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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
La mota y sus dilemas
Por Alejandro Hope
19 de octubre, 2011
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De seguro muy pocos se dieron cuenta, pero esta semana marcó un hito fundamental en la larga marcha hacia la legalización de la marihuana. Por primera vez, una encuesta de Gallup mostró que una mayoría absoluta de los ciudadanos estadounidenses está a favor de legalizar el uso de la marihuana para fines recreativos.

¿Esto significa que el fin de la prohibición es inminente? No necesariamente. Múltiples razones apuntan a que, como el Mesías, la legalización llegará, pero puede tardar (la referencia es a Maimonides por la vía de Christopher Hitchens, por cierto).

Primero, una cosa es que los ciudadanos en general apoyen la legalización y otra muy distinta que los votantes hagan lo propio. Si ven la distribución por grupos demográficos en la encuesta de Gallup, se darán cuenta que la oposición se concentra en los mayores de 50 años y sobre todo en las personas que han rebasado los 65. Dicho de otro modo, en los grupos con mayor propensión al voto. En las elecciones intermedias de 2010, 59% de los mayores de 65 años votaron. En el segmento de 18 a 24 años, sólo 20% se tomó la molestia de acudir a las urnas.

La distribución por partido político tampoco ayuda: sólo 35% de los ciudadanos que se identifican como Republicanos apoyan la medida, contra 57% de los Demócratas. Mientras esa distribución se mantenga y el Partido Republicano controle una cámara del Congreso de Estados Unidos o siquiera cuarenta votos en el Senado (número suficiente para evitar que casi cualquier medida pase a voto, por aquello del filibustering), resulta impensable que se vaya a aprobar una reforma a la legislación en materia de drogas a nivel federal.

¿Pero no se podría aprobar una iniciativa a nivel estatal, similar a la Propuesta 19 en California? Sin duda, pero eso no resuelve el problema. Si el año que entra, California o Colorado o cualquier otro estado legaliza el consumo de la marihuana para uso recreativo, dos cosas sucederían: a) el Departamento de Justicia intentaría frenar la medida en los tribunales, con muy buena probabilidad de éxito debido a los precedentes judiciales (vean aquí, por ejemplo), y, b) la DEA empezaría a perseguir estratégicamente a productores y mayoristas del estado legalizador, asegurándose de que todo mundo siguiera pagando precios de mercado negro.

¿No se puede  legalizar la marihuana en Estados Unidos? Si se puede, pero probablemente se requiera una supermayoría de 55 a 60% que provea un colchón político suficiente para que un Presidente demócrata asuma el liderazgo de la causa  ¿Y cuando llegará esa supermayoría?  No sabemos, aunque probablemente no antes de mediados de la década, tal vez no antes de 2020 y en una de esas, nunca, si se cumplen las predicciones de Nate Silver, el gurú de las encuestas del New York Times, sobre la posibilidad de que el apoyo se estacione en un rango de 45 a 50%.

Entonces, cualquiera que sea su opinión sobre la legalización de las drogas en general y de la marihuana en particular (la mía es matizada y por tanto inusual), no puede ser el corazón de una agenda alternativa de seguridad. No va a suceder, no en el corto plazo, no a tiempo para salvar la vida a miles de mexicanos que van a morir asesinados en los próximos meses y años ¿Qué podemos hacer entonces? Construir una prohibición con rostro humano, que de los males haga el menor ¿Y a que se parece eso? Pues yo digo que a esto, pero ustedes decidan.

 

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