close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Enigmas de la cocaína
Por Alejandro Hope
12 de septiembre, 2012
Comparte

¿Y si el narcotráfico mexicano estuviera en vías de extinción? Mis cinco lectores habituales recordarán que, hace algunos meses, divagué sobre esa posibilidad. Ubiqué ese escenario en un futuro lejano, no menor a una década. Pero algunos datos parecerían apuntar a que, tal vez, ese futuro podría estar más cerca que lo anticipado.

Me explico: como es habitual, el anexo estadístico del último informe de gobierno de Felipe Calderón incluye un cuadro titulado “Esfuerzo nacional en la lucha contra el narcotráfico”, en el que se presenta la información agregada sobre erradicación de cultivos ilícitos, aseguramientos de drogas, armas y vehiculos, y detenciones de individuos presuntamente relacionados con el narcotráfico.

En una de sus muchas columnas, detalla los decomisos de cocaína desde 1985. Tremenda sorpresa: el volumen decomisado de cocaína se ha colapsado en los últimos dos años hasta niveles no vistos desde los años ochenta (vean la gráfica adjunta). Ya el año pasado me había extrañado el número, pero supuse que se trataba de una anomalía temporal. Dos años seguidos ya es tendencia y más cuando se observan los resultados de la primera mitad de 2012: apenas 1.2 toneladas decomisadas en los primeros siete meses del año (nota: desde 1990, se han decomisado en promedio 28.3 toneladas por año).

                                  Fuente: Presidencia de la República, Sexto Informe de Gobierno

Se trata, valga la aclaración, de un fenómeno propio de la cocaína. Los decomisos de heroína y goma de opio se encuentran en niveles récord y los de marihuana han estado muy cerca del promedio de la última década, algo menos de 2000 toneladas por año (también cayeron los decomisos de psicotrópicos, pero sabrá Dios que incluyen en esa categoría). Resulta por tanto difícil suponer que los menores decomisos son producto de mayor complicidad de las autoridades (¿Por qué un incremento de la corrupción se reflejaría en la cocaína y no en las otras drogas?).

Si no es la corrupción, ¿qué puede explicar la caída? No lo sé del todo, pero se me ocurren tres posibilidades (no excluyentes):

  • Los narcotraficantes cambiaron de método de transporte, abandonando las rutas marítimas y optando crecientemente por la vía terrestre. No es descabellada la suposición: si se desglosan los decomisos de cocaína por dependencia, se descubre que la caída global se explica por un desplome de los decomisos realizados por la Marina Armada de México. En 2009, los marinos aseguraron más de 15 toneladas de cocaína; para 2011, el número se había reducido 90%, a 1.4 toneladas. En cambio, las cifras de SEDENA y de otras dependencias crecieron o se mantuvieron estables. Eso podría señalar que, de manera creciente, la cocaína no llega directamente a territorio nacional, sino que llega a Centroamérica y de allí es trasegada por carretera desde la frontera con Guatemala hasta la frontera con Estados Unidos.                                          Fuente: Presidencia de la República, Sexto Informe de Gobierno
  • La demanda de cocaína en Estados Unidos ha disminuído (nota: no menos del 90% de la cocaína trasegada por México va para el país vecino). Esto es enteramente probable: según datos de encuestas nacionales de uso de drogas, el número de consumidores estadounidenses de cocaína (en el mes previo a la encuesta) disminuyó 25% entre 2006 y 2010. De acuerdo con una estimación que realizamos en el IMCO, eso implicaría una disminución aproximada de 45 toneladas en la cantidad demanda de cocaína en el país vecino. Habitualmente, se considera que, en el corto plazo, el volumen decomisado guarda una relación más o menos constante con el volumen traficado (la razón es sencilla: la capacidad y probabilidad de detección no cambian mucho de un año al otro). En consecuencia, si hay menos demanda de cocaína, hay menos tráfico y, por tanto, menos decomisos. Intuitivamente, la explicación no suena descabellada.

  • La ruta del Caribe se está reabriendo. Esto es mucho más especulativo que las dos explicaciones anteriores, pero no  es inverosímil. A últimas fechas, ha surgido evidencia de un incremento de tráfico de cocaína en el Caribe (vean esta nota de Insight Crime sobre el tema). Primero, el Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos ha reportado un aumento del número de vuelos clandestinos (trazas aéreas, les llaman en el medio) de Colombia y Venezuela hacia la República Dominicana y Haití.  Segundo, los decomisos de cocaína en Puerto Rico crecieron 30% en 2010, según la DEA (desde niveles modestos, valga la aclaración). Tercero, en meses recientes, la Guardia Costera y el Servicio de Protección Fronteriza y Aduanera (CBP) de Estados Unidos han realizado diversos decomisos importantes, de más de una tonelada cada uno, en el Caribe. Cuarto, según un artículo publicado en el New York Times, las agencias estadounidenses reportan un uso creciente de submarinos y semisumergibles para transportar droga hasta las costas de Florida. Nada de esto es concluyente: la DEA sigue afirmando que la mayoría de la cocaína que llega a Estados Unidos pasa por Centroamérica y México. Sin embargo, sí sugiere que el diferencial de precio entre la ruta mexicana y la ruta caribeña podría estarse cerrando.

Traficantes cambian las rutas de la droga

No sé cual sea la mejor de esas tres explicaciones posibles. Si es la primera, no habría mayores efectos: se trataría simplemente de un cambio en la logística del tráfico de cocaína, ante el cual las autoridades no se han adaptado todavía. Pero si es la segunda o la tercera (o una combinación de ambas), estaríamos ante un cambio estructural de primera magnitud.  Hasta los años ochenta, el narcotráfico mexicano era un fenómeno regional, de pequeña escala, limitado en lo fundamental a Sinaloa, Durango, Chihuahua y algunas ciudades fronterizas. El arribo de la cocaína y, sobre todo, el cierre de la ruta del Caribe cambiaron todo: los ingresos por exportación de drogas ilegales se incrementaron a gran ritmo y las bandas del narcotráfico tuvieron que adquirir una sofisticación organizacional que nunca habían tenido y que se volvió necesaria para administrar un negocio que empezaba en los Andes y terminaba del otro lado de la frontera. Asimismo, con la cocaína de por medio, el incentivo a usar la corrupción o la violencia se disparó.

Si los flujos de cocaína se reducen, ya sea por cambios de ruta o reducción de demanda en el principal mercado de exportación, ese proceso podría revertirse (parcialmente). Hay que considerar que la cocaína representa, según las mejores estimaciones disponibles, algo más del 50% de los ingresos por exportación de drogas ilegales en México. Sí, una parte del ingreso perdido podría compensarse con la exportación de otras drogas, pero no del todo: a) la marihuana probablemente se legalizará en Estados Unidos en la próxima década, b) el consumo de heroína en el país vecino no ha crecido desde hace una década, y c) los usuarios de metanfetaminas son seis veces menos que los usuarios de cocaína (y su número dejo de crecer hace ya varios años). Podrían también tratar de exportar a otros mercados, pero allí los narcos mexicanos no tienen ninguna ventaja comparativa (no pueden obtener cocaína más barata que los narcos colombianos ni tienen rutas menos riesgosas para llegar a Europa, por dar un ejemplo). El mercado nacional probablemente crezca, pero no lo suficiente: el consumo mexicano de cocaína no pasa de 12 a 17 toneladas, 8 a 10 veces menos que el volumen exportado. O tal vez pudieran intentar resarcir las menores ventas de droga con ingresos obtenidos de otras actividades. Es posible, pero dificilmente habría una compensación uno a uno: por peso de ingreso, el riesgo de robar, secuestrar o extorsionar es mucho mayor que el de traficar droga (veánlo así: si a alguien lo agarran secuestrando, la sentencia puede ser de hasta 50 años de cárcel; si lo agarran traficando, la sanción no puede ser de más de 25 años).

Queda claro que, pase lo que pase, no vamos a regresar al statu quo ante: una vez que un país tiene delincuencia organizada, toma décadas, cuando no siglos, extirparla. Pero podría cambiar de fondo la naturaleza del fenómeno: sin tráfico a gran escala de cocaína (y marihuana), los grupos criminales se volverían más pequeños, más locales, más extractivos y menos amenazantes para la estabilidad y permanencia del Estado. Tal vez sigan siendo igual de violentos, pero se volvería menos difícil contenerlos desde el espacio local.

Rueguen entonces que la caída de los decomisos de cocaína sea algo más que problemas de registro. Y que ese algo sea un cambio de fondo en los patrones de tráfico. Porque si lo fuera, podríamos estar en el inicio del fin de una larga, larguísima pesadilla nacional.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.