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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Bloody mary
Por América Pacheco
5 de abril, 2011
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“Es ronca la muerte, escúchala mugir como una vaca vieja”

-Antonio Gil-

“Es imposible entender la muerte, Emilia, la muerte es un sentimiento”

– Luis Muñoz, BloodyMary-

 

Estimado Luis:

Hace pocos días tuve la oportunidad de leer tu novela, y aunque puedo asegurar con tácita certeza que ya has escuchado esto antes, tengo que confesarte que tu historia me pareció perturbadora, apasionante, salpicada de melancolía y de una perenne y punzante amargura. Esta historia que en realidad no es tuya, ya que le pertenece a Esteban Buentello Toscano, ese hombre frágil al que la orfandad materna lo enfrentó a su mayor pesadilla: Sebastián Buentello Marcel, su pervertido, egoísta, licencioso, apostador, mujeriego y brutalmente encantador padre me atrapó si bien no había avanzado 10 páginas.

Considero a Esteban un personaje anodino y gris que acumuló a lo largo de su vida un descomunal baúl de rencores, resultado inevitable de vivir bajo la sombra de un auténtico hijo de puta. Y es precisamente su padre, Sebastián Buentello -un grandísimo hijo de puta nada común y corriente- el que termina por arrebatarle el protagonismo de su propia historia.

El comienzo de tu novela me regaló una bella metáfora de sencilla plasticidad que cala profundo: después de que Esteban sufre ese aparatoso accidente en la carretera, se topa con la mirada agonizante de una vaca tirada en el asfalto. . . en esos ojos profundos encuentra exactamente el mismo fulgor, tristeza, terror y desconsuelo que tenían los de su padre la noche anterior, justo antes de morir.

A partir de este instante, me convertí en presa de la angustia, la furia, la destrucción filial, la traición, la perversión, el amor y la pérdida absoluta del mismo, que delinean esta historia contada en voz de los personajes que envuelven la vida de Esteban y que comienzan a armar una sinfonía literaria perfectamente orquestada que te secuestra, que no te abandona  y que te conduce con sutileza de la mano hasta la última sílaba de la página 211.

Aunque todas las voces de la novela giren en torno a Esteban, es innegable reconocer que el mayor disfrute que encontré conforme avanzaba mi voraz lectura, fue descubrir como las correrías del hijoeputa de Sebastían Buentello crecían en intensidad y perversión. Este hombre que humilló salvajemente a su hijo hasta convertirlo en una débil sombra sin luz propia, heredero de un linaje noble e ilustre -mismo que se encargó de arrastrarlo en compañía del apellido y pundonor familiar entre cantinas, casas de apuestas, prostíbulos- de pisotear cada sueño de su hijo sin remordimiento alguno, no puede menos que seducir hasta al lector más indiferente.

Es difícil no engancharse con un auténtico villano-proxeneta de semejante categoría.

Me quedo con estas perlas, autoría de Don Sebastián:

– “Si los seres humanos por fin entendieran que Dios es un invento de nuestros ancestros, un desacierto del hombre para explicar el universo y mitigar el dolor de la muerte, el mundo sería mucho mejor y todos seríamos borrachos. El buen bebedor se sabe mortal y bebe porque entiende que no hay mejor modo de llevar la desgracia que borracho: ¡sacerdotes del mundo, cierren sus templos y abran un bar!”.

-“Hijo, los hombres no nos vamos de putas, pero si alguna vez te dan unas ganas irrefrenables, llévalas a un hotel, trátalas como un caballero y al terminar tus asuntos  y ella los suyos, pídele que te prepare la tina y te dé un masaje en los pies, mientras te tomas un buen bloody mary. Recuerda que la higiene es un gran triunfo de la ilustración y el bloody mary es el trago de la nobleza, no sólo porque se llama igual que María Tudor, reina de Inglaterra, sino sobre todo por la delicadeza de su sabor y la gran variedad de sus ingredientes”.

-“Seguramente usted me dijo gachupín por el color de mi piel, así que es necesario que sepa que soy más mexicano que cualquier mestizo ignorante como usted. Amar a la patria bajo la sombra del desconocimiento es lo mismo que amar el vacío pues la patria no es otra cosa que su historia. Ser mexicano no me impide, además, defender el imperio”.

-“No sea mamón, pinche güerito”.

-“Usted y los suyos lo que tendrían que hacer, en vez de insultarme, es dejar de reproducirse como animales. Por eso está el país como está; si al menos los pudiéramos vender como ganado”.

Luis, esta carta no es más que una muestra de agradecimiento por regalarnos tan entrañables personajes, esa prosa tuya tan sencilla, hábilmente articulada, salpicada de poesía, reflexión sobre el destino y que nos da voz a muchos que como el protagonista, hemos cargado tiranos que terminan por inundarnos de angustia y dolor.

Además –aunque te importe un bledo–  quiero que sepas cuál es mi parte favorita de tu novela y que de hecho, me dejó en la cabeza una -¿qué se yo?-  incontestable pregunta:

Esa noche, en la que Esteban se miró al espejo y vio en su reflejo al monstruo que  lo persiguió toda su vida, pienso estúpidamente que tal vez comprendió que su lucha interna se convirtió en una malsana obsesión, en esa clase de obsesión que acaba por convertirnos exactamente en aquello que más odiamos, porque de manera irreversible se llega de súbito a este punto sin retorno.

Dime. . .¿acaso Esteban alcanzó ese estado puro que sólo esa maldita palabra –redención– nos otorga a modo de codiciado salvoconducto y pase de salida de nuestro más innoble infierno particular?

Te dejo un abrazo sin orillas, que sin duda esperará por nosotros hasta el próximo jueves 14 de abril, en la presentación de esta, tu primera novela.

¡Salud y larga vida literaria!

América Pacheco.

 

* “Bloody Mary” (Random House-Mondadori) se presenta el próximo miércoles 13 de abril a las 18:00 horas, en compañía del autor Luis Munoz Oliveira ( @munozoliveira ), Guillermo Fadanelli, Kyzza Terrezas y Andrés Ramírez en la Sala 1 de educación continua de la Facultad de Filosofía y Letras de La UNAM. Todos están invitados.

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