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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
La milagrosa multiplicación de los sicarios
Por Alejandro Hope
23 de octubre, 2011
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En México, sabemos cuanta gente muere, pero no cuanta gente mata. Menos sabemos cuanta de esa gente mata por estar en la nómina de una organización criminal. Existen algunas estimaciones sobre el número de sicarios y matarifes al servicio de los cárteles de la droga, pero, como todo en este negocio, tienden decididamente a la hipérbole.

Por ejemplo, en una reunión con diputados federales en 2008, el General Guillermo Galván, secretario de la Defensa Nacional, aseguró que medio millón de mexicanos estaban vinculados al narcotráfico, de los cuales 40,000 “ocupaban diversos liderazgos”. No sé que quiera decir eso de liderazgos, pero supongo que el General Galván incluía allí a la estructura armada, puesto que no lo hacía en ninguna de sus otras categorías (productores, narcomenudistas, transportistas, distribuidores e informantes).

A su vez, el senador republicano John Cornyn del progresista estado de Texas aseguró en 2009 que los cárteles de Sinaloa y del Golfo (aún no se separaban de los Zetas) podian movilizar 100,000 “soldados rasos” (foot soldiers), un tamaño casi equivalente al del Ejército mexicano, según el distinguido legislador. La cifra provenía, al parecer, de “fuentes del Departamento de Defensa”.

¿Existe alguna manera de verificar ese tipo de afirmaciones? No directamente: por razones un tanto obvias, las organizaciones criminales tienden a no dar de alta a sus trabajadores en el IMSS. Pero podemos intentar una estimación usando como ancla el número de homicidios presuntamente relacionados a la delincuencia organizada.

Según la Presidencia de la República, se registraron el año pasado 15,273 “fallecimientos por rivalidad delincuencial” (¿no les encanta ese mexicanísimo ejemplo de newspeak?). Restemosle a ese total las 1800 muertes por enfrentamientos. Nos quedan 13473 víctimas de ejecuciones y agresiones. Sabemos que muchas de esas muertes fueron resultado de homicidios múltiples. No sabemos cuantas porque no se ha hecho público el desglose, pero resulta obvio que el número de incidentes es inferior al número de víctimas.

Asumamos un coeficiente conservador de 1.5 víctimas por incidente. Nos resulta un total de 8982 incidentes. Supongamos que es número se incrementa 20% este año (dadas las cifras recientes de homicidios dolosos que registra el Sistema Nacional de Seguridad Pública, parece una tasa razonable).  Cerraríamos por tanto este año con 10,778 incidentes.

Es un supuesto razonable que la mayoría de los homicidios vinculados a la delincuencia organizada no son cometidos por asesinos solitarios. En la mayoría de los casos, es probable que haya un grupo involucrado. Supongamos que cada grupo o célula tiene de cinco a diez integrantes en promedio y que cada grupo o celúla sea responsable de sólo un incidente por mes (se rascan la panza el resto del año). En consecuencia, existirían aproximadamente 900 células de asesinos, integradas por 4,500 a 9,000 sicarios, en el extremo.

Y allí no acaba la historia. Por una parte, es probable que algunos de esos sicarios no formen parte permanente de la nómina, sino, más bien, sean contratados a destajo para homicidios específicos (hay evidencia más o menos clara de esa práctica en Ciudad Juárez, por ejemplo).

Por la otra, la participación en homicidios de esos individuos probablemente no tiene una distribución normal. Es más, yo supondría que hay una distribución como de principio de Pareto: el 20% más violento es responsable de 80% de los homicidios. Al fin y al cabo, hemos sabido de sicarios con cientos de homicidios en su cuenta. Ello implicaría que 900 a 1800 individuos son responsables de casi 13,000 homicidios al año. En consecuencia, si hubiera 4,500 a 9,000 matones al servicio de los cárteles, habría capacidad de sobra para funciones distintas a matar gente, como cuidar al jefe, proteger envíos de droga, secuestrar migrantes o cobrar piso.

¿Cómo es compatible ese cálculo con las estimaciones del General Galván o del Senador Cornyn? No es compatible, así de sencillo ¿Para que tendrían las organizaciones criminales decenas de miles de hombres en la nómina, sin hacer literalmente nada? Salvo que piensen, claro está, que los cárteles son organizaciones filantrópicas.

Cuando el Presidente Calderón habló de una “minoría ridícula”, probablemente no sabía lo verdaderamente ridícula que era esa minoría. Una proporción elevadísima de la violencia homicida en el país es responsabilidad, en cualquier momento dado, de unas cuantas centenas de personas.  Vale la pena aclarar que no se trata siempre del mismo grupo: la desventaja de ser sicario es que hay mucha rotación en el puesto. Si las cifras de enfrentamientos son correctas (1800 muertes en 2010), un sicario tiene, como mínimo, entre 20 y 40% de probabilidad de morir en un año. Eso implica que prácticamente ninguno sobrevive más de tres a cinco años. Sólo espero que lo sepan y si no lo saben, haríamos bien en decírselos.

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