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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Drogas: algunos consejos para el equipo de transición
Por Alejandro Hope
15 de julio, 2012
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Enrique Peña Nieto y su equipo de transición han de andar entre la celebración y la defensa, preocupados por la coyuntura y las agendas inmediatísimas. Pero en algún momento dado, van a tener que entrar a los temas sustantivos, la seguridad pública entre ellos. Y en México, los problemas de seguridad pública no se entienden sin referencia a las drogas y el narcotráfico. Para ahorrarles tiempo, les dejo aquí una lista de humildes consejos. No son gran cosa, pero tal vez podrían ayudarles a formar su criterio sobre el tema:

  • La erradicación de cultivos ilícitos es inútil. Y más que inútil: contraproducente. Los productores se adaptan a la intensidad de los esfuerzos de erradicación: mientras más plantíos se destruyen, más plantíos se siembran. Lo único que logra la política es desperdigar el fenómeno, reducir el tamaño de los plantíos y afectar a más comunidades, además de desviar recursos humanos valiosos a tareas de jardinería. A lo mejor tengan que seguir erradicando algo para satisfacer a los compañeros de Washington, DC, pero mi recomendación sería disminuir gradualmente la superficie erradicada.
  • Decomisar más droga no es buena señal: aquí se aplica una lógica similar a la de la erradicación: existe evidencia de que mientras más droga se decomisa, más droga se envia. En consecuencia,  la droga decomisada como porcentaje del total trasegado tiende a ser constante. Luego entonces, un incremento en los decomisos es habitualmente una señal de que más droga está pasando por territorio nacional. Y eso no es para presumir, bajo ninguna lógica. Creánme, quieren menos decomisos, no más.
  • El número de usuarios de drogas es un indicador que dice muy poco: cuando se presente la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 (nota para CONADIC: ¿nos podrían explicar el retraso en la presentación? ¿O al menos darnos fecha?), un dato va a dominar los titulares: el número de mexicanos que han utilizado alguna droga en al menos una ocasión. Los medios van a hablar de millones de “adictos” y una legión de comentócratas nos van a decir, con semblante adusto y preocupado, que ya somos “un país de consumo”. No les hagan caso. Ese dato quiere decir muy poco: incluye lo mismo al que se inyectó heroína ayer que al que fumó marihuana por última ocasión en 1973 mientras escuchaba el Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Es más útil observar los indicadores sobre consumo en el último año y en el último mes, pero esos datos también hay que tomarlos con cautela: en Estados Unidos, 75% de los consumidores de cocaína en el último mes consumió menos de dos días a la semana en promedio. Los usuarios de drogas que tienen un problema serio de abuso o dependencia son una minoría de una minoría de una minoría . Es una población que puede generar muchas dificultades en su entorno y que requiere una atención especializada, pero que se cuenta en decenas de miles, no en millones. Además, no sólo importa cuántos consumen drogas y cuántas drogas se consumen, sino también cómo se consumen esas drogas: en la formulación clásica del psicólogo Norman Zinberg, la peligrosidad de las drogas depende de la sustancia, el estado mental del usuario y el contexto de uso (drug, set, and setting en inglés). No es lo mismo inyectarse heroína de calidad dudosa compartiendo agujas en un picadero clandestino que consumirla en un entorno clínico y seguro con jeringas limpias. Esto significa que es posible reducir los daños que producen las drogas, sin necesariamente reducir los niveles de consumo (vean aquí varias maneras de hacerlo). A eso debería de apostarle la política pública y no obsesionarse con el fetiche de la prevalencia.
  • Las drogas con mayor impacto sobre la salud pública son legales: si realmente les preocupa el impacto del consumo de drogas sobre la salud pública, les recomendaría que empezarán con las que más daño agregado generan: el alcohol y el tabaco. El alcohol produce 30,000 muertes al año en México, el tabaco 60,000. Hay cuatro millones de personas dependientes al alcohol y seis millones de fumadores diarios. Esas cifras hacen palidecer todos los costos a la salud generados por todas las drogas ilegales (en parte por el hecho de ser ilegales, valga la aclaración).
  • Hay de narcomenudeo a narcomenudeo: las drogas se comercian de muchas formas. En la vía pública, en comercios establecidos, en puestos de tianguis, en tienditas semi-permanentes, en entregas a domicilio, etc. Ceteris paribus, mientras más visibles sean las transacciones, más violento es el negocio: en vía pública, los vendedores (o puchadores, como les dicen en Ciudad Juárez) están permanentemente expuestos a ser aprehendidos por la autoridad o atacados por los rivales o hasta por sus clientes. Tienden por tanto a ir armados y las disputas a degenerar en violencia. Si en cambio las transacciones se hacen por teléfono o por correo electrónico y la droga se entrega a domicilio, pocos se enteran y pocos disparan. El objetivo a perseguir no debe de ser por tanto acabar con el narcomenudeo (algo incompatible con la preservación de las libertades públicas), sino empujarlo hacia modalidades discretas. Pueden encontrar aquí una manera de hacerlo.
  • La cocaína sigue siendo la reina de las drogas ilegales: ya no estamos en los ochenta y la cocaína ha perdido buena parte de su glamour. En Estados Unidos, el número de consumidores habituales ha disminuído 25% desde 2006 y tal vez más de 50% en los últimos 20 años. Pero, con todo, sigue siendo la droga que más ingresos le genera a las bandas del narcotráfico. Según estimaciones de investigadores de la RAND Corporation, la cocaína probablemente represente algo más de la mitad de los ingresos brutos por exportaciones de drogas de los grupos criminales mexicanos (3.4 de 6.6 miles de millones de dólares). Es cierto que la producción y tráfico de metanfetaminas parece ir al alza, pero ni de broma es un negocio que pueda sustituir a la cocaína. Siete veces menos personas consumen metanfetaminas que cocaína en Estados Unidos y el número de usuarios dejó de crecer hace más de media década. El aparente incremento de la producción en México es ganancia de participación de mercado, no muestra de un consumo al alza. Por espectacular que suenen los decomisos de drogas sintéticas o precursores químicos, la cocaína es, y seguirá siendo por un largo rato más, el corazón del problema de las drogas en México y es allí donde deberían de centrar su preocupación.
  • Los narcos tienen menos dinero del que se cree: de seguro, han escuchado estimaciones que ubican los ingresos de los narcotraficantes en decenas de miles de millones de dólares (hay incluso algunas personas que la economía mexicana, la catorceava más grande del mundo, depende casi por entero del narcotráfico). No les hagan caso: la mejor estimación disponible de los ingresos brutos por exportaciones de drogas es de 6.6 miles de millones de dólares. Los cárteles mexicanos sólo llegarían a rangos de ingreso de decenas de miles de millones de dólares si controlaran absolutamente todas las transacciones al mayoreo y buena parte de las ventas al medio mayoreo dentro de Estados Unidos. Hay diversas razones para suponer que eso no sucede, pero una parece definitiva: el ingreso de decenas de miles de millones de dólares a la economía mexicana implicaría un fortalecimiento sostenido y sistemático de la paridad cambiaria. Asimismo, tendría algún reflejo en la balanza de pagos, previsiblemente en la cuenta de errores y omisiones. Hasta donde se puede observar, no hay evidencia alguna de esos fenómenos. Por supuesto, las drogas no son la única fuente de ingresos de las bandas criminales: están el secuestro, la extorsión, el robo, el tráfico de personas, etc.. Pero aún incluyéndolas, dificilmente se llega a los ingresos descomunales, de decenas de miles de  millones de dólares. que se les atribuyen. Sí, el narco es muy grande, pero no es gigantesco ni tiene una sofisticación intergaláctica. No menosprecien el riesgo, pero mantengan el sentido de la proporción.
  • El narcotráfico no necesariamente produce (mucha) violencia: en México, identificamos al nracotráfico con masacres y balaceras y descabezados. En Colombia también. Pero eso no es una constante universal: por Turquía pasa 75% de la heroína que se consume en Europa y ese país tiene una tasa de homicidio de 2.9 por 100 mil habitantes (ocho veces menos que en México), Marruecos es un gran exportador de hachís y su tasa de homicidio es similar a la de países europeos (1.4 por 100 mil habitantes). Perú es el principal productor de hoja de coca del mundo y sus niveles de violencia están muy por debajo de los de Colombia o los de México. Esos casos muestran que, si bien desterrar al narcotráfico es una quimera en el futuro previsible, podemos contener la violencia. De hecho, ese debe ser el objetivo primario de nuestra política de seguridad, no frenar los flujos de drogas.

Pues allí están. Ojalá le lleguen a sus destinatarios y ojalá los encuentren útiles. Y si no, pues no. Pero, bueno, luego no me podrán acusar de no contribuir y no participar.

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