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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Los escenarios de pesadilla
Por Alejandro Hope
30 de mayo, 2012
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Ayer me llovió un poco por mi columna sobre Sabritas (vean los comentarios que dejaron algunos lectores, para una muestra) ¿Cómo, en medio de tanta violencia y de tanta muerte, puedo preocuparme por un fabricante de papas fritas? ¿Cómo se me ocurre que se le debe dar protección especial a una multinacional (fabricante de comida chatarra, además de todo)? ¿Qué los mexicanos no nos merecemos que nos protejan? ¿No cuentan los pequeños empresarios y los changarreros?

Pues sí, claro que cuentan. Todos nos merecemos protección. Pero ese no es el punto. El caso de Sabritas me preocupa no por tratarse de Sabritas o de una multinacional. Me preocupa porque se trata de una empresa grande. Muy grande. Si empresas de esa naturaleza se volviesen víctimas de la extorsión, los flujos de ingreso de la delincuencia organizada podrían ser varias veces mayores a lo que son actualmente. Y ese es un escenario de pesadilla.

Pero no es el único. A mi me mantiene despierto de noche el riesgo de que la delincuencia organizada se vuelva un extorsionador de segundo piso. Eso significaría dos cosas:

  1. La delincuencia organizada obtiene el control de sindicatos: no sé porque no lo han intentado, porque parecería una movida bastante obvia. Si una banda criminal pudiese controlar, por la vía de la corrupción, la intimidación o la violencia abierta, una estructura sindical, podría obtener un flujo de rentas enorme (las cuotas sindicales, por ejemplo). Esa fue de hecho (y tal vez siga siendo) una de las principales fuentes de ingreso de la mafia en Estados Unidos. Si, por ejemplo, se pudiesen apropiar de algunas secciones de algunos sindicatos de la CROM, la CROC o la CTM, podrían sacar ingreso de todas las construcciones y todos los contratos de protección en regiones enteras del país. Y, lo mejor de todo para su causa, podrían hacerlo manteniéndose en las sombras, sin la molestia de tener que extorsionar directamente a los empresarios o al Estado.
  2. La delincuencia organizada obtiene el control de un trozo del gasto público: esta es también una maniobra con linaje distinguido. Tanto la mafia estadounidense como los grupos mafiosos italianos (la Camorra, en particular) obtuvieron y, en algunos casos, obtienen buena parte de sus ingresos extorsionando al extorsionador primario: el Estado. Si la delincuencia organizada pudiese hacerse del control de ayuntamientos (y no sólo de las policías locales),  podrían capturar una parte importante del gasto en obra pública (pavimentación, por ejemplo) o de los ingresos generados por servicios públicos (recolección de basura, por ejemplo). También podrían darle una mordida a los derechos o licencias que expidiese el municipio (o hasta el gobierno estatal, en un caso más extremo). En esas circunstancias, empezarían a manipular elecciones y a imponer candidatos: sería el sincretismo de la corrupción politica y la delincuencia organizada (una especie de Nucky Thompson a la mexicana).

Esos escenarios serían graves no sólo porque le generaría a los delincuentes cantidades impensables de dinero, sino porque significarían una afectación directísima a la economía del país y a la vida cotidiana de los mexicanos. Como demuestra la experiencia italiana (o más recientemente la rusa), es muy difícil desalojar a las mafias una vez que se han enquistado en las instituciones públicas. En ese entorno, los grupos delictivos pueden volverse menos violentos, pero más parasitarios y, en el largo plazo, mucho más dañinos.

No hay antídotos perfectos para estos riesgos. De entrada, habría que pensar en respuestas excepcionales ante intentos por hacerse del control de sindicatos o de ayuntamientos (esta es otra de las rayas a pintar). Pero también habría que pensar en reformas en otras materias para blindar a esas instituciones. Por ejemplo, deberían fortalecerse los mecanismos de transparencia presupuestal en los municipios, inyectarle competencia a las contiendas electorales con candidaturas independientes (para dificultar la operación de maquinarias semi-permanentes), instaurar la democracia sindical, eliminar la retención autómatica de cuotas sindicales (para hacer menos atractivo el botín), etc. También, habría que pensar en dotar a alguna institución federal que, como el FBI en Estados Unidos, se encargase de investigar sistemáticamente la corrupción de funcionarios públicos en todos los niveles de gobierno.

No sé que probabilidad asignarle a este tipo de escenarios, pero me queda claro que no es cero. Mis cinco lectores habituales saben que me enfoco mucho en la reducción de la violencia. Es un objetivo indispensable, sin el cual nada más es posible. Pero no es el único: la marginación y control de la delincuencia organizada es un objetivo igualmente importante. Para eso, hay que ir pensando en las distintas formas que tiene el crimen organizado para enquistarse en la vida pública del país. Lo de Sabritas importa no sólo por Sabritas: importa por lo que nos dice de la imaginación y osadía de los delincuentes y de los muchos riesgos que podríamos enfrentar en un futuro nada lejano.

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