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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
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Carta a Edith Ruiz Mendicuti (o cómo pervertir a una diputada)
Por América Pacheco
16 de junio, 2011
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“No hay libros morales o inmorales, sólo libros bien o mal escritos. Aquellos que la gente llama inmorales, son los que le muestran al mundo su propia vergüenza”

-Oscar Wilde-

 

Diputada Edith Ruiz Mendicuti.

Presidenta de la Comisión de Cultura

de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Presente.

 

Permítame hablarle de usted. “Usted” a secas. Desconozco si tenga un título académico que respalde con credenciales, no crea que lo hago por descortesía, pero busqué infructuosamente en el campo de “educación” de su perfil en la página de la Asamblea Legislativa (insertar lik http://www.aldf.gob.mx/edith-ruiz-mendicuti-122.html) y sólo existe una nota que indica “sin información”. Siendo usted la Presidenta de la Comisión de Cultura de la ALDF, no deja de parecer inusitado que no exista el acceso publico para que los ciudadanos conozcamos su formación educativa; la lógica indicaría que debería de exhibirla sin recelo.  A menos, claro está, que usted carezca de la estructura necesaria para representar dignamente a la ciudadanía en una comisión que debería estar sustentada por los valores propios del desarrollo cultural: lenguaje, filosofía, ética, sensibilidad e inteligencia desbordante. Sus lamentables declaraciones a diversos medios, entrevistas y exhibición de sus informes, me llevan a la afirmación contundente de que usted está presidiendo un encargo del cual no está  capacitada en lo más mínimo. No sólo es triste, también es indignante.

 

Créame cuando le digo que no soy la única. Ciudadanos educados, libre pensantes, cultos, docentes universitarios, periodistas, pero sobre todo, más que nadie: gente trabajadora que pagamos impuestos –mismos que  sirven para que reciba sin falta la bicoca de 409 mil pesos mensuales- nos hemos manifestado rotundamente a exigirle que responda a nuestras preguntas y cuestionamientos concernientes a su desempeño, la naturaleza de sus  funciones,  de la calidad de sus iniciativas. A título personal, me interesa que nos aclare ¿cuáles son los proyectos que tiene sobre el escritorio dirigidos a paliar de manera efectiva la profunda apatía, la descarada indolencia mostrada por nuestros funcionarios respecto al terreno de la cultura y educación que se respira amargamente por nuestras escuelas? Lo exijo, es MI derecho hacerlo y SU obligación responder. Su deber es legislar es ese tenor. . .¿qué proyectos convertidos en propuestas están en sus prioridades ante la cámara?

 

Intuyo la respuesta: ninguno.

 

Leí con autentica pena ajena, su discurso en la entrega de la Medalla al Mérito en Artes, Ejecución Musical y Artística, en la que el pasado 13 de octubre de 2010, mostró una insultante ignorancia al declarar en la ceremonia (insertar nota del universal http://www.eluniversal.com.mx/cultura/65569.html ) que el escritor José Emilio Pacheco, era el autor de Un tranvía llamado deseo. Obvio, usted desconoce la trayectoria del escritor mexicano y podría asegurar que sus manos nunca han acariciado un solo libro del dramaturgo norteamericano, Tennesse Williams.

Permítame citar de manera textual un fragmento de su discurso:

 

”…es a través de la cultura, el arte y la educación como podremos enfrentar los grandes problemas actuales que afectan a la ciudad y a la sociedad mexicana…”

 

Por su cultura los conoceréis. Si la cultura y la expresión del arte mediante la educación son el camino –conforme a su dicho- ¿Se considera lo suficientemente capacitada para desempeñar con talento el cargo que ostenta?

 

Hay un aspecto de sus infortunadas declaraciones que me alarma, enciende mis focos rojos. La cito nuevamente (en entrevista concedida a la reportera Alicia Piñón de “El Universal” el pasado 3 de junio):

 

“Leí mucho sobre la vida de Snoop Dog y era un drogadicto que odiaba a todos, me sorprendió mucho su vida porque se la pasaba drogándose, lo malo es que a muchos jóvenes les gusta su música”. “Los muchachos no tienen dinero para comprar discos, por eso bajan las canciones de internet, pero imagínate que si un chavo está deprimido, cuando escuche esa clase de canciones (como las de Snoop Dog) va a odiar a todo el mundo. Por eso los jóvenes se vuelven criminales y se drogan, porque están imitando a su cantante favorito”

 

Lo que acentúa mi indignación es que en el mes de noviembre de 2010, presentó en el pleno de la ALDF un acuerdo dirigido a la Secretaría de Educación Pública y a los 16 jefes delegacionales en el que les exhorta a que se prohíban los bailes conocidos como “el perreo” (sic) en los festivales de educación primaria. Así como hacer extensiva esta prohibición a “salones de baile, antros, bares y restaurantes” porque afirma que “el estilo de bailar de algunos géneros musicales como el reggaetón, mejor conocido como “perreo”, sólo son simulaciones de una relación sexual, donde “incluso llegan a quitarse la ropa”. Aquí la nota.

 

Prohibir. Esconder. Censurar la música, el cine, las artes plásticas, la literatura. Nada nuevo bajo el sol

 

El ejercicio impune de la prohibición emanada de cerebros sin criterio, han lacerado de forma imperdonable la difusión de las más arriesgadas expresiones artísticas. A mi no me gusta Snoop Dog, ni considero que el reggeaton posea las características plásticas del tango o de un baile tradicional huasteco (aunque ninguno de estos ejemplos sean de mi agrado). Sin embargo, tienen derecho a existir porque son expresiones humanas, lenguajes de arrabal que gritan marginación, protesta, desencanto y pasión.

 

Pero yo tengo un caso puntual que deseo exponerle a modo de queja advirtiéndole de antemano que si continua leyendo, será bajo su propio riesgo.

 

Hace un año acudí a una reconocida tienda de comics capitalina con la intención de comprar una novela gráfica autoría del maestro ilustrador japonés Suehiro Maruo. El gerente me explicó que habían sido retiradas de estanterías todas las obras de este autor, porque “las autoridades” les prohibieron su venta por su alto contenido violento y sexual. No dio más detalles. Mi búsqueda al día de hoy en librerías en esta ciudad es infructuosa, estos libros sólo se consiguen por medio de una página de internet chilena o por encargo a Europa.

 

Reconozco que el arte del ilustrador japonés no es en lo absoluto de fácil digestión. En su fino trazo podemos encontrar las perversiones torcidas que harían palidecer al Marqués de Sade: asesinato, violencia sexual, sadomasoquismo, incesto, genocidio, satanismo, ultraje. Citando a mi querido amigo René González, se diría que incluso, Maruo se ha atrevido a crear algunas aberraciones aún no gestadas por la mente humana por lo que todavía carecen de nombre. Estoy en total acuerdo con René, pero no lo estaré jamás en que se prohíba la distribución del trabajo de un artista de esta calibre por considerarlo “material inapropiado”. ¿Quién decide? ¿Bajo qué criterios? ¿Quién vigila el cabal ejercicio de libertad de expresión en terrenos culturales en la Ciudad de México? ¿Usted?. . .


Permítame obsequiarle un poco de perspectiva. Suehiro M. nació en la ciudad de Nagasaki,en 1956, exactamente 12 años después de la hecatombre nuclear que mató a más de 140 mil seres humanos producto de las heridas, envenenamiento por radiación y quemaduras en las subsecuentes semanas que marcaron el término de la segunda guerra mundial. Pero el horror a penas estaba por comenzar. Diez años después del bombardeo, el pueblo de Nagasaki miró de frente las secuelas del arma letal, comprendieron que existe algo peor que el genocidio, el omnicidio: la destrucción de todo. Los sobrevivientes, comenzaron a presentar síntomas de enfermedades cancerígenas producto de la radiación. Estas personas eran –y siguen siendo- llamadas hibakusha (persona bombardeada”. Se debe contemplar alguna vez las imágenes aberrantes de los desventurados hibakusha para usar toda la compasión que nuestro espíritu posea, para sostenerse sin temor ante el sufrimiento humano en su extremo más inconcebible.

 

Si mira con atención las ilustraciones de Maruo,  podrá reconocer fácilmente a legiones de hibakusha. La maldad humana ejercida sobre otro individuo sin móvil ni castigo. ¿Sabe cuál es la principal virtud de todo aquel nacido en Nagasiaki? Nunca olvidan. . .y hacen todo lo que en sus manos esté para que el mundo no lo haga jamás. No esconden, muestran su mayor infortunio para que jamás se vuelva a repetir. El perfecto círculo virtuoso.

 

 

 

A diferencia de USA (que escondió la memoria gráfica del oprobio hasta mediados de la década de los noventas) Japón decidió que su pueblo jamás sufriría una tragedia similar. Tomó el camino de la enseñanza y la educación para mostrársela sin pudor a cada niño nacido en la ciudad. En 1954 erigieron un conmovedor museo llamado “Museo Memorial de la Paz de Nagasaki” al que cada 6 de agosto conmemoran el día anual de la paz. Todos los niños, adolescentes, habitantes y sobrevivientes de la ciudad, acuden con solemnidad a uno de los días más importantes de su vida. Lo repiten cada año.

 

A los niños de la más temprana edad se les muestra el material gráfico, audiovisual y al que en occidente tenemos escaso acceso, para que rindan respeto por las cenizas de las anónimas víctimas del horror. Uno de estos niños era Suehiro Maruo.

 

Su obra –considerada de culto en todo el mundo-  muestra a través de un onírico lenguaje el hoyo profundo en el que chapalean los terribles, en el que se hunden los inocentes. En el sinrazón de la maldad, en lo inacabable de una pena. ¡Que el mundo mire, se horrorice, se maraville! -parecen murmurar sus viñetas-, el arte siempre será el mejor  conductor e ideal vehículo del entendimiento humano.

 

 

 

No hay cabida a la censura, no como usted la concibe. No hay temor de desgarrar inocencias infantiles. ¿Conoce el resultado? Viven en una sociedad que se distingue como pocas a causa de su orden, índices de criminalidad sorprendentemente bajos, por ser modelo de perseverancia e incansables promotores de la paz y empatía por el dolor humano.

 

 

El arte en cualquiera de sus expresiones -esto incluye las que nos parezcan lo contrario- sirve para enriquecer el espíritu, así como para dotarlo de sensibilidad  sobre el pensamiento de otras almas, de otros temores. Enseña las partituras de sinfonías desconocidas. La maldad no está en los objetos, la música soez o en las obras de arte; en donde sí reside, es en la hipocresía, en las apariencias que guardan un grotesco tufo medieval. Preocúpese en que cada niño de esta ciudad, tenga acceso a la creación, al conocimiento, al desarrollo oportuno de cualquiera de las bellas artes, abriéndoles generosos caminos. Deje de preocuparse por la forma en al que los chicos contonean su cuerpo con bailes “obscenos”. Esa absurda moralina guárdela para sus propios hijos.

 

Gente carente de educación como usted, muestra con su ineptitud e ignorancia, que son el verdadero cáncer de nuestra sociedad. Nuestra maldita bomba atómica. Lo más irónico, es que tiene bajo su encargo la honorable tarea de impulsar la cultura, de legislar reformas que la ennoblezcan, no que la avergüencen como ya se le hizo costumbre. Si aún guarda dentro de sí dignidad, honestidad, respeto y amor propio, renuncie a un cargo que le queda muy grande. Usted no merece presidir la Comisión de Cultura de ninguna asamblea.

 

Entiéndalo, mire dentro de usted cuando no tenga a nadie cerca, véase sin miopía ni máscaras, revise el cajón privado donde resguarda la conciencia. Después de hacerlo, de media vuelta y diríjase a renunciar de manera irrevocable. Una acción semejante sería propia de un ser humano íntegro, prudente, educado en la nobleza que sólo otorga la cultura, el profundo conocimiento de la ética y de la congruencia.

 

Sé que no lo hará. No renunciará.

 

¿Quién quiere mirar de cerca la calvicie de su peluca moral? (citando a un clásico).

 

¡Que se joda la ética! . . . Y a jodernos todos.

 

América Pacheco.

 

 

Nota a los lectores: El artículo más documentado que pueden encontrar sobre este tema, lo tiene el blog de Luis Muñoz Oliveira:

 

http://munozoliveira.blogspot.com/2011/06/el-caso-mendicuti.html

 

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