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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
El fin del narcotráfico mexicano
Por Alejandro Hope
9 de noviembre, 2011
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El comercio de drogas ilegales ha sido parte de la experiencia mexicana desde hace al menos un siglo. Y como actividad a gran escala, el narcotráfico en México tiene no menos de siete décadas (si no lo han hecho, lean el magistral libro de Luis Astorga sobre la historia de las drogas en nuestro país). Es tan parte de nuestro paisaje cultural como el tequila y la música vernácula.

Pero eso podría cambiar en el futuro próximo. Es posible y hasta probable que, en la próxima década, el narcotráfico mexicano experimente un declive sostenido e irreversible. Para 2022, el comercio de drogas ilegales podría ser una actividad marginal, territorio en lo fundamental de una multiplicidad de pequeñas bandas.

Se preguntarán, por supuesto, como llegué a tan aventurada  predicción. Bueno, pues aquí les va el argumento:

  • Los ingresos por exportaciones del narcotráfico en México se dividen, aproximadamente, de la siguiente manera: 50% proviene de la cocaína, 25% de la marihuana, 15% de la heroína (dividida por mitades entre la mexicana y la colombiana) y 10% de las metanfetaminas. Para desventura de los narcos, cada una de esas líneas de negocio está amenazada.
  • Empecemos con la marihuana. Como ya he comentado antes, es altamente  improbable que la mota se legalice en Estados Unidos en el corto plazo. Sin embargo, las probabilidades crecen conforme se aleja el horizonte temporal. Es perfectamente factible que, hacia mediados de esta década, la legalización de la marihuana se vuelva postulado activo del Partido Demócrata. Es también probable que se suavice la oposición de los mayores de 65 años, conforme cruce en masa ese umbral la revoltosa y muy pacheca generación de los sesenta. Se podría por tanto abrir una ventana de oportunidad para la legalización hacia 2018 ó 2020. De acontecer, el ingreso de los narcos mexicanos por exportaciones ilegales de marihuana desaparecería de la noche a la mañana. Va 25% menos.
  • La cocaína tampoco enfrenta un futuro muy prometedor. El consumo de esa droga en Estados Unidos va a la baja desde hace varios años: entre 2002 y 2010,  el número de usuarios en el último año disminuyó 25% entre 2002 y 2010. En IMCO y México Evalúa, utilizamos un modelo de demanda desarrollado por investigadores de la RAND Corporation para estimar el impacto en volumen de la reducción en el número de consumidores. La mejor estimación es que se ha registrado una disminución de 44 toneladas desde 2006. De mantenerse esa tendencia, la demanda de cocaína en el país vecino podría ser ligeramente inferior a 100 toneladas para 2020. Asumiendo precios reales constantes, eso implica una caída de algo más de un tercio del ingreso por exportaciones de cocaína. Y 33% de 50% nos da 16.5%. Vamos en 41.5% de caída.

 

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  • Es además improbable que los precios de la cocaína se mantengan constantes. Si de algo podemos estar razonablemente seguros es de la muerte de Fidel y Raúl Castro en la próxima década. Como no dejan un sucesor natural, es previsible una transición desordenada, el desmoronamiento del régimen y, en consecuencia, una normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Esa combinación crearía condiciones ideales para la apertura de una ruta alternativa para la cocaína: una población empobrecida, pero con apetitos capitalistas; un crecimiento acelerado del intercambio de la isla con Estados Unidos; y un montonal de militares y agentes de inteligencia desempleados. Me sorprendería mucho si, en esas condiciones, no surgieran narcotraficantes locales, sobre todo dada la red de contactos que mantiene el aparato de seguridad cubano en Venezuela y Colombia. Y esos narcotraficantes le van a robar parte del negocio a los mexicanos y, sobre todo, van a presionar a la baja los precios de exportación. La caída de precios podría mitigar parcialmente la reducción del volúmen, pero no del todo: mientras más caiga el precio, mayor sería el desplazamiento hacia Cuba (previblemente las mulas cubanas serían mucho más baratas que los mexicanos). No es imposible que el efecto combinado pudiera ser una caída adicional (por encima del impacto de una menor demanda) de una tercera parte de los ingresos que obtienen hoy los narcos mexicanos de la cocaína. Vamos por tanto en 58% de disminución.
  • Para la heroína es una historia similar. Buena parte de la heroína colombiana se podría ir hacia la nueva ruta del Caribe y se presionarían a la baja los precios de la heroína mexicana. Las metanfetaminas, por su parte, van en declive en Estados Unidos desde hace algunos años: entre 2006 y 2010, el número de usuarios en el último año se redujo a la mitad. Es probable que la tendencia se mantenga en los próximos años. El impacto combinado de todo lo anterior podría ser una caída de ingresos de 10 a 15% más.

En resumen, no es imposible que los ingresos por exportaciones de drogas se reduzcan entre dos terceras partes y 75% en los próximos diez años. Con ello, los ingresos del narcotráfico pasarían de algo menos de siete mil millones de dólares de ingreso (esa fue la estimación realizada por RAND el año pasado) a  algo menos de dos mil millones de dólares.

Sería además una industria que movería volúmenes de drogas mucho menores (la marihuana representa, en volumen, más del 90% del total contrabandeado) y que, para todo efecto práctico, ya no tendría un componente de producción. Sería por tanto un negocio que requería organizaciones mucho menos complejas y con muchísimo menos personal. Además, el cártel de Sinaloa, probablemente la organización más grande de todas, saldría particularmente dañada, ya que depende más que cualquier otra de la marihuana: para el Chapo y sus secuaces, la disminución de ingreso podría ser mayor al promedio.

En consecuencia, yo apostaría a que la industria del narcotráfico se va a pulverizar. Las organizaciones que sobrevivan probablemente serán más pequeñas, más locales, más especializadas. Y junto a ellas, probablemente florezcan bandas y pandillas más dedicadas a proveer al mercado interno que a exportar a Estados Unidos.

¿Y todo eso que significa? ¿Es bueno o es malo? En general bueno, yo opinaría. Una parte importante de los problemas de seguridad de México son provocados por su condición de plataforma de exportación de drogas al mercado de consumo más grande del mundo. En la medida en que desaparezca esa condición, también irán menguando algunas de las amenazas a la seguridad de México y de los mexicanos. En diez años, el tema de las drogas va a quedar plenamente inscrito en el terreno de la ley y el orden, y no en el espacio de la seguridad nacional (con todas las consecuencias que eso trae aparejado).

Nadie debe suponer que eso significa la desparición mágica de todos nuestros problemas de seguridad. La violencia asociada con el narcomenudeo podría agravarse, en la medida en que crezca, como resulta probable, el consumo interno. Habrá que pensar en maneras de empujar esos mercados hacia equilibrios de baja violencia (aquí pueden leer sobre una).

Es también posible que perduren y hasta crezcan otras formas de delincuencia organizada, de la extorsión sistémica al robo de diversos tipos. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre el narcotráfico y las formas extorsivas de delincuencia organizada. En el narcotráfico, no hay víctimas directas; en la extorsión, el secuestro y el robo sí que las hay. En el narcotráfico, se pelea contra las leyes del mercado; en la extorsión o el secuestro, contra algunos maleantes. La mayoría de los países desarrollados ha logrado (casi) acabar con el secuestro y otras formas particularmente brutales de delito extorsivo, pero ninguno puede decir lo mismo del narcotráfico.

Entonces sí, la desaparición gradual del mundo de los capos y los plantíos ilícitos y las avionetas cargadas de coca y Camila la Texana sí me genera optimismo. Prefiero combatir contra malandros que extorsionan y secuestran que contra la naturaleza humana.

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