close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
1994, hace 17 años
Por América Pacheco
3 de marzo, 2011
Comparte

Llénate de vida querido Ari Volovich, un año más.

 

Marzo,1994.

Ella era prácticamente una niña. Tenía DIECISIETE años cuando supo que estaba embarazada. Pudo correr, escapar, escaparse, acobardarse o desterrarse. No lo hizo. Su infinita ignorancia no le permitió comprender en toda su magnitud el tamaño del barco que acabada de abordar. Ella era estúpidamente feliz, tenía nueve meses de embarazo (eran los tiempos en los que se contaban meses, no semanas) y estaba absolutamente enamorada de aquel chico encantador de cabello rizado quien se convertiría en el futuro padre del otro chico que crecía de forma descomunal dentro de sí.

El chico de cabello rizado, padre del  chico recién-nacido-también-de-cabello-rizado, se escapó, se desterró, corrió y decidió acobardarse. Ella no le dio importancia, siempre supo que su corazón era más que suficiente para amar a esa maravilla de la genética. Lo supo al instante que  la luz matinal lo cubrió en su nacimiento en esa lejana habitación de hospital.

Marzo es un mes estéticamente peculiar. Ella notó que en este soleado mes y como en ningún otro, el árbol de la Jacaranda decide florecer exuberante para decorar el paisaje de un exótico color violeta, por lo que de manera egoísta, se convenció de que la Jacaranda era el obsequio, el símbolo distintivo que la incipiente primavera le tenía a su hijo, así que decidió asociar compulsivamente al nacimiento de su chico, a la arrogante cascada de flores que brota de la Jacaranda, y no recordar que 19 días después, una población fronteriza se salpicó de sangre con el asesinato de un candidato presidencial.

Crecieron juntos, aprendieron juntos. Recorrieron las calles largas, interminables, visitaron cines, museos, teatros, salas de conciertos como dos hermanos en sincronía perfecta que se encuentran a destiempo. Escapó con él cuando cumplió 6 años para nunca volver a casa. Él le enseño a entender el verdadero significado del amor, de la pasión, de la inocencia, del dolor, del resentimiento y la redención. Ella nunca terminará de pagarle por haber permitido ser su experimento humano, su obsesión de perfección. Nunca encontrará las palabras adecuadas agradecerle lo suficiente por enseñarle a transmutar la derrota en esperanza con ese poder tan peculiar que él le confiere cuando la mira con ojos acuosos y perdidos. Él le mostró que el camino para subir, está diseñado para andarse a base de múltiples bajadas. Y cuando ella lo mira soñar, es capaz de convertir en arte su desconsuelo. Ella descubrió que lo educó puntualmente para hacer de él un hombre valiente cuando la tomó de la mano y la estrechó contra su pecho consolándola con lujo de ternura cuando temblaba de pánico absoluto en ese avión, en esa inolvidable turbulencia trasatlántica.

Ella quisiera seguirles hablando de su tema favorito, pero no quiere aburrirles con historias que a nadie importan. Además, tiene una cita con su chico. Su chico favorito. Él y ella van a observar la luna juntos, se dirán una vez más lo afortunados que son al tenerse el uno al otro, beberán una botella de whisky, brindarán por los tiempos terribles y por el vendaval de la tragedia, risas y novela que los han moldeado justamente en la pieza de arte que son el día de hoy.

Porque hace diecisiete años, él la encontró bajo la niebla profunda, descubriéndola tan frágil como una flor de Jacaranda, para que recibiera la prueba sublime de que el universo es capaz de contraerse, convulsionarse para que dos seres se encuentren para amarse de manera cierta e indestructible hasta que la muerte los separe. Y ella también tenía diecisiete años.

América Pacheco.

 

*Feliz cumpleaños vida mía. . .el vocablo amar no basta para que sepas cuanto hay de mi para ti, además, no lo necesitamos, al fin y al cabo, tú y yo creamos un lenguaje propio, que sólo nuestras células entienden. Eres mi estirpe, naciste para brillar, brilla más fuerte. . .hazlo y prepárate para dejar ciego al mundo.

 

 

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.