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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
El misterio de la Comisión Nacional de Seguridad
Por Alejandro Hope
15 de enero, 2013
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El pasado 3 de enero, Manuel Mondragón y Kalb, subsecretario de Planeación y Protección Institucional y cuasi-Comisionado Nacional de Seguridad, hizo, vía Twitter, la siguiente declaración: “Hoy desaparece la figura de Secretaría de Seguridad Pública y se integra la Comisión Nacional de Seguridad”. En efecto, ese mismo día, la página de la Secretaría de Seguridad Pública pasó a portar el nombre y logotipo de la mentada CNS.

Sólo hay un pequeño problema: la Comisión Nacional de Seguridad no existe. Las recientes modificaciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal crearon la figura del Comisionado, pero no a la Comisión. Ídem para la reforma al Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación, expedida el cuatro de enero: dotó de facultades al Comisionado, pero no mencionó ni de pasada a la Comisión.

Crear una página oficial de un organismo inexistente es una pifia que se puede corregir rediseñando la página (¿No les gusta “Oficina del Comisionado Nacional de Seguridad”?) o modificando el Reglamento para darle forma jurídica a la CNS. No pasa de anécdota. Sin embargo, el incidente preocupa por lo que dice sobre el diseño (o su ausencia) de la nueva política de seguridad.

Hay una manera sencilla de fusionar dos secretarías: las funciones, facultades y recursos de una se trasladan a la otra y son asignados a una o varias subsecretarías o unidades (existentes o de nueva creación). En paralelo, los órganos administrativos (desconcentrados o descentralizados) y las empresas paraestatales de una pasan a depender de la otra. Así fue, por ejemplo, la fusión de la Secretaría de Programación y Presupuesto con la Secretaría de Hacienda en 1992. Así suponía yo que iba a ser esta.

Pues resulta que no. Según parece, las funciones, facultades y recursos de la SSP, así como su órganos administrativos (la Policía Federal, el sistema penitenciario federal, etc.) van a acabar en la multimentada CNS.  El problema es que no sabemos que sería esa institución ¿Una unidad administrativa dentro de la estructura central de SEGOB? Suena raro al menos: salvo en la Presidencia de la República, no se me ocurre ningún ejemplo en la administración pública centralizada de una unidad con rango de subsecretaría y que no se llame subsecretaría u oficialía mayor.

¿Sería entonces un órgano administrativo desconcentrado, a la manera de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA)? Podría ser, pero entonces no tendría el control formal sobre la Policía Federal, las prisiones federales o el Servicio de Protección Federal, ya que un desconcentrado no puede depender de otro desconcentrado (para resolver ese problema, habría que volver a la PF, por ejemplo, una unidad administrativa del nuevo organismo) ¿Un órgano descentralizado entonces, como PEMEX o la CFE? Eso resolvería el problema de los desconcentrados, pero llevaría a una pregunta obvia: ¿para qué querían centralizar las funciones de SSP en SEGOB si iban a proceder a descentralizarlas al cabo de unas cuantas semanas?

Ese me parece el punto de fondo. Ya sea como desconcentrado o como descentralizado, la CNS tendrá un extraordinario margen de autonomía con respecto a la SEGOB (tal como sucede con CONAGUA o PEMEX en relación con la SEMARNAT y la Secretaría de Energía, respectivamente).  Controlará la mayor parte del presupuesto, las plazas y la inteligencia. Tendrá la palabra final en las decisiones operativas,  el despliegue de fuerza, la definición de prioridades de investigación. Su titular tendrá línea directa con el Presidente de la República y participará, como par de los secretarios de estados, en las reuniones de gabinete. La coordinación con SEGOB dependerá de la buena voluntad de las partes.

Es decir, será una situación no muy distinta a la que prevalecía cuando existía la SSP, pero con una diferencia clave: si algo sale mal en la CNS (un caso de corrupción en la PF, una fuga en un penal, una balacera entre gendarmes, etc.), la responsabilidad va a recaer, al menos en parte, en el Secretario de Gobernación. Después de presumir tanto la fusión, resulta imposible que en Bucareli se libren de la carga de lo que suceda en el ámbito de la seguridad.

Pero, bueno, eso tal vez los lleve a imponer algunos candados (presupuestales, administrativos, etc.) al nuevo organismo. No es imposible, pero entonces ¿para qué crear la Comisión? ¿No sería mucho más sencillo establecer una o varias subsecretarías para hacerse cargo del expediente? ¿Qué sentido tiene el barroquismo administrativo?

Tal vez existan magníficos argumentos en defensa de la misteriosa Comisión Nacional de Seguridad. Pero, hasta ahora, nadie en posición de responsabilidad los ha formulado. Y mientras no lo hagan, los observadores externos nos quedaremos perplejos, con la impresión de que hay más confusión que diseño en la nueva política de seguridad.

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