores de droga no han avanzado o al menos no han avanzado de manera relevante en la reducción del consumo de esas drogas.” Pues ahora sí que depende de la definición de “relevante”. Según la más reciente encuesta nacional de uso de drogas en Estados Unidos, publicada esta misma semana, el número de usuarios de cocaína en ese país disminuyó 42% entre 2006 y 2011. Para el caso de las metanfetaminas, la caída es de 72% en el mismo periodo. A mí esos me parecen avances relevantes, pero tal vez el Presidente Calderón tenga una definición distinta.
  4. “El consumo de drogas ilegales en muchos países desarrollados está matando a miles y miles de jóvenes en los países de producción y de tránsito. Está causando una violencia que nuestros pueblos no merecen.” Hay algo de eso, pero no en todos lados sucede por igual. Perú y Bolivia alojan a grandes cultivos ilícitos de hoja de coca, pero la tasa de homicidio en esos países es de 10.3 y 8.9 por 100,000 habitantes, respectivamente, contra 33.4 en Colombia. Por Turquía pasa 75% de la heroína que se consume en el mercado europeo, pero su tasa de homicidio es de 3.3 por 100,000 habitantes, siete veces menos que en México. En Marruecos, hay producción a gran escala de mariguana (en la forma  de hachís) y trasiego de volúmenes importantes de cocaína con destino a Europa, pero sus niveles de violencia homicida son muy bajos: 1.4 por 100,000 habitantes. Queda claro por tanto que no hay una relación mecánica y directa entre la producción y el tráfico de drogas ilegales, y el nivel de violencia. Importa la fortaleza institucional, el contexto cultural, la estructura de mercado y el tipo de políticas específicas que se adopten para impedir la producción y el tráfico de drogas. Echarle toda la culpa (o casi) por nuestra violencia a los consumidores de países desarrollados tiene algo de hipérbole y evasión. Hace algunos años, Francisco Thoumi, un distinguido economista colombiano especializado en temas de drogas y narcotráfico (y alguien que difícilmente puede ser acusado de prohibicionista), tituló un artículo: “¿Por qué Colombia pone los muertos en la guerra contra las drogas? ¿Será porque pone los asesinos?”. Lo mismo vale para México, completito.
  5. Hoy, propongo, formalmente, que ésta, nuestra Organización de las Naciones Unidas, se comprometa en el tema, que haga una valoración profunda de los alcances y de los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas” Muy bien. Aunque realmente no se requiere una valoración muy profunda para entender la naturaleza del problema. Los contornos básicos son los siguientes: 1) la prohibición de la producción y el comercio de drogas genera un sobreprecio  (como consecuencia del riesgo en el que incurren los productores y traficantes y de las ineficiencias estructurales de la ilegalidad); 2) el sobreprecio reduce la cantidad demandada (nota: con respecto al nivel que existiría en ausencia de la prohibición); 3) el sobreprecio genera incentivos para vender en el mercado negro y el cmercado negro produce corrupción y violencia (y mientras más se reprima, más incentivos se generan); 4) si se elimina la prohibición, los precios se desploman; 5) sin sobreprecio, se acaba el mercado negro y los problemas asociados (violencia, corrupción); 6) a menores precios, aumenta el consumo y los problemas asociados (de nuevo, no estamos tratando con marcianos); 7) si se busca mitigar la caída de precios (y por tanto el aumento del consumo) con impuestos y regulaciones, el mercado negro reaparece y su tamaño depende de la carga tributaria y regulatoria que se quiera imponer. Hay algunas complicaciones adicionales (incertidumbre, inconmensurabilidad de daños, path dependence, efectos no lineales, etc.), pero esa es en esencia la bronca: hay un trade-off  ineludible entre el nivel de consumo y el tamaño del mercado negro. Si se quiere menos mercado negro (y sus patologías), se va a tener más consumo (y sus costos). Si se quiere menos consumo, se acaba con más mercado negro.  Hay que escoger por tanto cuanto se quiere de cada uno: todo lo demás es comentario. Pero como ningún líder político quiere explicitar sus preferencias (¿Qué presidente diría “sí, va a haber más consumo de drogas, pero vale la pena”?),  se convoca a “valoraciones profundas” y “debates globales”. Es una buena manera de presentarse como progre, al tiempo que se despeja la pelota hasta la cancha contraria. Digo, esa jugada le salió al Presidente  Pérez Molina de Guatemala ¿Por qué no le saldría al Presidente Calderón?

Nota 1: Se puede tener mercado negro con más o menos niveles de violencia y corrupción, y consumo con más o menos daño para el usuario individual, dependiendo de políticas específicas, pero eso no altera los términos básicos de la ecuación.

Nota 2: sí, es probable que en algún punto de la próxima década se legalice la mariguana. Pero a) ese es el caso fácil y b) en términos de los problemas descritos por el Presidente Calderón (ingresos, capacidad corruptora y violencia de la delincuencia organizada), es un asunto secundario. En América Latina, el problema central es la cocaína, desde casi cualquier óptica que se le mire. Y las probabilidades de que se legalicen en el futuro previsible la producción y el comercio  internacional de la cocaína son cercanas a cero. Para cuando se contruya el consenso político para dar ese paso, el asunto va a ser medio irrelevante porque ya vamos a haber eliminado el uso del efectivo.

Nota 3: la prevención, la educación y el tratamiento mitigan el problema, pero no lo eliminan. Para entender el argumento, les propongo un sencillo experimento mental: asumamos que mañana se elimina por completo el impuesto especial al tabaco. Como consecuencia de ese hecho, el precio de la cajetilla de cigarros se reduce más de 50%. A cambio de eso, se duplica el presupuesto de prevención y tratamiento ¿Cuál creen que sería el efecto neto? ¿Subiría o bajaría el consumo de tabaco? No sé ustedes, pero yo me inclino más por lo primero (no es casual que la principal demanda de los activistas anti-tabaco haya sido durante años el aumento de impuestos).

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.