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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Por un pacto anti-masacres
Por Alejandro Hope
17 de mayo, 2012
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El domingo pasado, cuando apenas fluían las noticias sobre la matanza de Cadereyta, publiqué una entrada en este blog sobre la cadena de masacres de las últimas semanas. La nota pegó como no ha pegado nada de lo que he escrito: a las horas, ya había sido tuiteada y retuiteada varias decenas de veces, compartida y “likeada” en docenas de páginas de Facebook. Al día siguiente, algunos comentaristas  amablemente citaron el artículo, varios medios nacionales y extranjeros me entrevistaron sobre el tema, y pude hablar del asunto en tres espacios radiofónicos.

Mi artículo no es particularmente revelador u original: no dice nada que no hayan dicho otros de mejor manera. Si se viralizó, fue porque tocó un nervio sensible de una parte de la opinión pública mexicana: el hartazgo con la sangre, la rabia ante las atrocidades, el terror que produce la violencia inimaginable, las ganas de hacer algo y no saber que (Mauricio Meschoulam, profesor de la Universidad Iberoamericana, ha documentado mejor que nadie los demoledores efectos psicológicos de la violencia pública y extrema).

Frente a esos sentimientos de urgencia, la parsimonia del México oficial frente a las masacres ha sido abrumadora. La respuesta de las autoridades, estatales y federales, a los eventos de Cadereyta destiló normalidad: el secuestro, tortura, decapitación y desmembramiento de 49 personas se presentó como un caso más, usando las mismas fórmulas de siempre.

Peor aún, ante un caso que le dio la vuelta al mundo, ninguno de los candidatos presidenciales se tomó la molestia de comentar el tema (salvo una que otra bravuconada de que “vamos a resolver pronto ese problema”). A Gabriel Quadri le pareció apropiado incluso tuitear, cuando ya se conocían los primeros detalles de la matanza, que una de sus canciones favoritas de Van Halen era “Hot for the Teacher” (ni la ironía perdona).

No sé cuales sean las causas de esta indiferencia, pero vislumbro con bastante claridad las consecuencias: van a venir nuevas masacres.  Mientras el país no ponga en claro que hay actos que rebasan cualquier límite de tolerancia y que ameritan una respuesta excepcional, esos actos se van a seguir multiplicando. Si da igual que maten a uno que a 49, van a matar a 49 (o a cien o a más). Si da igual si descuartizan o no, van a seguir descuartizando. Si no hay linderos externos, el único límite es la imaginación de los delincuentes.

Es hora de pintar rayas en la arena. Los candidatos presidenciales no están de acuerdo en muchas cosas, pero de seguro todos quieren un pais donde no se acumulen matanzas. Propongo por tanto que expliciten esa preferencia y firmen un pacto anti-masacres. El pacto sería muy sencillo y contendría apenas tres compromisos:

  1. Sin importar quien ocupe la Presidencia de la República, el primer grupo criminal que cometa una masacre (definida como cualquier ejecución colectiva con ocho o más víctimas) después de la toma de posesión del nuevo gobierno, se convertirá en el blanco prioritario de todas las dependencias federales de seguridad hasta lograr su destrucción o rendición. Para combatir a ese grupo, se asegurarán medios excepcionales para golpear sus fuentes de ingreso, sus estructuras logísticas, sus redes de protección político-policial y sus liderazgos.
  2. Asimismo, se responderá a cada masacre con una operación en la zona de influencia del grupo agresor
  3. La nueva administración solicitará al gobierno de Estados Unidos que a) explícitamente otorgue relevancia especial a la persecución del grupo que sea declarado como de atención prioritaria por el gobierno de México y, b) responda a cada masacre  con acciones similares a las emprendidas en su territorio luego de asesinatos de personal de agencias estadounidenses.

Esto no resolvería todo el problema de seguridad, ni necesariamente produciría una reducción de los niveles globales de violencia. Pero si podría prevenir los peores actos, las matanzas indiscriminadas, el uso teatral de la sangre. El mayor costo de la violencia no es la violencia misma, es el terror que produce entre millones de personas no afectadas directamente. Y pocos hechos generan tanto miedo y provocan tantos costos como enterarse que unos malnacidos pueden ir a botar 49 torsos humanos al borde de una carretera.

Ni una masacre más: si no nos podemos poner de acuerdo en eso, si no podemos manifestar un rechazo tan básico, tan elemental, entonces tenemos problemas realmente serios.  Señores [email protected], pinten su raya, manifiesten su condena: el país se los va a agradecer.

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