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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Marihuana: los detalles cuentan
Por Alejandro Hope
28 de febrero, 2012
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Hace un par de días, les comentaba que, al imaginar un marco regulatorio sobre drogas distinto al actual, los puntos finos son importantes. Pequeños errores de diseño pueden acabar haciendo la diferencia entre la reforma y el statu quo. Por diversas razones, el artículo me ganó una andanada de críticas de amigos que están en el campo legalizador/regulador (todas cordiales y civilizadas, valga la aclaración).

Para mi buena fortuna, la realidad me acaba de dar un magnífico ejemplo de lo que trataba de explicar. El día de ayer, fue aceptada, para su inclusión en la boleta electoral del estado de Colorado en Estados Unidos, una iniciativa que, de aprobarse, permitiría el comercio legal de la marihuana para fines recreativos, regulada en un modelo similar al alcohol (de hecho, así se llama: Regulate Marijuana Like Alcohol Act of 2012).

Si la iniciativa pasa la aduana electoral, sería legal para los habitantes de Colorado 1) poseer, consumir y transportar hasta una onza (28.5 gramos) de marihuana, 2) producir de manera limitada marihuana para autoconsumo, 3) producir marihuana en locales cerrados para venta al público mayor de 21 años y 4) vender marihuana en establecimientos comerciales especializados, sujeto a la obtención de una licencia. Todo lo anterior estaría sujeto a regulaciones sanitarias similares a las existentes para el alcohol y se cobraría un impuesto especial (cuyas características se definirían posteriormente) en las ventas al menudeo.

Hasta allí, no hay bronca (bueno, sí hay bronca, porque todas las actividades descritas seguirían siendo ilegales en los términos de la legislación federal y pueden dar por sentado que la DEA no se va a quedar con los brazos cruzados. Pero ese es otro boleto). El problema surge en la sección 5, numeral d, de la iniciativa, donde se describe el impuesto especial que se establecería y el destino que se le daría a la recaudación (la construcción de escuelas). Al final del párrafo, casi de pasada, el texto dice lo siguiente (traducción mía): “Ningún impuesto especial se cobraría a la marihuana que se vendiese en centros de marihuana médica, en los términos de la sección 14 de este artículo y el Código de Marihuana Médica de Colorado”.

¿Y cuál es el problema? Muy fácil: si se aprueba la iniciativa, habría dos mercados legales de marihuana, uno donde se cobraría un impuesto y uno donde no ¿Y de que tamaño sería la diferencia en precios? No lo sabemos, pero hagamos un ejercicio para tratar de estimarla:

  • Según un artículo publicado por investigadores de la RAND Corporation en 2010, en condiciones legales, una onza de marihuana sin semilla se podría vender en California al menudeo, antes de impuestos, en 38 dólares. Asumamos que ese sería el precio en Colorado.
  • Asumamos igualmente que el impuesto especial sea de 15%, el techo establecido por la iniciativa para los primeros cuatro años de operación de la legislación. Eso significaría para la marihuana un impuesto de aproximadamente 6 dólares por onza .
  • Eso significaría que la marihuana médica tendría un precio 14% menor al de la marihuana recreativa. Aún incluyendo el costo de una receta médica (como 75 dólares) y el derecho por inscribirse al programa de marihuana médica (35 dólares) , la marihuana recreativa no sería competitiva en el segmento de los usuarios intensivos (que pueden consumir 20 onzas al año o más), los cuales representan un porcentaje desproporcionado de la cantidad consumida de marihuana (al igual que en el alcohol, es probable que 20% de los usuarios más intensivos consuman 80% de la marihuana).

Bueno, ¿y eso qué? No es como si cualquiera en Colorado puede obtener marihuana médica ¿o sí? Pues no cualquiera, pero casi: a la fecha, hay 83,000 usuarios registrados en el programa, de los cuales 94% citó un “dolor severo” como la causa para acceder al programa. No es que quiera minimizar el dolor que puedan sentir esas personas, pero algo me dice que tal vez, en algunos casos, pudiera tratarse con algún analgésico de los que venden en la farmacia.

Esos 83,000 usuarios representan aproximadamente 15% de los usuarios de marihuana en el último año y 25% de los usuarios en el último mes en Colorado, según las últimas encuestas de uso de sustancias. Y, dado que se tomaron la molestia de ir al médico y pagar por su credencial de usuario, es probable que se trate de usuarios relativamente intensivos.

Esas personas, más los que se les añadan en el programa de marihuana médica (y estén seguros de que serían bastantes, apenas se den cuenta del diferencial de precios), no pagarían un centavo de impuesto especial. Si a esos se les suman los que aprovecharían la libertad para producir con fines de autoconsumo, llegamos a la conclusión de que se acabaría recaudando de poco a nada. No es un resultado muy alentador para una iniciativa que, en su exposición de motivos, incluye a la recaudación tributaria como una de las tres principales razones para legalizar la producción, comercio y uso de la marihuana (las otras dos son la libertad personal y el uso eficiente de recursos en el sistema de justicia).

Pero, bueno, el problema se podría ajustar después, ¿no? Sí, claro, pero hacer el ajuste implica a) eliminar o reducir el impuesto a la marihuana recreativa (lo cual no resuelve el asunto), o b) ponerle el mismo impuesto a la marihuana médica o, de plano, eliminar la categoría, lo cual generaría una resistencia masiva de los que estuviesen en el programa.

Hay una dificultad adicional. Yo me dí cuenta del problema en una lectura rápida de la iniciativa. Los opositores del cambio (y habrá muchos y muy movilizados) pescarán la falla igualmente y se encargarán de taladrar en la cabeza de los votantes el mensaje de que la recaudación esperada es absolutamente ficticia. Y considerando que el argumento recaudatorio pudiera ser la clave para inclinar a los indecisos (los padres de familia cuarentones que no se se sienten muy cómodos con la marihuana, pero quieren mejores escuelas), no es un tema menor, sobre todo si la elección está muy cerrada.

Un problema de diseño relativamente menor podría, por tanto, poner en entredicho todo el esfuerzo. Lo siento mucho, pero los detalles cuentan, las minucias cuentan, el como, el cuanto y el donde cuentan. Y cuentan porque, ante la incertidumbre, el acto-reflejo es refugiarse en el statu quo y las exageraciones facilmente desmontables no hacen sino reforzar esos instintos conservadores (“si me están mintiendo sobre los impuestos, ¿no me estarán mintiendo sobre todo lo demás?”). Es dura esa realidad, pero es realidad al fin y al cabo y eso es lo único de lo que no podemos escapar.

PD: el estado de Washington tendrá igualmente en la boleta una iniciativa para permitir el comercio legal de la marihuana. Ya revisé el texto y me parece mejor que el de Colorado. En específico, no tiene el problema de crear dos regímenes tributarios distintos para el mismo producto en la misma jurisdicción. Además, es preciso sobre el nivel de impuestos y regulaciones que establecería, y, sobre todo, no es reforma constitucional, lo cual haría más sencilla su revisión posterior. Sin embargo, tiene tres problemas específicos: 1) no permite la producción para autoconsumo, lo cual dejaría a un número no menor de consumidores en la ilegalidad; 2) incluye sanciones para los conductores a los que se les encuentre rastros de marihuana en la sangre, aunque no hayan estado intoxicados al momento de la detención (esto ha generado una tremenda controversia entre la comunidad de usuarios y activistas pro-legalización del estado); y, 3) obliga a los productores a registrarse y obtener una licencia de producción. Esta última disposición más o menos garantiza que no va a haber comercio legal de marihuana en el estado, pase lo que pase en las urnas, en tanto no haya un cambio en la legislación federal: la DEA simplemente tendría que anunciar que perseguiría a cualquier persona que obtuviese una licencia de producción. Nadie se la jugaría. Como no habría producción legal, los comerciantes detallistas no tendrían manera de adquirir marihuana lícita. Luego entonces, todo el mercado seguiría en la ilegalidad y los precios seguirían siendo de mercado negro.

PD2: me había equivocado sobre el régimen tributario propuesto. La iniciativa plantea una tasa máxima de 15% hasta 2017. Ya hice la corrección pertinente en el texto. De cualquier manera, no cambia el argumento.

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