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Plata o Plomo
Por Alejandro Hope
Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedi... Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo\\\", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71 (Leer más)
¿Y si prohibiéramos el alcohol?
Por Alejandro Hope
27 de noviembre, 2011
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El comercio legal del alcohol es un desastre. Los costos de salud asociados al uso de esa sustancia son para producir pasmo: según la Organización Mundial de la Salud, 2.5 millones de muertes son causadas cada año a nivel global  por el consumo de bebidas alcohólicas, entre ellas las de 320 mil jóvenes entre 15 y 29 años de edad. En México, hay no menos de 30 mil muertes (por cirrosis, accidentes viales, homicidios, etc.) asociadas de manera directa o indirecta al consumo de alcohol. De acuerdo con la Secretaría de Salud, el alcohol es responsable del nueve por ciento de la carga total de la enfermedad en el país (es decir, el número de dias de vida sana perdidos por enfermedades, lesiones, accidentes, etc.).

Del consumo problemático ni hablamos. Según la última Encuesta Nacional de Adicciones, 27 millones de mexicanos beben en grandes cantidades (cinco o más copas en una sentada) cada vez que toman. Más de cuatro millones de personas en el país cumplen con los criterios clínicos de abuso o dependencia: de esos, hay aproximadamente 300 mil que no han llegado a la edad legal para beber.

El alcohol genera igualmente una parte sustancial de la violencia en el país. De acuerdo a algunas estimaciones, el consumo de alcohol provoca uno de cada diez homicidios en México. Esa violencia de origen etílico es particularmente grave en el hogar: el riesgo de una mujer de sufrir maltrato físico es 3.3 veces mayor cuando su pareja es un bebedor consuetudinario.

Pero, bueno, al menos se cobran impuestos, ¿no? Si, pero ni de cerca compensan los costos asociados a la sustancia. Mark Kleiman ha estimado que en Estados Unidos, los impuestos al alcohol alcanzan apenas a cubrir diez por ciento del costo social de la bebida ¿Y no se podrían subir los impuestos? Claro, hasta cierto punto. Pero hay dos problemas: 1) las industrias del alcohol son muy activas y cuentan con un peso político suficiente para bloquear cambios sustanciales al marco tributario, y, 2) ya existe de por sí un mercado negro importante.

¿De que tamaño es ese mercado negro? No lo sabemos del todo, pero es probable que sea de un tamaño no trivial: según la Comisión de Vinos y Licores, una asociación gremial que agrupa a algunas de las principales empresas de la industria, una de cada siete botellas de alcohol vendidas en México podría ser ilegal. Es posible que ese número sea una exageración (dada la fuente), pero aún si la cifra real fuera de sólo la mitad de ese estimado, estaríamos hablando de un mercado de algunos miles de millones de pesos, similar en tamaño al mercado interno de drogas ilegales (no al contrabando a Estados Unidos, valga la aclaración).

Pero, bueno, ¿y qué? ¿No está demostrado de cualquier forma que la prohibición del alcohol fue una catástrofe? No del todo: aún Jeffrey Miron, profesor de economía de Harvard y partidario ferviente de la legalización de las drogas, reconoce que la Prohibición en Estados Unidos en los años veinte produjo una disminución sustancial (al menos en el corto plazo) del consumo de alcohol (aproximado con muertes por cirrosis hepática). Y el aparente incremento de la violencia criminal en esa época en Estados Unidos puede ser parcialmente un artificio estadístico (los censos de población previos no incluían a todos los estados) y también un efecto de la rápida urbanización que se registró en el periodo. Además hubo otros países (por ejemplo, Finlandia y Noruega) que prohibieron el alcohol en la misma época, sin mostrar las patologías del caso estadounidense (¿Alguien ha escuchado hablar del Al Capone de Oslo o del Lucky Luciano de Helsinki? Yo no). Lo mismo vale para un buen número de países musulmanes hoy en día: tienen prohibición del alcohol y mercados negros, sin niveles particularmente notables de violencia criminal.

¿Debemos entonces prohibir la producción y venta de alcohol? No, por tres razones básicas: 1) el consumo de alcohol también genera beneficios (sociabilidad, desinhibición, relajación, euforia, etc.) y esos también cuentan; 2) en una sociedad democrática, la autonomía personal y las preferencias de la población no son consideraciones menores (francamente no creo que haya mucho respaldo público a prohibir el alcohol); y, 3) hay demasiada incertidumbre sobre lo que sucedería con un cambio radical de régimen regulatorio ¿Cuánto se reduciría el consumo? Quien sabe: tal vez un porcentaje menor, tal vez una barbaridad ¿Cuanto crecería la violencia criminal y la corrupción? No lo sé, pero muchísimo no es una estimación descabellada. Como acabaríamos depende de demasiados imponderables, tanto sociales como institucionales.

Lo que vale para el alcohol, vale para las drogas ilegales, pero en reversa. La prohibición de (algunas) drogas es sin duda un desastre: genera violencia, corrupción, mafias y mercados negros y no logra, ni de cerca, eliminar el consumo ni los problemas de salud asociados. Pero no es el único desastre posible: en cualquier régimen regulatorio que se nos ocurra, va haber costos de control y costos de consumo, mafias y hospitalizados, muertos por accidentes viales y muertos por balazos ¿Cuantos de cada uno? Depende: depende de la sustancia, de las elasticidades relevantes, del entorno social, de las regulaciones específicas, del sistema político y de las capacidades institucionales existentes. Y hay que reconocer que no hay manera de saber ex ante el valor de muchos de esos parámetros ni sus interacciones específicas

¿Eso significa que no hay que legalizar nunca ninguna de las sustancias que hoy son ilegales? No, tampoco. Pero si significa que no hay nada obvio en la decisión de prohibir o legalizar una sustancia con potencial de abuso. Tanto para el alcohol como para las drogas, sólo se escoge entre males y es endemoniadamente difícil saber cual es el mal menos malo.

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