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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Cinco peticiones a Estados Unidos
Por Alejandro Hope
15 de noviembre, 2011
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Esta semana, el casi seguro candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, hizo un peregrinaje a Washington, DC . Hace algunas semanas, Josefina Vazquez Mota y Andrés Manuel López Obrador hicieron lo propio. Es muy probable que en los próximos meses, varios otros políticos mexicanos, precandidatos presidenciales o no, hagan el mismo recorrido.

No sé que estén diciendo y pidiendo nuestros políticos en las reuniones privadas con los movers y shakers de Washington (en los actos públicos, básicamente repiten sus lemas de campaña y avientan la habitual cantaleta sobre la cooperación y la corresponsabilidad). Pero, si están escasos de temas de conversación, aquí les van cinco peticiones concretas que le pueden hacer a sus pares estadounidenses:

  • Reasignen recursos de interdicción del Caribe a la frontera: desde la perspectiva de salud pública y de control de sustancias, le da lo mismo a Estados Unidos si la cocaína entra por Laredo o por Miami. Pero, desde la perspectiva geoestratégica estadounidense, hay un mundo de diferencia entre desestabilizar a México y desestabilizar a la República Dominicana (con todo respeto para los amigos dominicanos).  La actual distribución de recursos refleja más un imperativo político-electoral (es casi imposible ganar la Presidencia de Estados Unidos sin ganar Florida) que una decisión razonada de seguridad nacional. Pero ese incentivo político está en vías de desaparición: es probable que para 2016, Texas sea un estado “morado” (que lo mismo puede ir a la columna republicana que a la demócrata) y con ello, Florida va a perder centralidad política. Luego entonces, el Presidente Obama o quien le suceda podrían, a partir de 2013, relajar el control en el Caribe y apretarlo en la frontera con México, sin impacto alguno en la disponibilidad de drogas, con pocos costos políticos y con múltiples beneficios geoestratégicos. Y para México, sería una bendición: los cárteles mexicanos perderían su lugar de privilegio en el tráfico de cocaína.
  • Dejen de perseguir a los dispensarios de marihuana médica: misma lógica que en el punto anterior. Los costos sociales del consumo de marihuana en Estados Unidos son idénticos si la droga es adquirida en un circuito semi-legal o en el mercado negro. Pero, desde la perspectiva de la seguridad de México, es infinitamente superior que los consumidores de marihuana se surtan de un dispensario de Oakland que compró el producto en el condado de Mendocino y no de algún distribuidor ilegal que la trajo desde Durango. Es por tanto contrario a los intereses vitales de Estados Unidos perseguir a los dispensarios (como ha sucedido de manera creciente en los últimos meses) y arrojar a los consumidores hacia el mercado negro. Hay que solicitarles que cesen esa política irracional y que, de una vez, toleren la producción para autoconsumo y el surgimiento de cooperativas de usuarios (a la manera de los clubes cannábicos en España). Mientras más autosuficiente sea Estados Unidos en marihuana, mejor para México.
  • Dediquen todos los recursos de la Iniciativa Mérida (o lo que le siga) a capacitación y entrenamiento: la Iniciativa Mérida ha involucrado la asignación de 1400 millones de dólares de asistencia a México. Distribuido en cuatro años y dedicado a todo tipo de programas de seguridad (sobre todo a la adquisición de aeronaves), esos recursos no dan para mucho. Pero dedicados en exclusiva a formación y capacitación de personal policial, ministerial, judicial y penitenciario, podrían hacer una gran diferencia. En Estados Unidos, el entrenamiento básico de un policía cuesta aproximadamente 15000 dólares. Si se dedicaran 400 millones de dólares por año a esa tarea, se podría formar a 160 mil policías en un sexenio. La misma cantidad alcanza  para algo más de 200 helicópteros Black Hawk (dependiendo de las especificaciones). Ustedes me dirán donde se sentiría más el impacto (el cual además se podría evaluar con relativa facilidad). Además, es muchísimo más fácil y rápido desplegar recursos para capacitación que para compra de equipo. Apostar en grande a la capacitación y formación de personal es la mejor solución a los tres pecados capitales de la Iniciativa Mérida: la falta de foco, la falta de indicadores de impacto y la falta (radical) de velocidad.
  • Den el tratamiento “Jaime Zapata” a actos de violencia extrema en México: en febrero de 2011, el agente de ICE Jaime Zapata fue asesinado en San Luis Potosí (como resultado de una confusión, según se dijo). Menos de una semana despúes, más de 500 personas presuntamente vinculadas a los socios comerciales de los cárteles mexicanos en Estados Unidos habían sido detenidas. Algo similar ocurrió en marzo de 2010, luego del asesinato de dos funcionarios consulares estadounidenses en Ciudad Juárez: diversas agencias lanzaron casi de inmediato una redada feroz en contra de integrantes del Barrio Azteca en Texas. Los efectos disuasivos son notorios: a pesar de una participación cada vez más activa en la persecución de las organizaciones criminales, los agentes estadounidenses son básicamente intocables en México (siempre hay algún imbécil que mete la pata, pero por lo habitual, la regla de no tocar a los gringos se respeta). La misma capacidad disuasiva se podría emplear para otros tipos de actos: el gobierno de Estados Unidos se podría comprometer públicamente a hostigar inmediata y masivamente en su territorio a los socios y clientes de cualquier grupo criminal mexicano que, por ejemplo, sea responsable de una masacre con ocho o más víctimas, con la misma intensidad y el mismo vigor que si la víctima hubiese sido un oficial estadounidense. Después de un par de rondas de crimen y castigo, les puedo asegurar que los delincuentes mexicanos empezarían a contenerse (sobre todo si hay una advertencia similar del lado mexicano). Y en ese momento, la regla podría apretarse (para incluir, por ejemplo, incidentes con seis y más víctimas y así sucesivamente). Los narcos tal vez no se intimiden con las amenazas del gobierno de México, pero les aseguro que su cálculo cambia si el gobierno de Estados Unidos entra a la ecuación.
  • Masifiquen mecanismos probados de reducción de demanda de drogas: las rutas tradicionales de reducción de demanda de drogas tienen una eficacia limitada. Aún cuando funcionan (y rara vez lo hacen), los programas de prevención tienen efectos sólo en plazos muy largos (de 15 años o más). Los programas de tratamiento son algo más eficaces, pero en general están mal focalizados (atienden a mucha gente que ni quiere ni necesita tratamiento) y por tanto, reducen menos la demanda de lo que debieran. En cambio, las iniciativas de abstinencia mandatada (coerced abstinence) tienen efectos dramáticos entre los consumidores más activos. Se trata de programas que obligan a personas sujetas a supervisión judicial (exconvictos en situación de libertad condicional) a dejar de consumir drogas (o alcohol), so pena de recibir un castigo leve, pero inmediato (24 horas de reclusión, por ejemplo). El cumplimiento se monitorea con pruebas toxicológicas frecuentes. Un programa pionero en Hawaii (H.O.P.E.) logró que 80% de un grupo de exconvictos adictos a las metanfetaminas dejara de consumir, sin recurso a programas formales de tratamiento. Mark Kleiman ha estimado que la masificación de programas de esa naturaleza podría conducir a una reducción de 40% en la demanda de drogas caras (cocaína, heroína, metanfetaminas) en Estados Unidos en una década. Pocas cosas golpearían tanto a las organizaciones criminales como quitarles a sus mejores clientes.

No sé si estas peticiones sean aceptables para los estadounidenses (sobre todo las primeras dos). Pero no se pierde nada poniéndolas en la mesa. Como estrategia, me parece superior a invocar principios abstractos de “corresponsabilidad” o mostrar una indignación difusa por aquello las armas que nos envían y las drogas que  nos compran.

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