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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Buda, drogas y pop
Buda, drogas y pop no hace alarde del elitismo académico que distingue a publicaciones cuyo análisis sobre temas fronterizos a los que aborda Fausto Alzati Fernández en su ensayo, nos colocan irremediablemente en la menesterosa confederación de la imbecilidad congénita, al conseguir la proeza de que el lector inexperto entienda un carajo.
Por América Pacheco
7 de junio, 2013
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Buda drogas Portada

La etimología grecolatina del vocablo filosofía es rica en elocuencia: (del latín philosophĭa, y del griego φιλοσοφία: “amor por la sabiduría”) y es mi deber mencionar que el ensayo objeto de esta breve reseña: “Buda, drogas y pop” (Editorial Textofilia, 2013) efectivamente aborda el análisis de temas tan abstractos y complejos como la existencia, el conocimiento, la belleza, el arte o el lenguaje; por lo tanto, es válida su inclusión en la flamante categoría amorosa-filosófica. Además de lo anterior, es preciso destacar que el vehículo todo terreno que utiliza el autor Fausto Alzati Fernández para desplazarse en tan peculiar disertación metafórica, transita con desenfado por la carretera libre del misticismo e irreverencia sin pagar una miserable caseta.

Buda, drogas y pop no hace alarde del elitismo académico que distingue a publicaciones cuyo análisis sobre temas fronterizos a los que aborda Fausto Alzati Fernández en su ensayo, nos colocan irremediablemente (bueno, a muchos de nosotros ß inserte aquí a su kimozabi de cabecera) en la menesterosa confederación de la imbecilidad congénita, al conseguir la proeza de que el lector inexperto entienda un carajo.

La bondad del autor es palpable y degustable en cada uno de los cinco breves ensayos que componen el libro, pero sobre todo, en sus aleccionadores pies de página. Y digo bondad porque disecciona complejísimas abstracciones del pensamiento (con un humor más que bastardo), para a continuación dárnoslas a probar en una deleitosa presentación de papilla Gerber como si ningún mal estuviera ya hecho en nuestra psique.

El ahorita

Belinda, Michael Jackson, Maradona, David Copperfield, Cantinflas, Gustavo Cerati, José José, Bjõrk, Matrix, Belanova, Chespirito, Los Animaniacs o Shanti Ananda (aterrador por donde se mire ¿swami? antes conocido como Walter Mercado), funcionan como arquetipos delirantes pero efectivos a pesar de su anodina sustancia, porque sobreviven notablemente al raso implacable de los cinco pasos de la teoría budista de los skandhas: (forma, sensación, percepción, concepto y conciencia) y no conformes en sobrevivir,   ejemplifican al neófito con notabilísima frescura y generosidad la hondonada de nuestra obsesión individualista por descubrir quién mierda somos.

MJ

La identidad del YO se convierte en un leitmotiv que no da tregua a partir de la página siete y resguarda nuestro asombro para conducirnos sin daño aparente y a ojo de buen cubero hasta la página sesenta. El autor exhibe la obsesiva catafixia de la raza por “el ahorita” a cambio del “al ratito”, justo la duración necesaria para insertar un YO, de acuerdo a su dicho. El juego de analogías, diálogos y referencias pop urden un mapa conceptual sí, pero tengan la certeza que éste mapa jamás se mostrará desprovisto de perturbadora hilaridad.

Fragmento de la lectura del capítulo .

Al final y a título personal, y aunque ninguno de ustedes le importe saberlo, mi único pensamiento incesante después de concluir mi lectura de Buda drogas y Pop, resultó análogo con ese viejo y entrañable texto de afirmación devastadora: el Yo es el soplo divino, pero sin olvidar el infernal aliento que también le corresponde; que es esa sombra que es más oscura mientras más alta es la luz y que es esa misma luz que se ve mejor después de la penumbra; que es el sueño, la frugalidad del amor y la maldad, y el viento que arrastra el polvo, que lleva la hoja o ese aire que viaja sin tiempo, pero con camino.

O quizás no. Quizás me equivoco al asociar mi Yo con ese soplo divino y del infernal aliento que le corresponde y que mucho menos es ese viento que arrastra el polvo, que lleva la hoja, ni la sombra que es más oscura mientras más alta es la luz y que es esa misma luz que se ve mejor después de la penumbra; o ni de lejos, aquel aire que viaja sin cuerpo, pero con camino.

Pero esa tarea, queridos lectores, les corresponde averiguarlo a ustedes cuando se abismen en la obligada lectura de este ensayo.

Y aunque yo, en último de los casos, tenga que volver sin culpa a mis drogas. Gracias encarecidamente por lo último, Fausto Alzati Fernández.

América Pacheco.

 

Nota: Pueden encontrar artículos, fragmentos del ensayo, información sobre el autor, calendario de eventos y el surrealista contenido multimedia exhibido en las presentaciones del libro (asistencia imperdible del verbo no mamen) en las siguientes páginas:

Buda, Drogas y Pop

Fausto Alzati Fernández

Vice

 

Dénse denso, camaradas.

 

 

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