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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
De mapas y presencias
Por Alejandro Hope
2 de enero, 2012
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Milenio arruinó mi mañana de Año Nuevo, al publicar en primera plana  esta nota, acompañada con el siguiente mapa:

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El mapa busca ilustrar donde tienen “presencia” las organizaciones criminales. Proviene, según la nota, de una presentación del titular de la SIEDO, Cuitlahuác Salinas (ni más ni menos). Muy informativo, ¿no? Salvo por un pequeño problema: es absolutamente idiota.

¿Por qué es idiota? Pues imaginen, a manera de ejemplo, que quisieran ilustrar en un mapa del mundo la “presencia” del Islam y el catolicismo, usando el siguiente criterio: va en verde cualquier país con al menos un musulmán y en rojo los que contengan al menos un católico ¿Resultado? Todos los países de la Tierra estarían pintados por mitades de verde y rojo, así sean Arabia Saudita y Brasil. Supongo que no tengo que explicar porque un mapa de ese tipo no resultaría particularmente útil para tratar de ubicar al mundo católico o musulmán.

Bueno, pues aquí tenemos algo similar: Sonora, Chihuahua y Durango están pintados en partes iguales de verde (cártel de Sinaloa) y rojo (Zetas) ¿De veras? ¿Cómo cuantos zetas hay en Chihuahua o Sonora? De seguro hay algunos, pero ¿la organización está en pie de igualdad con Sinaloa en esos estados?

Fíjénse también en un detalle interesante: en puro rojo zeta carmesí, están por igual Coahuila y Yucatán.  Dicho de otra manera, caben  en la misma categoría  un estado que tiene masacres en bares y balaceras en vía pública, y una entidad con una tasa de homicidio  similar a la de países europeos y sin un sólo secuestro denunciado en años.

¿Y como se llega a tan sorprendentes resultados? Muy fácil: contando todo como “presencia” de la delincuencia organizada, desde una masacre, un plantío de marihuana, una epidemia de extorsiones o un enfrentamiento abierto entre grupos de delincuentes hasta un decomiso fortuito, una detención aislada o alguna sospecha semi-fundada de que alguien vinculado de alguna forma a algún grupo criminal pasó algún tiempo en un estado (si creen que exagero, vean esto, esto y esto).

Si “presencia” es todo, “presencia” es nada. Se trata de un concepto analiticamente vacío: no nos genera dato alguno sobre el tamaño relativo de las bandas criminales, sus capacidades logísticas, su estructura de incentivos o su modelo de negocios.  Es más, como lo demuestra el mapa de la SIEDO, ni siquiera nos dice gran cosa sobre la geografía del problema.

Hablar de “presencia” en términos amplísimos es peor que inútil. Es positivamente contraproducente por dos motivos:

  • Genera alarma al insinuar que las bandas de la delincuencia organizada se encuentran desperdigadas sobre todo el territorio y que cualquier población en cualquier momento puede experimentar una explosión de violencia criminal como las sufridas, por ejemplo, en Ciudad Juárez y Monterrey.
  • Puede generar políticas equivocadas al hacer suponer que nos enfrentamos a grandes organizaciones jerárquicas, verticalmente integradas y con claro sentido estratégico, y no a una maraña de redes criminales con múltiples actores de muchos tamaños posibles y diversas formas de interrelación. La obsesión malsana de los actores políticos con el lavado de dinero viene en parte de ese supuesto.

Esto no significa que el problema no sea serio y que las bandas criminales no sean una amenaza grave. Pero precisamente por la seriedad del asunto, no es admisible distorsionar la realidad sumando peras y manzanas. Como lo discutía para el caso de Estados Unidos, es racional que las dependencias gubernamentales magnifiquen el tamaño de los riesgos que se enfrentan. Lo que es irracional es que confundamos la propaganda con información.

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