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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Crimen y castigo en 2040 (1)
Por Alejandro Hope
18 de noviembre, 2011
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Para Alejandra, por su inminente cumpleaños y por el hecho inusitado de aguantarme durante una década completa.

Mis (tres) lectores saben que, a veces, me da por la futurología. Hace unos días, les comentaba porque pienso que el narcotráfico se va a convertir en una actividad marginal en la próxima década. Hoy vengo más ambicioso, dispuesto a hacer predicciones para el año 2040 (al fin y al cabo, ni quien se acuerde o le importe para entonces lo que dije o no dije).

Y bueno pues, ¿cómo luce ese futuro remoto? Mi percepción es que mucho mejor que el presente.  En primer lugar, como les platiqué la semana pasada, es previsible una caída sustancial de los ingresos por exportaciones de drogas ilegales. Además de las razones que expuse en esa columna, es casi seguro que en el largo plazo, el costo del trabajo y de la tierra crezcan lo suficiente para hacer financieramente inviable la producción y el tráfico internacional de drogas ilegales en México.

Una evolución similar es previsible para otras formas de tráfico ilícito. El número de migrantes mexicanos a Estados Unidos se ha reducido en dos terceras partes desde 2006. En parte, esa caída ha sido resultado de la crisis económica de 2008-2009 y sus secuelas. No es imposible que haya algún rebote cuando recupere vigor la economía del país vecino. Sin embargo, con toda probabilidad, la caída refleja también una tendencia secular: la experiencia de varios países europeos demuestra que no se necesita cerrar por completo la brecha de ingreso con los vecinos ricos para que se frene casi por entero la migración. Es suficiente con llegar a cierto nivel absoluto de ingreso y México podría cruzar ese umbral en algún punto de los próximos quince años. Algunos mexicanos se seguirán llendo a vivir a Estados Unidos, pero probablemente lo hagan en avión, con pasaporte y visa.

Con algún rezago, lo mismo va a suceder en Centroamérica y en otros páises que mandan mano de obra a Estados Unidos. Dicho de otro modo, es muy probable que los coyotes pierdan a la mayor parte de la clientela en las próximas dos décadas.

No van a ser los únicos infractores que verán desparecer su mercado. Por ejemplo,  es prácticamente seguro que algunas formas de piratería se esfumen en la próxima década: por ejemplo, el mercado de CDs y DVDs piratas se va a extinguir en un plazo muy corto ¿La razón? Una muy sencilla: se van a masificar los reproductores de MP3, la televisión restringida, la televisión por internet y otros métodos digitales de reproducción de contenidos audiovisuales. Nadie va a ver una película en DVD en diez o quince años.

Esas son las buenas noticias.  Otros augurios no son tan favorables. En particular, es muy probable que el narcomenudeo crezca considerablemente en las próximas décadas, por una razón muy sencilla: el consumo de drogas ilegales tiende a crecer de la mano con el ingreso per cápita. Aquí les dejo una gráfica que me fusilé de una presentación de Jonathan Caulkins para que observen la relación. Luego entonces, conforme México se vuelva un país más rico, van a crecer la venta al detalle de drogas y los problemas asociados a ese fenómeno.

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Esa no es la única forma de delito que va a subsistir y prosperar.  Muchos actos ilícitos se van trasladar al ciberespacio. Ello incluye múltiples formas de piratería (música, películas, etc.), pero también diversas modalidades de fraude y robo de identidad.  Los cibercacos muy probablemente intentarán también apropiarse de una a multiplicidad de activos virtuales, desde “dinero” de juegos en línea hasta “propiedades” de mundos virtuales. Todo esto, por supuesto, ya sucede, pero, en la medida en que crezca el componente en línea de nuestra vida, aumentará el porcentaje del delito donde el arma es un teclado (o una tableta) y no una pistola.

Entre los delitos violentos, pueden apostar a que el secuestro va a disminuir radicalmente.  En los países desarrollados, el secuestro extorsivo es prácticamente inexistente, porque, a partir de cierto nivel de capacidades de la autoridad, implica demasiado riesgo (hay secuestros de hijos entre padres divorciados, pero ese es otro asunto). Pueden estar seguros de que lo mismo va a suceder en México.

Pero, hay además un fenómeno adicional que va a hacer casi imposible el secuestro con fines de cobrar un rescate: el efectivo como medio de pago va a desaparecer. Los medios electrónicos de pago ya están desplazando al efectivo en una infinidad de transacciones y esa transición se va a acelerar en las próximas décadas. Es muy probable que para 2040, si no es que mucho antes, no tenga sentido alguno que los bancos centrales emitan billetes y monedas (salvo como souvenirs). Para recuperar el dicho clásico de Zedillo, nadie va a traer cash. Y sin cash, no hay anonimato y sin anonimato no hay secuestro.

La extinción del efectivo va a ayudar a reducir diversas formas de robo, con y sin violencia ¿Qué va a robar un carterista cuando ya nadie necesite cartera, cuando toda nuestra información financiera esté vinculada a nuestros datos biométricos (es decir, vamos a hacer compras con la huella dactilar o el iris)?¿Cuantos van a asaltar una tienda de conveniencia sólo para llevarse chelas y papas, porque efectivo no va a haber? Probablemente muy pocos ¿Asaltabancos? Especie en extinción. Los que quieran robar se mudarán al ciberespacio.

Otras formas de evolución tecnológica van a contribuir también a prevenir el robo de activos físicos. La masificación del GPS va a facilitar radicalmente la rastreabilidad de las cosas. Ya hoy, varios ladrones de celulares han sido detenidos gracias a la tecnología de geolocalización. Pronto seguirán los relojes, las bicicletas y hasta la ropa. Y los automóviles (incluyendo múltiples autopartes en lo individual) van a incorporar de cajón esa tecnología en muy pocos años. Si a eso se le añade la multiplicación de dispositivos para controlar a distancia el vehículo (es decir, la posibilidad de apagar o hasta inutilizar el auto desde un celular, una tableta o una computadora) y la vinculación del control del coche a datos biométricos (es decir, que sólo se encienda si escucha la voz correcta o si se activa con la huella dactilar adecuada), pueden ver que la cosa se va a poner complicada para los robacoches.

Existen, por supuesto, tecnologías para bloquear la señal de GPS. Pero eso implica ya un costo y un riesgo adicional para los ladrones y sus clientes (al fin y al cabo, esos dispositivos también van a dejar huella). Si se suma la rastreabilidad de las cosas a la ausencia de efectivo, los mercados de artículos robados se van a volver sumamente riesgosos y, por tanto, caros (el precio en un mercado ilegal está determinado por el riesgo de los participantes) y, por tanto, de escala reducida

Sobre el futuro de la extorsión, tengo más dudas. Pasada la crisis actual, las formas más burdas y violentas de venta de protección van a ir desapareciendo paulatinamente, por las mismas razones que hacen esperable una disminución del secuestro: el dinero va a dejar ratro. Sin embargo, la extorsión podría adquirir formas más insidiosas y sistémicas. Por ejemplo, la delincuencia organizada podría hacerse del control de sindicatos, como sucedió durante décadas (y tal vez aún suceda) en Estados Unidos. Podría tambien apropiarse de gobiernos locales para obtener parte de los contratos de construcción de infraestructura o el control de algunos servicios públicos, tal como lo hace la Camorra en Nápoles con la basura. No sé que probabilidad asignarle a ese escenario, pero me queda claro que el riesgo es mayor a cero.

En resumen, el delito se va a volver cada vez más invisible, con una distancia creciente entre víctima y victimario. Eso necesariamente va a tender a reducir el homicidio. En la misma dirección va a empujar la inevitable transición demográfica. Según proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), la población masculina entre 15 y 29 años de edad (con mucho, el grupo demográfico más propenso a la violencia) va a alcanzar su tamaño máximo en términos absolutos a mediados de esta década. A partir de ese punto,  el  declive va a ser sostenido y probablemente irreversible. Si las estimaciones de CONAPO son correctas, ese grupo de población podría ser 21% menor en términos absolutos en 2040 que en 2010. No me sorprendería en lo absoluto que en dos a tres décadas, México registrara tasas de homicidio similares a los de países europeos, de uno a dos por cada 100 mil habitantes.

El futuro apunta por tanto a ser mucho menos violento que el presente. El crimen en las décadas venideras va a requerir más cerebro y menos músculo. Lo mismo va a necesitar el castigo, pero de eso les hablo en la siguiente entrega.

 

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