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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
¿Se está frenando la violencia?
Por Alejandro Hope
7 de noviembre, 2011
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Hay muchas teorías para explicar el crecimiento geométrico de la violencia en los últimos cuatro años (aquí está la mía, si les interesa). Y no, no hay consenso sobre los detonadores o la mecánica del proceso. Es probable que sigamos discutiendo el tema por los próximos veinte años. Pero en un punto específico, todos estamos de acuerdo (bueno, eso espero): la espiral de violencia no es infinita. En algún momento, los indicadores de crimen violento dejarán de crecer y, eventualmente, decaerán. La única duda es cuando llegará ese punto de inflexión.

La mayoría lo ubica en algún futuro lejano. Genaro García Luna, por ejemplo, aseguró hace no muchos meses que ““en unos siete años comenzará una tendencia a la baja de la violencia”. Otros son aún más pesimistas y ponen como prerrequisito la transformación radical de las instituciones o, en algunos casos, la legalización de las drogas o medidas de corte similar.

Tal vez tengan razón. Tal vez sea imposible esperar algo distinto a una escalada continua por varios años más. Pero tal vez no ¿Qué pasaría si ese “eventualmente” fuera ahora, si hubiésemos llegado ya o estuviésemos por llegar a la cima de la montaña? ¿Es siquiera vislumbrable?

No lo sé de cierto, pero hay algo en las cifras recientes que me llama la atención: el número de homicidios está creciendo al menor ritmo desde 2007 (Nota: en toda la discusión que sigue, utilizo cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública y que pueden encontrar aquí. Y sí, ya sé que son problemáticas y que subrepresentan el número de víctimas. Pero en la medida en que el error sea más o menos sistemático, se pueden considerar como un indicador de tendencia razonablemente adecuado).

La caída en la tasa de crecimiento es notable y marca un cambio de tendencia significativo. Como se observa en la siguiente gráfica, el número de homicidios en 2011 ha crecido a la mitad del ritmo de los tres años previos.

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Antes de que empiecen los jitomatazos, nótese que no digo que la violencia esté bajando, sólo que crece menos rápido. Y sí, parte de la explicación es un efecto de base. Pero no por completo: en términos absolutos, el incremento de 2011 ha sido el menor desde 2008.

La desaceleración ha sido más o menos consistente desde el inicio del año: en septiembre, la tasa de crecimiento anual (en comparación con el mismo mes del año anterior) fue cinco veces menor a la de enero. Para ponerlo en términos sencillos, al ritmo que llevábamos en enero, el número de asesinatos se duplicaría en dos años y diez meses; a la velocidad de septiembre, se necesitarían 14 años.

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¿Se trata de un hecho anómalo, de un mero bache en una trayectoria estructural de ascenso? No estoy tan seguro. De hecho, si se observan con detenimiento las cifras,  parecería que el freno empezó desde hace año y medio.

Como se observa en la siguiente gráfica, el promedio diario de homicidios creció a ritmo acelerado entre inicios de 2008 y mayo de 2010. En apenas 30 meses, el número se duplicó, de 30 a 59 por día (lo cual implica una tasa de crecimiento anual promedio de 30%).

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Lo interesante es lo que sigue: la serie se establiza a partir de junio del año pasado. Como se ve en la siguiente gráfica, se mantiene una muy ligera tendencia ascendente, pero en general, la curva se mueve en una banda relativamente estrecha en torno al nivel alcanzado en mayo de 2010 (59 homicidios diarios).

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¿Y los otros delitos violentos?¿Se comportan de manera igual? No estoy muy seguro, pero hay alguna evidencia tentativa que parecería apuntar en ese sentido. No tengo mucha confianza en la cifras de secuestro y extorsión (ni siquiera como indicadores de tendencia), así que utilicé para fines de comparación el robo con violencia de vehículos. Como pueden ver en la siguiente gráfica, la trayectoria de la tasa de crecimiento en 2011 se parece a la de los homicidios (aunque con ritmos más acelerados).

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Antes de buscar explicaciones al fénomeno, déjenme hacer dos aclaraciones:

  • No estoy diciendo que la violencia necesariamente va a descender pronto.  La escalada podría reiniciarse en el futuro próximo. Asimismo, es perfectamente factible que la violencia criminal se quede cerca de los niveles actuales durante un largo rato.
  • Por supuesto, los promedios nacionales esconden grandes diferencias regionales. Existen estados donde aún se registran tasas explosivas de crecimiento del número de homicidios (pienso, por ejemplo, en el caso de Veracruz), mientras que otros han experimentado caídas importantes (Chihuahua, por ejemplo). Pero eso era igualmente cierto en el periodo de ascenso que en el periodo de estabilización.

Y bueno, si efectivamente se están estabilizando los niveles de violencia, ¿cuál es la explicación? No tengo una muy buena, para serles sincero. Podría ser el efecto acumulado de un incremento sostenido de capacidades tanto federales como estatales (en algunos casos). Podría también ser resultado de la reconstrucción de equilibrios no observables en el submundo criminal. Tal vez no sea más que agotamiento, una señal de que se llegó al techo en el número de personas dispuestas a matar, extorsionar o secuestrar. En una de esas, la recuperación económica de los últimos dos años podría estar teniendo algún impacto amortiguador. O quizás sea una combinación de algunos o todos los factores anteriores y de varios otros no mencionados.

También, todo lo anterior puede no ser sino una pausa, o, peor aún, mero ruido estadístico en una escalada inagotada de violencia. Pero, a lo mejor, sólo a lo mejor, podríamos estar en el punto de quiebre, en el pico de la locura homicida que se ha apoderado del país desde hace cuatro años. Tiene que llegar algún día  ¿Por qué no ahora? Digo, se vale soñar, ¿no? Sobre todo cuando uno lleva la esperanza en el apellido.

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