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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Amor se escribe con H de Héroe
Por América Pacheco
30 de marzo, 2012
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Para Hugo Maguey, Raúl Sánchez Prado, Diana Loyola, Ana Laura Santos, Luis Alberto Hernández, Édgar Clément y Antonio Álvarado Jiménez.

Zacnité.
El viernes 09 de marzo de este año, mi hermana y mi cuñado tuvieron que internar de emergencia a mi sobrina Zacnité por complicaciones de la hepatitis que había contraído una semana antes. El médico particular de la familia, sugirió consultar a un hematólgo después de ver los resultados de los análisis que había mandado a realizarle. No dio tiempo, se puso grave, muy grave. Al siguiente día, los análisis que le hicieron en el hospital, le dieron a mi hermana la peor noticia de toda su vida: “Su hija tiene altísimas probabilidades de padecer leucemia, es casi un hecho. Vamos a transferirla a Hematología del Hospital La Raza para que se confirme diagnóstico y sea tratada de inmediato. Su estado es muy delicado”. Toda la familia cayó en shock, noticias de semejante magnitud no deberían de recibirse jamás, peor aún cuando el impacto lo padece una de las personas que más amas en el mundo. Araceli y Rodolfo, no podían creerlo, su niña, su chiquita, su campeona en cualquier competencia deportiva que se le pusiera enfrente, la chica noble, dulce, la de la ternura sin orillas, no podía recibir esa noticia justamente el día de su cumpleaños; porque cada 10 de marzo, Zacnité celebra un año más de vida en este mundo que empieza a conocer.
En dos días se tuvo la confirmación del diagnóstico: Leucemia. No había nada que hacer más que empezar con tratamiento de quimioterapia urgente, el estado clínico de mi sobrina era delicadísimo, su sistema inmunológico comenzó a menguar; a la par de recibir el tratamiento, comenzó a necesitar transfusiones diarias de plaquetas. Perdió toda fortaleza física (era incapaz de sostener una pluma con los dedos) e inmunológica, la hepatítis comprometía el hígado y una fiebre incontrolable señalaba que existía una infección en su organismo a la que apremiaba detectar el origen. Los médicos temían que también estuviera comprometido un pulmón. A final de cuentas, podría ser cualquier cosa, su organismo era susceptible a adquirir la enfermedad más inoportuna; su cuerpo se convirtió en territorio sin ejército ni murallas para el imperio romano de las bacterias.

Todos entendimos que la lucha para vencer la enfermedad de Zac sería larga y tortuosa, pero lo apremiante, era que su cuerpo estuviera en condiciones de soportar la agresividad de la quimioterapia. Sin defensas no hay escape, sin armas ni murallas no se puede defender ninguna plaza. La primera enseñanza que nos obsequió el caos, fue dimensionar la importancia de las transfusiones -en específico de las plaquetas-, la segunda, la endeble condición de las donaciones que nutren esos invaluables recintos llamados Bancos de Sangre. El hospital informó que necesitábamos cumplir con la cuota de 10 donadores de plaquetas y sangre para tener derecho a las transfusiones -que en virtud del estado crítico de mi sobrina, comenzaron a requerirse a diario- Conseguir diez donadores parece tarea fácil, pero quien así lo piense o nunca haya pasado por ese duro proceso, no tiene la menor idea. Esa fue la tercera enseñanza: es un calvario.
Matty.
Hace algunos años, mi querida amiga Matty Morales fue sometida a intervenciones quirúrgicas delicadísimas, así que tuvo que ser transfundida para poder salvar su vida. Hace tres años contó su experiencia en un artículo -del que me tomaré el atrevimiento de citar algunos extractos- que considero todos deberían conocer, además, yo no podría decirlo mejor:

 

“Cuatro meses después de enfrentarme a una inesperada cirugía, ocasionada por una trombosis mesentérica venosa, –ahora tengo 80 centímetros menos de intestino delgado-, me vi de nuevo en un proceso quirúrgico. ¿La razón? La operación anterior fue de emergencia y el médico no reparó en acomodar perfectamente el intestino, lo que me ocasionó una oclusión intestinal…Luego del primer evento, causado por un trombo, los médicos determinaron que debía, a partir de entonces, tomar un anticoagulante diario para adelgazar mi sangre y prevenir así un nuevo trombo. Esto, debido a que los análisis indicaron que nací sin una de las proteínas que hace que la sangre no se coagule o no sea tan espesa, lo que me ocasiona hipercoagulabilidad. Por ello, para realizarme la segunda cirugía, debían, -además de tomar un gran número de medidas preventivas- transfundirme sangre porque al estar anticoagulada corría el riesgo de desangrarme…Cuando el médico me dijo que me iban a transfundir sentí terror. Jamás me había puesto a pensar en la importancia de este líquido vital. Ahí la tenemos, la sangre siempre corre por nuestras venas y nunca, nunca reparamos en el papel que juega en nuestra vida. En realidad, es la vida misma…”

 

“Me tuvieron que transfundir diez litros de sangre y por cada litro debes conseguir –tú como enfermo o tu familia- un donante. La tarea parece fácil, pero no lo es tanto. Además de verme en cama y conectada a mil aparatos, yo no puedo imaginar lo que mi esposo sentía y si tenía la cabeza para conseguir un alma caritativa que donara sangre. Los cuales finalmente se consiguen, pero muchos no cumplen con los requisitos y eso hace aún más complicada la situación…”
“Actualmente no puedo donar porque tomo anticoagulantes, pero tengo clara conciencia de la importancia de ser donador. Puedes salvar vidas. Yo le debo la mía, en parte, a diez almas caritativas que, sin pensarlo, acudieron a donarme su sangre….Me hicieron las transfusiones y mientras entraba la sangre a mi cuerpo, no sabría decirles a ciencia cierta qué sentía. Mi curiosidad rebasaba los límites. Me intrigaba saber de quién era, leía su nombre en la etiqueta y quería tener a esa persona enfrente para darle las gracias –porque aunque uno consiga a sus donadores no es su sangre la que te transfunden- es la de otros donantes, lo que convierte a la donación en una cadena…”


“Hoy, gracias a esas transfusiones logré soportar y superar la segunda operación, además gozo de una mejor calidad de vida. Lo que entonces me pareció un absurdo fue que, a pesar de que tú como enfermo lleves a tus donadores, el banco de sangre te pase una costosa factura. Pero luego entendí, que gracias a ellos, quienes se encargan de examinar la sangre de los donadores, puedes estar seguro que la que correrá por tus venas estará “limpia”. Así que, hoy más que nunca, creo que cada peso que se pagó valió la pena, porque más allá de cualquier interés la donación de sangre es una transfusión de vida. Por ello, si puedes, y como dice el lema de una campaña, Dona sangre, no dinero. Alguien, en cualquier parte del mundo, te lo va a agradecer.”

 

Indolencia ilustrada.

Como tan certeramente señala Matty en su artículo, la tarea de conseguir diez donadores es una auténtica cruzada. La familia del enfermo no sólo debe instruirse con diligencia en el fino arte de la ubicuidad, además, necesita el tiempo suficiente para conseguir a sus donantes hasta por debajo de las piedras mientras la vida de sus seres queridos se balancea en la cuerda floja. El pasado viernes 23 de marzo por la noche, personal médico informó que al no reunir la totalidad de los donantes, a mi sobrina se le suspendería la transfusión de plaquetas. Al margen de la absoluta falta de ética del Hospital al usar un recurso tan innoble para presionarnos -y del que me ocuparé en su momento- asumí como reto personal ayudar a mi hermana a conseguir a las 8 personas restantes. Esa noche, mientras yo permanecía en el hospital sin conexión a Internet, mis queridos amigos Ximena Atristain, Ari Volovich, Roberto Sosa, Gabriela Gómez Macal, Rafael Tonatiuh, Karla Hernández Nassar, Patricia Aguirre, Diana Solórzano, Luis Roberto Castrillón, Alicia Alarcón, Don Rul, Constanza Lameiras, Maritza Gutiérrez, Mónica Silva, Liesbeth Albrecht y su equipo de Médicos sin Fronteras, (entre tantos otros que ya perdí la cuenta, pido disculpas de antemano) comenzaron con la búsqueda viral de voluntarios en las principales redes sociales Twitter y Facebook, que culminó el día miércoles 28 de marzo cuando al fin, se consiguieron la cuota de donantes.
De acuerdo a mis registros, en cinco días de búsqueda, asistieron 56 personas provenientes únicamente de twitter, de esa cifra -si descuento a cinco amigos que acudieron al llamado del afecto-, el resultado final nos muestra que 51 personas desconocidas por la que suscribe, se formaron y ayunaron para apoyar a mi sobrina, a mi familia. Quiero destacar el hecho que de estos 51 voluntarios, NINGUNO era mi seguidor o contacto de Facebook. En un texto anterior, me referí a las redes sociales como la virtuosa herramienta. Creo que nunca estuvo mejor aplicada esta definición. 51 seres humanos ofrecieron su vital líquido a un perfecto extraño, gracias a su profunda calidad humana, altruista, y a la magia del RT.

 

Lo más desalentador a lo que me enfrenté estos últimos días, es que a pesar de la afluencia inusitada de voluntarios, únicamente calificaron 5. La ecuación básica de 5 vs 51, nos enfrenta sin freno de mano, a estamparnos contra el muro de nuestra cruel realidad: no tenemos educación altruista, tampoco programas de difusión eficientes por parte de nuestras autoridades sanitarias, o medios de comunicación, así mismo, sufrimos de una intolerable indolencia institucional ante un tema prioritario. La salud (y su procuración) es un bien intransferible, NO NEGOCIABLE y el más valioso que posee el ser humano. Que no existan campañas inteligentes que se rehúsen a capitalizar toda esa materia prima de generosidad que desborda sorprendentemente nuestra sociedad, para encauzarla a saturar los bancos de sangre, me resulta un atentado de lesa humanidad. De acuerdo a cifras del IMSS, menos del 10% de las personas que acuden a donar sangre lo hacen de manera altruista. El 90% de seis mil quinientos donadores (cifra anual) acude porque tiene a un ser querido hospitalizado. En agosto de 2011, el IMSS otorgó un reconocimiento a 50 donadores voluntarios que a lo largo de 10 años, realizan este loable gesto de altruismo. Pensar en 50 personas entre más de 100 millones de habitantes, me inunda de vergüenza. Por mí, por todos los que no tenemos este noble hábito. Es inaceptable.

 

Lamentablemente, no estamos solos. Conforme a las estadísticas de Organización Mundial de la Salud, de los 80 países del mundo con escasos índices de donaciones, 79 son naciones en desarrollo.

 

Una de las quejas más frecuentes de la mayoría de los voluntarios que acudieron a La Raza, es que consideran a los requisitos exigidos por el hospital, una pésima broma diseñada por una mente defectuosa. En algunos puntos, no les falta razón, sin embargo el problema más grave que encontré, es que algunos pudieron donar a pesar de no cumplir con detalles mínimos y que a otros les significó un inapelable rechazo. Si no existe un criterio homologado de requisitos entre médicos de la misma unidad médica, mucho menos entre entidades hospitalarias pertenecientes a instituciones diferentes (públicas y privadas), porque cada hospital cuenta con su propio reglamento. Ahora que me di la oportunidad de compararlos, encontré información incompleta y contradictoria. Por ejemplo, la información que contienen crípticos publicados en sus páginas de internet o en folletos repartidos en sus instalaciones, NO COINCIDEN entre sí. El IMSS no contempla que la homosexualidad o bisexualidad sea causal de rechazo definitivo en la difusión en medios electrónicos o impresos, mientras que en el cuestionario entregado al donante al momento de su entrevista, sí. ¿Quieren confundirse hasta la migraña?  atrévanse a comparar los reglamentos de Médica Sur, IMSS, los hospitales Ángeles y Hospital General, les garantizo desorientación absoluta.

 

La discriminación tajante para aceptar donantes de la comunidad gay, no es exclusiva de nuestro país, asombrosamente Reino Unido, Canadá, Suecia, Argentina, Brasil entre otros, se viven cruentas batallas para modificar las leyes que lo permitan. Para muestra, basta un botón:

 

 

 

¿Qué clase de héroe es usted?

 

Existen países que han puesto en marcha exitosos programas de donación altruista (principalmente España, Canadá, Corea y Estados Unidos), y gran parte de ese mérito, le corresponde a la entusiasta participación ciudadana. Esperar sentados a que nuestras autoridades sanitarias utilicen sus recursos en el desarrollo de programas enfocados al altruismo, equivale a mirar al cielo esperando que un día nos caiga el maná. Necesitamos mover las piezas del tablero, ser precursores del cambio. Emulemos el ejemplo de otras naciones cuyas sociedades están convulsionando gobiernos, revirtiendo tendencias, impidiendo la aplicación de leyes injustas; con un efectivo uso del aplastante poder que otorga la fórmula mágica: cohesión+voluntad+razón+corazón. Esta causa es irrebatible, no podemos perderla.

 

La Universidad de California (UCLA) nos regala esta hermosa iniciativa bilingüe que involucró virtuosamente a la plantilla estudiantil y docente, con su comunidad. El alud de donaciones en esa entidad del país, es asombrosa. Miren la sencillez, efectividad y precisión de la información difundida (versión en español): “Sea un héroe. Done sangre

 

Una gran cantidad de voluntarios que radican en provincia -incluso desde Argentina  y Venezuela- ofrecieron su ayuda desinteresada para la causa de mi sobrina. Se los dije en twitter, lo repito en este espacio y al mismo tiempo lo hago extensivo a todas las personas que lean este artículo: acudan al Banco de Sangre de su comunidad, aunque no tengan a ningún enfermo hospitalizado. Regalen a un desconocido la oportunidad de vivir.

 

Cuando fui testigo de la primera trasfusión de plaquetas a mi chiquita, realmente me impresioné. Nueve bolsas de plasma se le suministran diariamente. Curiosamente, me invadió el mismo sentimiento que a mi amiga Matty…fascinación y agradecimiento. Ahora que mi sobrina empezó a caminar otra vez y que pudo levantarse de esa espantosa cama de hospital, recordé el fluido amarillo que le es suministrado por el catéter que porta dolorosamente en el lado derecho de su pecho. Es lo que le está dando esperanza de vida y fortaleza para pelear esta batalla recién declarada por el cáncer. Ustedes me van a perdonar, pero voy a repetir profundamente conmovida el enunciado más escrito, pronunciado –algunas veces nomás pensado- en estos días colmados de angustia a mis 51 flamantes voluntarios (aceptados o rechazados, da igual): GRACIAS, tienen ustedes un título que portar con orgullo bajo la blusa o camisa, un emblema que los acompañará hasta que decidan partir de este mundo: son HÉROES. Los mejores que conozco.

 

América Pacheco.

 

Quiero agradecer a título personal a estos grandes seres humanos que usaron su micrófono para darle difusión a mi búsqueda de donadores entre su nutrida audiencia: Daniel Moreno Chávez en Atando Cabos de Radio Fórmula, Mario Campos y su noticiero en el IMER, Fabián Giles y al Weso, Fernando Rivera Calderón y su “Noche W”, Jairo Calixto Albarrán y su Coordenada MVS. Seguro se me escapan más, pero ellos saben, y yo también.

 

Reconozco y aplaudo la ayuda que recibí por parte de asociaciones civiles que auxilian a gente desesperada como mi familia, en momentos terribles. Ellos se dedican a difundir la donación de sangre o plasma, además de dar seguimiento a las necesidades de todos los que nos acercamos a pedir ayuda. En caso de necesitarlo, les recomiendo seguir sus cuentas de twitter: @donaenvida @posibledonador @DonadoresSangre ellos sabrán orientarlos y los acompañarán todo el tiempo.

 

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