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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Crónicas de cuarentena: Protocolo de un rompimiento
Se necesitan dosis tremendas de desconexión, desapego y tiempo para entender a cabalidad que, a pesar de que estamos perdiendo a alguien que estaba incrustado en nuestra vida y que el proceso nos deje profundamente heridos y rotos, vamos a sobrevivirle.
Por América Pacheco
29 de junio, 2020
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Affairs in the Digital Age: Death by a Thousand Cuts.

Esther Perel

 

La mayoría de los terapeutas coinciden en que las redes sociales entorpecen el proceso de recuperación emocional que las personas necesitan después de una ruptura. Ayer tuve una charla con la mía y hablamos largo y tendido sobre cómo debo afrontar una reciente ruptura amorosa en las redes sociales en las que compartimos amigos y proyectos. Es difícil amanecer un nuevo día y contemplar que el dinosaurio del follow sigue ahí.

Cuando damos por terminada una relación, aunque nos resistamos a ello, la huella digital de ambos va a quedar ahí, flotando en un mar de bytes. Nuestra huella digital es un pequeño mapa trazado por los rastros que dejamos al navegar en Dios nuestro señor Internet. Cada comentario en redes sociales, nuestro registro en apps, registros de e-mails, etc, forman parte de nuestro historial y si decides borrar a tu pareja de tu mapa personal vas a necesitar más que liquid paper. Hagas lo que hagas terminarás tropezándote con un viejo recuerdo. O con el comentario del amigo idiota que redescubre una foto de una comida seis años en el tiempo y bueno, no importa el unfollow o el block. Acabarás recibiendo una amarga notificación en la que estará incluida una persona que perdimos. Y, peor aún: si cometemos el crimen de stalkearlo a propósito, estaremos exponiéndonos a una visión dolorosa. Es muy fácil comenzar a conjeturar historias fantásticas sobre cómo le pintará la vida al que continuó su camino sin nosotros.

Realmente no existe un protocolo legítimo que nos ayude a entender cómo lidiar con el desamparo del unfollow, del mute o del tremendísimo block. De acuerdo con mi opinión, basada en lo que me sale del coño, el block es un recurso extremo. Recurso del que pocas veces me he asido, porque son contadas las personas en mi vida a las que he deseado invisibilizar. No ver más, imaginar que de un plumazo o bazookazo alguien que quise desaparezca sin dejar huella, me parece un destino perfecto para un ex violento o peligroso. El no querer ver a alguien nunca más no es un juego de niños, sobre todo si aún se albergan sentimientos profundos hacia esa persona. No nos hagamos pendejos, ahí van dando block por dignidad, y a las dos horas comienzan a stalkear desde su cuenta alterna. Conozco puñados de casos.

Una vez terminada la sesión con la terapeuta, me di a la tarea de escribirle a los cuatro amigos más lúcidos que tengo en el directorio de contactos para pedirles colaboración a esta columna. Decidí que escribiría un artículo para ofrecer una visión allende mis narices para comprender acciones alternativas -y sanas- que las parejas deberíamos considerar una vez que terminamos definitivamente con nuestra otra mitad. El resultado de las respuestas que obtuve vale la pena este post.

Empecemos identificando las distintas maneras que tenemos para integrar a nuestras parejas a nuestras redes sociales.

Mi amigo Burt Lancaster* tiene a su pareja en sus favoritos del teléfono, su número registrado en llamadas de emergencia y cuando recibe una llamada de la luz de su vida, suena a todo pulmón el himno del Barça. Tienen una relación frontalmente activa en redes sociales y todo está bien. Amo verlos mandarse amor en twitter. Le pregunté cómo manejaría una improbable separación en virtud de su experiencia personal. Solamente me contestó que le había hecho la pregunta de los 64 millones y se retiró con urgencia. De repente recordó que tenía que revisar el estado gestante de una marrana.

Mi amiga ShinaJaponesa* -además de ser una diosa en el mundo del performance- fue una romántica en sus años virginales. Cuando le pregunté sobre su comportamiento al integrar al galán en turno que en su granjita de Facebook, que si en sus favoritos del whatsapp, me contestó: Hija, antes sí les daba trato especial y tragos cortesía de la casa. Les ponía claves, nicknames, y claro, les ponía un ringtone diferente para sus llamadas y mensajes. Pero ya no hija, una se cansa, y después una ahí anda batallando para querer olvidar soniditos y nombrecitos pendejos. Ya ahorita como Dios a las liebres hija: chiquitas y orejonas, hija. Así como las divisa Dios: chiquitas y orejonas. Su consejo de cómo enfrentar una ruptura en redes sociales a mis lectores y a sus radioescuchas es triste, pero efectivo: Hagan de cuenta que el caballero de marras forma parte de la gráfica de bajas por COVID-19 del doctor Gatell. Y si alguien les pregunta qué significa en la gráfica esa columna negra e insignificante, les contestan: esa es la gráfica que representa a los que se culearon. Movió su abanico sevillano con garbo, me mandó un beso al aire y se retiró a seguir deleitando al mundo con su belleza extraña, pero interesante.

Para mi amiga Albertine*, un recurso interesante es convertir al objeto de nuestros desvelos en un fantasma; en estos tiempos me parece más crudo el silenciar a alguien que bloquearlo. Es mucho más siniestro: estás, pero no estás. No tienes voz, eres un fantasma. Hasta los avatares aparecen en otra tonalidad. Qué genio el diseñador que determinó que así aparezcan los silenciados. La categoría del silencio para mí es más contundente que la del bloqueo. Bloquear y borrar es como meter en otro saco a esa persona como lo que hace la institución cuando te meten al loquero o a la cárcel; silenciar a alguien es convertirlo emocionalmente en un indigente. Los indigentes están ahí, pero hacemos como que no los vemos. Nunca me había dado cuenta de este feature, así le pedí pruebas, ya que mi instagram había sido dada de baja a efectos literarios. Después de ver los screenshots de Albertine comprendí que había descubierto un acto de crueldad de proporciones bíblicas, cortesía de Zuckerberg Team.

Por su parte, mi querida Polly Pocket* me contó que al igual que la artista antes conocida como la artista del performance, también colocaba al ex en el lugar privilegiado de la distinción. Tenía habilitadas notificaciones de mensajes y si el teléfono comenzaba a reproducir la voz de IT murmurando: “Hello, Georgie” sabía que tenía una llamada del Hombre Elefante. Para Polly, transitar de un lado a otro de la acera es complejo y no existe una fórmula que funcione con todas las personas: Normalmente no hago nada hasta que estoy lista para ello. Pero cuando terminamos la primera vez, no hice nada, hasta que a la semana o algo así él me dio unfollow y entonces me salí de Twitter aproximadamente 3 meses. La segunda y definitiva ocasión que rompimos, lo bloqueé hasta de LinkedIn y Pinterest. Muerto el elefante se acaba la trompa chipotuda.

Por su parte, mi amiga Scarlett Johanson* tuvo que padecer una revictimización digital el aciago día que informó a Facebook acerca de la finalización de su contrato matrimonial con el insufrible Nefa. Probablemente no todos estamos enterados de lo siguiente, pero Facebook tiene un formulario que despliega de manera automática si un usuario decide dar click al botón de actualizar situación sentimental y para cambiar el status de “Casado con” a soltero o viudo. Las preguntas más intimidantes están relacionadas a elegir alguna acción de restricción de privacidad a la familia del exconsorte y hasta a los amigos en común. El cuestionario también incluye el proceso de autorización de “desetiquetado” en todas las fotografías en las que el algoritmo los identifica. La red social más usada del mundo se toma muy en serio en su deber (so invasive) de darte un paseo a recuerdos que probablemente aún no estés preparado a enfrentar.

Al margen de los consejos de mis amigos que tuvieron el único propósito de hacerme sentir mejor, es muy claro que sacar a alguien de todos los refugios de tu vida trae consigo un dolor abrumador, espeso.

 

Of all our games, love’s play is the only one which threatens to unsettle the soul.

Marguerite Yourcenar

 

Perder a alguien emocionalmente es similar al duelo que trae consigo la muerte y el duelo provocado por una ruptura podemos cargarlo a cuestas por meses o años. Y cuando la mayoría de nosotros tratamos de colocar en simples caracteres o vocablos una separación, es inevitable usar el mismo lenguaje que usamos cuando alguien cercano muere. Algunos expertos afirman que en estos recovecos emocionales aún nos encontramos en un rango relativamente limitado de palabras para comunicar e interpretar nuestras pérdidas.

Se necesitan dosis tremendas de desconexión, desapego y tiempo para entender a cabalidad que, a pesar de que estamos perdiendo a alguien que estaba incrustado en nuestra vida y que el proceso nos deje profundamente heridos y rotos, vamos a sobrevivirle. Desaparecer de un día a otro nuestras rutinas implícitas adquieren un nuevo significado. Ya no podemos llamar a esta persona para chatear por unos momentos en un día ocupado, para enviar el primer saludo del día, o el último de la noche. Lo más probable es que nunca volverás a visitar los lugares que recorrieron juntos. La única diferencia al duelo de una pérdida física al de una ruptura, es que el sufrimiento puede amplificarse exponencialmente y en radio de amplio alcance, porque sabes que la otra persona todavía deambula en algún lugar remoto. Y mantener a esa persona en tus contactos te hará sentirte arrebatado por asomarte a la forma en que tu amor perdido está viviendo. Dijo que sin mí moriría, ¿que hace sonriendo, hijo de puta? La sabiduría de mi amiga Albertine es luz tibia sobre nuestro tejado. Para ella, una ruptura es también la desconfiguración de un binomio irrepetible. Ella y su ex. Ustedes y su ex. Yo y mi ex hemos formado un concepto de amor inimitable. Este concepto muere el día de la separación. Por muy buena que sea la pareja que formemos en el futuro, no será nunca como la que dejaste ir (para bien o para mal, claramente). Nosotros no seremos los mismos en otra ecuación e incluso vamos a extrañarnos. Es como un país del que tuviste pasaporte y que ha sido invadido por otro y del que jamás volverás a escuchar su himno nacional. Dejar a alguien en el camino es también perder por siempre tu otrora gema favorita.

Destruir las pruebas del crimen no es fácil cuando se tienen a la mano tantas evidencias de una felicidad rotunda: fotos, audios, videos juntos, artículos, colaboraciones, carcajadas y lágrimas. A título personal y después de escuchar los consejos de mis amigos, llegué a la conclusión de alejar lo más posible cualquier elemento visual entusiasta en fomentar mi masoquismo natural. Borré más de 1700 fotos del celular. Imágenes tomadas por él, por mí, por amigos en común y que de solo mirarlas me recordarían su existencia. Renuncié a asomarme a redes sociales para no verlo compartir sus aburridos videos de ciencia. Pero confieso que lo más difícil fue borrar nuestras conversaciones. Borré nuestros chistes, nuestros planes. De nada sirve conservar los chistes privados que nos hacían desternillar de risa, si jamás podré contárselos a nadie más, porque no existe otra persona en el mundo que conozca el idioma que confeccionamos juntos. Eliminar los códigos secretos y los apodos es más doloroso que borrarte un tatuaje con láser. Pero es la única forma. Quedarse vacío de referencias más allá de la memoria es incluso más de lo que es posible tolerar.

También es pertinente llorar y confiar en tus amigos. Es indispensable dedicarle tiempo al desahogo y a la introspección de lo que a cada quién le corresponde llevar a cuestas. No traerá nada bueno culparte por las fallas y grietas de otros. Al final, solamente queda recordar el tiempo que nos llevó superar la ruptura anterior, y quizás, solo quizás en el tiempo que nos llevará encontrar una nueva vida y construir una mejor relación. El unfollow literal y figurativo llegará solo y solo cuando esa persona nos haya dejado de importar.

@amerikapa

 

* Los nombres de los entrevistados tuvieron que cambiarse a efectos de evitar demandas por derechos de autor.

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