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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
La lavandería de la DEA
Por Alejandro Hope
7 de diciembre, 2011
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Esta semana, mi amiga Ginger Thompson aventó otra de sus bombas incendiarias en el New York Times, al revelar que agentes encubiertos de la DEA han transportado y hasta lavado algunos millones de dólares provenientes de las bandas mexicanas del narcotráfico. La primicía ha provocado un notable revuelo tanto en México como en Estados Unidos, y amenaza con convertirse para la DEA en un escándalo similar al sufrido por ATF luego de Rápido y Furioso.

Para entender los motivos que impulsan a la DEA (y antes a ATF) a realizar operaciones de este tipo, es necesario comprender un hecho básico sobre el comercio de drogas: es un delito sin víctimas directas. En la mayoría de los crímenes, hay un victimario que le quita, por la fuerza o por el fraude, algo (la cartera, la vida, etc.) a una victima. La autoridad se entera de esos delitos porque la víctima o sus cercanos se encargan de denunciarlos (a veces).

El narcotráfico, al igual que las demás formas de comercio ilegal (incluido el lavado de dinero), es distinto: dos individuos realizan voluntariamente una transacción, ambos violan la ley y ninguno tiene el menor incentivo para acudir con la autoridad a denunciar el hecho. Entonces, salvo que se descubra el acto en flagrancia, no quedan más que tres vías para enterarse del delito y luego perseguirlo: 1) vigilar subrepticiamente a uno o varios individuos hasta que cometan el delito o den evidencia (en una conversación  telefónica, por ejemplo) de que lo cometieron o lo cometerán en el futuro, 2) reclutar (o colocar) a un informante que proporcione evidencia de que se realizó o se realizará una transacción ilegal, y, 3) insertarse directamente en la transacción, con un agente policial (u otra persona reclutada para ese fin) haciéndose pasar por una de las partes.

La vía encubierta tiene diversas ventajas sobre las demás alternativas. La primera y más obvia es que se obtiene evidencia directa e inobjetable de que se cometió un delito: es como si el delincuente hubiera acudido a confesar a la policía. La segunda es la relativa facilidad de despliegue: contrario a ciertas formas de vigilancia (la intervención de comunicaciones, por ejemplo), no se requiere autorización judicial. Tampoco es necesario esperar varios meses o hasta años para obtener datos relevantes, como sucede a menudo con un informante: una vez montada una operación, los resultados pueden ser muy rápidos.

Sin embargo, las transacciones encubiertas pueden ser muy problemáticas:

  • Primero, pueden ser operaciones muy caras: para que una cobertura sea creíble, se requieren en algunos casos cientos de miles o hasta millones de dólares.
  • Segundo, implican poner a personal de la agencia en cuestión en una situación de altísimo riesgo: si por cualquier motivo, la trampa es descubierta o la transacción sale mal, el agente encubierto puede acabar con un tiro entre los ojos.
  • Tercero, tal y como sucedió con Rápido y Furioso, no es difícil perder el control de la operación: un error mínimo y las armas llegan sin vigilancia a manos de los maleantes o el dinero se cambia de cuenta y se le pierde el rastro, etc.
  • Cuarto, existen riesgos innegables de corrupción: en ausencia de controles estrictos, una parte del dinero o la droga intercambiados pueden acabar en los bolsillos de los agentes a cargo de la operación.
  • Quinto, las transacciones encubiertas pueden ser éticamente dudosas, ya que no sólo obligan a que un representante de la ley viole la ley, sino que pueden ser una incitación abierta al delito. Dicho de otra manera, en algunas circunstancias, el delito no se cometería si no es por la trampa tendida por la autoridad (se conoce en inglés a esa práctica como entrapment). Por ese motivo, algunos casos fundados en transacciones encubiertas se caen en los tribunales en muchos países.

Los riesgos de las transacciones encubiertas son suficientemente serios como para invitar a la cautela. Pero esa no es exactamente la carácteristica que mejor define a la DEA. Lo más grave de la narración de Ginger Thompson no es que la DEA realice operaciones encubiertas en México, sino que nadie le pudo o le quiso contestar para que sirvieron ¿Qué detenciones se lograron, qué redes de lavado se desmantelaron, qué sentencias condenatorias se obtuvieron? ¿Valió la pena darle una ayudadita a los narcotraficantes que secuestran, torturan, extorsionan y matan?¿Hubo resultados que justificaran poner en riesgo la reputación de Estados Unidos, el dinero del erario y la vida de mucha gente? No lo sé, pero bien haría la DEA  en contestar esas preguntas.

Peor aún, ni siquiera queda claro que las operaciones fueron costo-efectivas en el sentido más estrecho del término: una de las personas entrevistadas para el artículo afirmó que la DEA “intenta decomisar tanto dinero como el que lava”. Nótese la palabra: intenta (lo cual significa que no siempre lo logra).

Hay además un elemento que hace dudar del sentido estratégico de quienes están al mando de este tipo de operaciones (y de quienes las autorizaron en Estados Unidos y en México). Si ya han realizado transacciones encubiertas de lavado de dinero que han conducido a detenciones, ¿por qué demonios lo han mantenido en secreto? ¿Qué mejor manera de dificultar el transporte de dinero y el lavado de activos que hacerle suponer a los narcotraficantes que detrás de cada transportista y de cada lavador puede haber un agente encubierto de la DEA?¿No se lograría con ello clausurar canales enteros de movimiento de ganancias ilícitas?¿No vale más eso que una que otra detención?

Lo perturbador de esta historia no es que se usen métodos encubiertos para dar con redes de tráfico ilícito: eso es habitual en todo el mundo. El elemento inquietante es que se camine sobre delgadas líneas éticas (y hasta se les cruce), se ponga en riesgo a mucha gente, se colabore con organizaciones de asesinos, y que no haya al final del camino resultados para justificar la decisión. No me importa que la DEA o ATF o cualquier otra agencia estadounidense opere en México: si me importa que lo hagan sin sentido estratégico y sin más límite que su febril imaginación.

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