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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Para pensar en Michoacán
A mí muy humilde entender, el asunto michoacano no es ya de seguridad pública. El estado enfrenta un conflicto político-militar, con varios grupos armados ilegales en disputa por a) el control de las instituciones de gobierno y b) el derecho de expoliar a la población
Por Alejandro Hope
31 de octubre, 2013
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Nueva vuelta de tuerca en la crisis michoacana. Hace unos días, un grupo de manifestantes, pertenecientes a las llamadas guardias comunitarias, fue atacado a balazos en Apatzingán. Horas después, una serie de atentados contra instalaciones de la CFE dejó sin servicio eléctrico a casi medio millón de personas.

¿Qué hacer en Michoacán? ¿Cómo afrontar una emergencia que ya no es emergencia, sino condición endémica? Francamente no sé. No tengo muchas ideas al respecto, pero se me ocurre que cualquiera salida pasa por:

  • Definir correctamente el problema: a mí muy humilde entender, el asunto michoacano no es ya de seguridad pública. El estado enfrenta un conflicto político-militar, con varios grupos armados ilegales en disputa por a) el control de las instituciones de gobierno y b) el derecho de expoliar a la población. Suena dramático, pero ¿de qué otra manera se puede describir lo ocurrido el pasado fin de semana?
  • Reconstruir la autoridad del gobierno estatal: las autoridades municipales están bajo asedio. Las fuerzas federales son insuficientes para restablecer el orden. Es por tanto urgente que el gobierno estatal le entre al problema. Pero eso no va a suceder mientras no se resuelva la crisis política del estado, mientras el peso de la responsabilidad recaiga en un gobernador enfermo, ausente por largos periodos y que, de cualquier modo, enfrenta elecciones en 20 meses. Es urgente considerar con seriedad alternativas (¿desaparición de poderes? ¿elecciones anticipadas?) para a) dotar al estado de liderazgo político eficaz (a la brevedad) y b) iniciar un esfuerzo serio de transformación institucional.
  • Pensar fuera de la caja. En Michoacán faltan muchas cosas. Imaginación, en primerísimo lugar. Ante cualquier emergencia, la respuesta ha sido, una y otra vez, reforzar el operativo federal. Más soldados, más marinos, más policías federales, despliegue de fuerza en Tierra Caliente, retenes aquí y allá, batidas contra presuntos delincuentes durante algunas semanas. Los resultados son previsibles: tranquilidad temporal y rebrote de violencia en pocos meses. Hay que hacer algo distinto ¿Cómo qué? Pues cosas como:
    • Fijar un límite temporal, razonable pero firme, al operativo federal. Ya he escrito sobre el tema y el argumento es muy sencillo: si no hay fecha perentoria para el repliegue de las fuerzas federales, el gobierno estatal no tiene ningún incentivo para hacer lo que le toca y, en particular, para reformar sus instituciones de seguridad y justicia
    • Reflexionar sobre la posibilidad de suspender temporalmente las garantías constitucionales (invocando el artículo 29 de la Constitución) en algunos municipios del estado. Habría que terminar de legislar en la materia y acompañar el proceso con los controles debidos. Pero tal vez sea la hora de reconocer que se requieren poderes excepcionales para atender la crisis.
    • Analizar respuestas políticas para lo que es, en el fondo, un problema político. Yo sugeriría revisar seriamente el proceso de desmovilización, desarme y reinserción de los paramilitares colombianos (2003-2006) como un posible modelo. O la tregua entre las maras salvadoreñas (2012-2013). En mi humilde opinión, la situación en Michoacán es tan compleja — y las soluciones tradicionales tan probadamente inútiles—que no estaría de más hacer un esfuerzo de pensar en respuestas heterodoxas (aunque luego se desechen por resultar notoriamente improcedentes).

En resumen, no sé qué hacer en Michoacán, pero sí sé qué seguir haciendo lo mismo va a acabar produciendo lo mismo: la expansión del miedo y el deterioro de la vida cotidiana en un estado crucial para el futuro de la república.

Nota: todas las opiniones expresadas en este artículo son estrictamente personales y no representan necesariamente las posturas institucionales del IMCO.

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