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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Las cifras de la sangre
Por Alejandro Hope
11 de enero, 2012
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Después de la controversia de la semana pasada, sucedió lo que tenía que suceder: el gobierno federal decidió actualizar (parcialmente: los nuevos números cubren el periodo enero-septiembre 2011) la base de datos de “fallecimientos por presunta rivalidad delincuencial” (antes conocidos como homicidios vinculados a la delincuencia organizada). Felicidades a Animal Político por forzar el tema y felicidades a los funcionarios involucrados por haber hecho finalmente lo correcto.

Aún no he tenido tiempo de revisar a detalle los nuevos números , pero van algunos comentarios iniciales:

  • El número total de fallecimientos en enero-septiembre fue 12,903. Ello implica que probablemente el total para todo el año haya rondado entre 16,800 y 17,200 (contra 15,273 en 2010). Como en los años previos, el número es considerablemente mayor al que manejaron diversos medios de comunicación de la Ciudad de México, pero significativamente menor al que publicó el diario Zeta de Tijuana hace algunos semanas. Con esto, el número total de víctimas para todo el sexenio estaría en un rango de 50 a 52,000.
  • Como ya lo anticipaban las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se desaceleró considerablemente el crecimiento de la violencia. El crecimiento en el número de fallecimientos en el periodo enero-septiembre fue de 11.4% con respecto al mismo periodo de 2010. En cambio, el crecimiento en el mismo periodo de 2010 con respecto a 2009 fue de 70%.
  • La desagregación por tipo de incidente resulta interesante. Lo que antes se llamaba ejecuciones y ahora se llama “homicidios por presunta rivalidad delincuencial” prácticamente no creció en 2011, al registrarse 10,200 incidentes de ese tipo contra 9,980 el año previo (eso implica un crecimiento de 2.2%). En cambio, lo que antes se llamaba “enfrentamientos” y ahora se dividió en dos categorías (“agresiones por enfrentamiento” y “enfrentamientos”) tuvo un incremento de 42%, al pasar de 1380 a 1963. Todavía más espectacular, las llamadas agresiones (ahora “agresiones directas”) crecieron 231% (al pasar de 223 a 740). No sé si esto último sea resultado de una reclasificación.
  • Esos números indican que 86% de la violencia adicional en 2011 fue resultado ya no de los homicidios a los que nos hemos acostumbrado (donde se descubre un cadáver atado de manos, con tiro de gracia y cosas por el estilo), sino de choques armados entre delincuentes o, más frecuentemente, entre estos y las autoridades. No sé aún como interpretar esos resultados, pero creo que dan bastante cuerda para el análisis. Regresaré a ellos en algunos días.
  •  La violencia se siguió dispersando en 2011, pero a menor ritmo que  en 2010: se registró al menos un fallecimiento en 831 municipios en los primeros nueve meses del año contra 775 en 2010, un incremento de 7%. En cambio, en el mismo periodo del año pasado, el número de municipios con al menos un homicidio de este tipo creció 21% con respecto a 2009.
  • En términos regionales, la violencia siguió concentrada en algunos estados, pero algo más dispersa que en el año anterior: los cinco estados más violentos de 2011 (Chihuahua, Guerrero, Nuevo León, Tamaulipas y Sinaloa) fueron escenario de 55% de las muertes. En 2010, el porcentaje del top 5 fue 62%. Lo que varió significativamente fue el ranking. Chihuahua siguió estando en el primer lugar, pero Guerrero pasó del cuarto lugar al segundo, Nuevo León brincó del sexto al tercero, Sinaloa cayó del segundo sitio al quinto y Durango salió de las primeras cinco posiciones. Veracruz, por su parte, dio un brinco importantísimo del lugar 18 al 13.
  • En términos esquématicos, el noroeste se volvió más pacífico: Baja California, Sonora, Sinaloa y Chihuahua experimentaron caídas importantes, mayores a 25% en todos los casos (en Durango, no hubo variación) ¿Qué lo explica? No sabemos con precisión, pero el severo debilitamiento de dos de los principales rivales del cártel de Sinaloa (el cártel de Juárez y la banda de los Beltrán Leyva) probablemente tuvo algún efecto. En cambio, la zona del Golfo y del Noreste se volvió más violenta: en Tamaulipas, las muertes crecieron 23%, en Nuevo León, 130%, y en Veracruz, un espectacular 376%. Pero el campeón de crecimiento de 2011, fue Zacatecas, con un incremento de 392%. Dicho de otro modo, donde hubo Zetas en 2011 hubo más violencia.
  • Por municipios, Ciudad Juárez siguió siendo la localidad más violenta del país, pero, como he comentado antes, ha registrado una caída muy significativa en el número de homicidios: según esta serie, la reducción fue de 35%. Varias otras ciudades del noroeste (Tijuana, Chihuahua y Culiacán) tuvieron igualmente resultados alentadores (caídas de entre 8 y 30%). La otra cara de la moneda fue Acapulco, donde el número de homicidios se cuadruplicó, pero también Monterrey (+223%), Torreón (+100%) y por supuesto, el puerto de Veracruz, donde, como dirían los anglosajones, all hell broke loose  (¡+2124%!). Por supuesto, las cifras disponibles no muestran los posibles efectos que pudieran haber tenido los operativos recientes en Guerrero y Veracruz (la información de octubre en adelante está claramente reservada para Joaquín Villalobos).

¿Qué hacemos con toda esta información? ¿Qué nos dice? De nuevo, no he acabado de procesarla y no quiero hacer afirmaciones demasiado categóricas, pero permítanme algunas reflexiones medio especulativas:

  • La información confirma lo que ya sabíamos con datos agregados de homicidios: a nivel nacional, ya no estamos en fase de crecimiento explosivo de la violencia. Es más, yo me atrevería a afirmar que ya alcanzamos la cresta de la ola y no me resultaría demasiado sorprendente si este año experimentaramos una ligera disminución.
  • La expansión geografíca del fenómeno ha empezado a detenerse. Es posible que, por primera vez desde 2007, ningún estado nuevo se agregue a la lista de territorios de alta violencia y podría incluso observarse algo de reconcentración.
  • Necesitamos poner el foco de atención en el noreste y en el Golfo. En el momento en que se alcance el pico en esas regiones, podríamos empezar a observar una disminución sostenida de la violencia a escala nacional.
  • Estabilización no es caída. Aún seguimos en niveles abominablemente altos de violencia y varias regiones del país están pasando las de Caín. Resulta urgente pensar en alternativas para reducir los incentivos al uso de la violencia (aunque, según algunos, eso sea señal de una despreciable “aversión al conflicto”).
  • La multiplicación de las confrontaciones armadas en todas sus vertientes es un tema de preocupación. Obliga a pensar, entre otras cosas, sobre el uso de la fuerza por parte de las autoridades ¿Hay proporcionalidad en la respuesta a los delincuentes? ¿Se están cometiendo excesos? ¿Cuantos? ¿De que gravedad?
  • Empieza a vislumbrarse algo que se asemeja a historias de éxito. Hay una mejoría notable en algunos espacios icónicos (Tijuana, Ciudad Juárez), pero aún entendemos mal que sucedió en esas ciudades, que está funcionando y que se puede replicar en otras regiones. Necesitamos urgentemente dedicar más tiempo y más neuronas a entender esos casos.

Esta información da para muchos más bits. Ya regresaré a ella cuando termine de procesarla. Por vía de mientras, valga decir que, con todo su horror, los números que liberaron hoy dan una dosis de cauteloso optimismo.

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