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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Los narcos que amaban las flores
Por Alejandro Hope
24 de octubre, 2011
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El día de ayer, el Washington Post publicó una nota sobre el esfuerzo de erradicación de cultivos ilícitos en México. El artículo, que incluye una cita de yours truly, defiende dos teorías: 1) el gobierno mexicano ha redireccionado recursos de la erradicación de cultivos al combate de las organizaciones criminales en zonas urbanas, y, 2) como consecuencia de esa decisión, ha crecido la producción de narcóticos en el país y, por tanto, la disponibilidad de drogas en Estados Unidos.

Estoy dispuesto a conceder el primer punto, aunque a regañadientes. Las cifras oficiales efectivamente muestran una caída en la superficie erradicada de marihuana y (en menor medida) de amapola en este sexenio en comparación con los dos gobiernos previos. Sin embargo, es posible que las cifras históricas sean relativamente imprecisas y que por tanto la base de comparación no sea la adecuada. Pero, para fines del argumento, demos por buena la serie completa.

El segundo punto es más interesante. Si se reduce la superficie erradicada, ¿crece necesariamente la producción de drogas? De ser el caso, esa producción incremental debería de reflejarse en una mayor disponibilidad de las drogas relevantes en Estados Unidos (puesto que casi toda la producción se exporta a ese país) y por tanto en los precios. Dicho de otra manera, a mayor erradicación en México, mayor precio en Estados Unidos y viceversa.

Afortunadamente, existen maneras de verificar esa hipótesis. Utilizando información proveniente de la base de datos de precios que mantiene la DEA (y contenida en estos dos estudios comisionados por la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas de EUA), crucé los precios al mayoreo de la heroína (transacciones de 10 gramos y más) con las cifras de erradicación de amapola en México en el periodo 1990-2007.  No hice el ejercicio con marihuana, porque existen problemas de calidad con la serie de precios de esa droga, y detuve la comparación en 2007 porque hasta allí llega la información disponible de la base de datos de la DEA.

Los resultados son por demás interesantes. Como se observa en la gráfica, existe en efecto una correlación robusta entre la erradicación en México y los precios en Estados Unidos, pero de signo contrario al esperado (por si les interesa, si se rezaga un año la serie, no cambia el signo y se vuelve más robusta la correlación). Parecería que mientras más erradicamos los mexicanos, menores precios pagan los estadounidenses. Mi suposición es que la correlación es espuria, es decir, hay otros factores que explican la caída de precios. Pero si sugiere que, en términos de la disponibilidad de heroína en el país vecino, vale gorro cuanto erradiquemos o dejemos de erradicar en México.

Esa conclusión parece contraintuitiva, pero, si le piensan, es bastante obvia. Los productores se ajustan a la política del gobierno: si se erradica mucho, se siembra mucho  y viceversa. Como el esfuerzo de erradicación es más o menos constante, los productores rara vez se equivocan por mucho. Tal vez un año haya un episodio de sobre o subproducción, pero eso se ve reflejado temporalmente en precios, y al ciclo siguiente, se realiza el ajuste que corresponda.

Ese hecho tiene dos implicaciones de primer orden: 1) la política de erradicación sólo puede funcionar si es absolutamente errática (un año se erradican 30,000 hectáreas y al año siguiente ninguna), y, 2) si lo que se quiere es reducir la superficie de cultivos ilícitos, la mejor política es dejar de erradicar por completo. Así los productores sembrarían sólo lo que el mercado (considerando a los decomisos) aguante.

Pero las agencias estadounidenses no creen eso. Suponen, por lo visto, que se planta siempre lo mismo, sin importar cuanto se erradique. De allí que sus estimaciones de producción potencial de drogas en México se encuentren en terrenos del absurdo. En un artículo reciente, Beau Kilmer, un especialista de la RAND Corporation, se encargó de demoler la última estimación estadounidense sobre producción de marihuana en México. La de heroína no es mejor: como se menciona en el artículo del Washington Post, el Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas de Estados Unidos afirma que la producción potencial de heroína en México pasó de 8 a 50 toneladas en cuatro años. Sólo hay un pequeñísimo problema con ese dato: todas las estimaciones independientes ubican la demanda total de heroína en Estados Unidos en un rango de 10 a 22 toneladas por año (vean aquí, aquí, aquí y aquí). Es decir, en México, se produciría al año de dos y media a cinco veces más heroína que la consumida en Estados Unidos.

Peor aún, según un programa de la DEA conocido como el Heroin Signature Program, dedicado a rastrear la procedencia de la heroína consumida en Estados Unidos, 39% de la heroína decomisada en 2008 provenía de México. Usando ese dato como un indicador grueso de participación de mercado, podemos calcular entre 3.9 y 8.6 toneladas el volumen de heroína mexicana consumida al año en Estados Unidos. Si a ese total le sumamos los decomisos (entre dos y tres toneladas de ambos lados de la frontera) y el consumo probable en México (una tonelada cuando mucho), llegamos como máximo a 12.6 toneladas. No hay evidencia alguna de exportaciones a terceros países y en consecuencia, nos quedan volando 37 toneladas, aproximadamente.

¿Por qué producirían los narcotraficantes el equivalente a 37 toneladas de heroína que no van a vender? ¿Será que son aficionados a la horticultura? ¿O tal vez han decidido entrar al negocio de las flores de ornato? ¿O será que aman el tono rojizo que adquieren los montes y valles duranguenses cuando la amapola está en flor? Por poética, me gusta la tercera.

Y tal vez, sólo tal vez, los compañeros de las agencias estadounidenses de control de drogas inventan números a modo, por razones de tipo burocrático-presupuestal. Ustedes decidan.

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