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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
Sic transit gloria mundi
Por Alejandro Hope
1 de julio, 2012
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Llegamos al final del proceso electoral ¿Cuál fue el hecho más destacado?

Lo que no sucedió. La violencia que no tuvimos. A pesar de tener unos ocho mil candidatos en campaña, en medio de una espantosa crisis de seguridad, el número de incidentes violentos conectados al proceso electoral fue muy reducido (el peor acontecimiento ocurrió en Guerrero hace dos semanas). La delincuencia organizada no tuvo una irrupción brutal en las campañas, como la tuvo, por ejemplo, hace dos años en Tamaulipas. Comparado con las campañas presidenciales libradas en Colombia durante la época dura de la guerra contra el narcotráfico (sobre todo la de 1990), la nuestra fue un juego de niños.  Y eso, entre todas nuestras tragedias, es buena noticia.

¿Y qué de las propuestas? ¿Hubo alguna particularmente interesante?

En el tema de seguridad y justicia, no realmente. Todos los candidatos aceptaron de manera tácita o explícita las grandes líneas de la política de seguridad de la actual administración, con algunos cambios de tono e insertando, por aquí o por allá, alguna que otra idea medio original. Pero eso realmente no importa: quien resulte ganador de la contienda va a cumplir muy poco de lo que prometió y va a hacer muchas cosas que nunca mencionó. Pensar lo contrario es infantilismo. Hay que recordar que la actual estrategia de seguridad no fue en modo alguno tema de la campaña de 2006 (¿O hay alguien que recuerde  a Felipe Calderón hablar hace seis años de operativos federales permanentes o prometer en campaña la multiplicación por cuatro de la Policía Federal?).

¿Y ahora que viene? ¿Alguna sugerencia para el candidato ganador?

Sólo una: que disfrute mucho este domingo de victoria. Va a ser su último día realmente bueno en seis años. Si le va bien, van a ocurrir unos 80 a 90 mil homicidios en el país bajo su mandato (si le va mal, unos 150 mil). Como mínimo, unas cinco a siete mil personas van a ser secuestradas en el trancurso de los próximos seis años. La guerra de Calderón se va a volver su guerra al cabo de unos cuantos meses. Tan sólo en el primer año, yo apostaría a que va a a tener que enfrentar:

  • Al menos una decena de masacres con quince o más víctimas
  • Una media docena de atentados con coche bomba o explosivos (como mínimo)
  • Uno o varios casos de corrupción grave en alguna institución federal de seguridad y justicia
  • Varios casos frustrados en los tribunales
  • Por lo menos un incidente serio de violencia fronteriza, con repercusiones en Estados Unidos
  • Diversas violaciones documentadas a los derechos humanos, perpetradas por elementos de dependencias federales o estatales

Todo eso, por supuesto, sin considerar la casi total certeza de sequías en el norte y de inundaciones en el sur, de unos diez a veinte huracanes por año y de muchos sismos de intensidad impredecible. Y ni hablemos de perturbaciones económicas externas, de una posible crisis financiera en Europa, de una recesión en Estados Unidos, de disparos en los precios de los alimentos o de caídas en el precio del petróleo.

Y aún no mencionamos el inevitable desgaste que vendrá de la negociación de cualquier reforma importante, de los conflictos internos en su partido. de las traiciones y deslealtades de algunos de sus próximos, de los chantajes a los que será sometido por una multiplicidad de actores políticos y grupos interés, de las críticas aviesas y los ataques justificados, de las muchas derrotas políticas que vendrán entre los pocos triunfos.

Esto no quiere decir que la próxima administración no pueda ser exitosa (mucho logros pueden venir de la mano de muchos retos). Estoy hablando de algo mucho más básico, de la maldita costumbre que tiene el poder de corroer a quien lo ejerce.

Entonces sí, ojalá disfrute mucho su día el candidato ganador. No va a tener muchos más de estos.

¿Y para los perdedores, hay algún consejo?

Sólo uno: nada es para siempre. La derrota de hoy es preludio de la victoria de mañana. En 1972, Richard Nixon fue reelecto presidente de Estados Unidos con 61% de la votación nacional, el porcentaje más elevado alcanzado por candidato alguno en la historia de ese país. Veinte meses después, renunciaría a su cargo, envuelto en el escándalo de Watergate. En 2004, tras la reelección de George W. Bush, los más avezados comentaristas políticos estadounidenses hablaban de una mayoría republicana permanente. Dos años después, los republicanos perderían el control de ambas cámaras del Congreso y en 2008, serían derrotados abrumadoramente por un tal Barack Hussein Obama, un absoluto desconocido cuatro años antes. Más cercano a nosotros, el PRI estaba en la lona en 2006, dividido desde el CEN hasta el más humilde seccional, con un candidato presidencial que apenas había llegado al 22% del voto nacional. Para 2007, imponía condiciones en el Congreso y seis años después, se apresta a retomar Los Pinos.

Las cosas van a cambiar, pues. Es inevitable. Y en lo que cambian, hay muchas cosas por hacer, muchas leyes por modificar, muchas instituciones por transformar, muchos procesos por vigilar. Pueden encontrar espacios de colaboración con los ganadores sin que eso implique rendición o renuncia. Hay compromisos que se pueden construir, concesiones que se pueden extraer, victorias que se pueden obtener, en el Congreso, en los gobiernos locales, en el terreno de las ideas y en el campo de la opinión pública. Pueden pensar, imaginar, construir, pelear, resistir, redescubrir la joie de combat, recobrar todo lo perdido en los años de comodidad burocrática.

Y si por momentos les entra la depresión o la melancolía, les dejo este extracto de John Dos Passos, referido a la ejecución de Sacco y Vanzetti, pero con mexicanísimas resonancias:

The city is quiet the men of

the conquering nation are not to be seen on the streets

they have won why are they scared to be seen on the

streets? On the streets you see only the downcast

faces of the beaten the streets belong to the beaten

nation…

A todo esto, ¿va a ir a votar?

Sí, claro. He votado en todas las elecciones a las que he sido convocado desde 1991. Esta es mi octava elección federal y la cuarta presidencial.

¿Y por quién va votar?

Me reservo ese dato, pero si les platico por qué voy a votar. Voy a depositar mi boleta en la urna para expresar mi pertenencia a esa comunidad imaginaria llamada México, para defender la democracia y las libertades públicas, para ser parte de algo más grande que mi vida cotidiana.Voy a votar porque, como crítico permanente del actual estado de cosas, sería una absoluta hipocresía no hacerlo.Y voy a votar porque, en medio de la matazón y la tragedia, millones de personas en Ciudad Juárez, Monterrey, Nuevo Laredo, Apatzingán, Acapulco, Veracruz y tantos lugares más desfigurados por la violencia van a ir libremente a hacer cola a su casilla ¿Cómo me podría ver al espejo si yo, en mi relativa seguridad chilanga, no hiciera lo mismo?

Con alta probabilidad, cuando esta noche se cuenten los sufragios, el mío no va a estar en la bolsa de los ganadores. No será ni la primera ni la última vez que me suceda. Y no importa: votar no es para ganar siempre. Es para sentirnos libres por unos cuantos instantes. Al menos así me he sentido yo cada vez que he depositado un voto en una urna y así me sentiré, creo, en una cuantas horas.

Que tengan buen día y buen voto.

PD: como de seguro lo saben mis cinco lectores, el título de esta entrada es una locución latina que significa literalmente: “Así pasa la gloria del mundo”. Es una frase que se utilizaba en la coronación de los papas y que nos recuerda que los triunfos son efímeros.

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