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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
El dragón herido
Por América Pacheco
8 de septiembre, 2011
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Foto Fernando Aceves

Foto Fernando Aceves

Para Efraín Trava, porqué entiende el lenguaje de los dragones.

 

“Crecer (como un transgénero) debe haber sido aterrador”

-“No”-contestó

“Porque nunca fui otra cosa. Simplemente era mi naturaleza. Aunque los demás dijeran que me iría al infierno”. A. H.

“I’m looking forward to the day when all children are encouraged to grow up and not think of themselves as male or female.” – A H-

 

Cuándo le regalé a mi amigo Juan la discografía completa de A.H., nunca lo había escuchado; vaya, ni siquiera lo había oído nombrar. Pero cuando le pregunté cuál era su opinión acerca de su voz, me respondió una de las descripciones más perfectas que yo haya leído sobre él: “Qué impresión, América. Este cuate canta como seguramente lo hacen los dragones heridos”. Se la compré de inmediato. Si existen los dragones y son lo suficientemente endebles para ser lastimados en lo más insondable de su intimidad,  A.H. canta como uno.

Nació en Sussex, Inglaterra en el año de 1971, aunque su formación más importante la tuvo en Estados Unidos. Su familia se mudó al estado de California cuando todavía era un niño a finales de los años ochentas. A los veintidós años, estando ya instalado en Nueva York,  formó la banda que conserva hasta el día de hoy: The Johnsons.  Pero su vida cambió drásticamente cuando Lou Reed lo invitó a acompañarlo en su gira mundial en el año 2003. Si alguien como Reed declara: “Es un ángel, el único cantante que me ha hecho llorar”, el  mundo entero puede entonces poner atención y maravillarse con su inclasificable voz.

Antony and Friends

Asunto relevante, más allá de su naturaleza artística, es su condición de transexual. No porque deba importarnos los detalles anatómicos del músico, pero sí llama la atención que la voz de A.H. posea el registro vocal de tenor, lo que contraviene algunas teorías e incluso fundamentos académicos, sobre las modificaciones que sufren en sus cuerdas vocales los “castrati”.  Aunque cierto es, que para que un cantante mantuviera la tesitura de un “mezzo-soprano” era necesario que se le retiraran los genitales a muy temprana edad. En fin, esa es otra historia.

A.H. no tiene reparos en hablar de su condición o naturaleza transgénero y sobre las dificultades a las que se enfrentan los individuos que deciden caminar sobre esa oscura ruta del camino, por lo que me tomo el atrevimiento de destacar algunas de sus declaraciones en una impecable entrevista realizada por Peter Conrad para el diario The Guardian. En la entrevista (que es mi favorita de todas las que le han realizado a la fecha) nos enteramos de datos curiosos. Por ejemplo que a pesar que él ya poseía esa potente voz desde la secundaria, nadie parecía notarlo. Y al parecer ni el mismo le daba mayor importancia a su condición de cantante virtuoso, puesto que sus primeras expresiones artísticas fueron en el campo del dibujo y pintura. Intentó ingresar al Royal College of Art de Londres, pero fue rechazado así que decidió encaminarse a Nueva York a estudiar teatro en el Experimental Theatre Wing de la New York University. En Nueva York encontró también el eco resonante a su naturaleza femenina: el colectivo travesti-cabaret “Black Lips”. Aunque en NY descubrió más que una identidad o un foro adecuado a su expresión artística, también se enfrentó al peor oleaje de mortandad en la unión americana a causa del SIDA. Miró de cerca la muerte de prácticamente todos aquellos a quien amó. La soledad, la mutación de sí mismo, su reclusión en guettos oscuros y en recovecos desconocidos, pueden leerse en sus canciones que son mucho más que simples canciones, también son llantos femeninos dolientes, efluvios marítimos trastocados por los caprichos lunares, vendavales tropicales, lamentos de dragón:

“Espero que haya alguien” (“Hope there’s someone”). “Espero que haya alguien / que cuide de mí / cuando muera, cuando desaparezca. / Espero que haya alguien / que le dé la libertad a mi corazón, / tan bueno que me aguante cuando esté cansado. / Hay un fantasma en el horizonte / cuando me acuesto. / ¿Cómo voy a poder dormirme por la noche? / ¿Cómo voy a recostar la cabeza? Tengo miedo de ese lugar/entre la luz y ninguna parte/No quiero ser a quien/dejen abandonado allí.”.

 

En su adolescencia, gustaba de imitar a Alison Moyet, Boy George, Nina Simone, sin saber que años después tendría el honor no sólo de prestar voz a sus covers, tampoco imaginó que compartiría escenario con alguno de ellos, como es el caso de Boy George, con quién grabó una de las canciones más bellas de su trayectoria: “You´re my sister”.

Una vía sensible para entender su transformación, es el disco I´m a bird now  material discográfico  reconocible como una fortísima metáfora sobre su transexualidad. Cada Track cuenta a pasos  alegóricos, de sensibilidad violenta, el duro proceso que experimentó en su paulatina mutación. Cuento aparte merecen las notas que sus padres escribieron en el interior del book, ese par de garrapateos valen comprar el disco.

En sus giras internacionales, gusta de “transgredir” de manera virtuosa la cultura del país que visita, disfruta tantear las fronteras del pensamiento cultural de la óptica social, que lo miran con curiosidad, morbo o devoción. Es de esperarse que Europa sea el lugar dónde mejor es acogido. Sus conciertos más memorables han tenido el privilegio de disfrutarlos los suecos, suizos, noruegos, españoles, etc. Aunque él reconoce que la mayor resonancia emocional la ha vivido en Portugal. Pocas culturas pueden sensibilizarse en tanta medida con la melancolía como el pueblo portugués. En USA, en contraste, es frecuente que la prensa –por ejemplo- esté más preocupada por preguntar de qué color es su ropa íntima, si utiliza el w.c. de  damas o el tipo de sexualidad que practica. El respeto que profesa a la comunidad transgénero, lo obliga a mantener un discreto perfil.  A lo que yo me pregunto: ¿qué tipo de resonancia encontraría este dragón en nuestro país? ¿cómo lo trataría la prensa? ¿nuestras autoridades? ¿qué declaración pronunciaría la iglesia católica? Para muestra, les dejo este botón:

La gente no tiene tanta experiencia de haberlo pensado como yo. No es como si estuvieran hablando de esto en la escuela: ‘Muy bien chicos, este es Jack, esta es Jill, y ahí está Zane o quién sea. “Hemos crecido con la idea de que sólo hay dos maneras de educar a los niños: el modelo rosa y el celeste. Que Dios prohíbe transgredir esos límites”. Como una de las pocas personas transgénero destacadas, ¿siente que es su deber decirlo en voz alta? “No lo veo como deber”, dice, “lo veo más bien como un placer”. Afirma que ahora se siente agradecido de ser trans: “Expresivamente, emocionalmente, como artista, como cantante”. Sin embargo, hay una diferencia entre un adulto trans famoso y un niño trans; crecer debe haber sido aterrador. “No”, dice. “Porque nunca fui otra cosa. Simplemente era mi naturaleza. Aunque los demás dijeran que me iba al infierno”.

Declaraciones como la anterior o las que ha hecho sobre la ambigüedad sexual de Jesucristo, quizá le provocaría un entuerto a los “jerarcas” católicos de nuestro país. O ustedes, ¿qué creen que pasaría si Norberto Rivera leyera que A.H. escribió la canción “Holy Mountain” pensando que Jesús es una niña? Bueno, y adicional a ello, una niña afgana. Dudo mucho que el santo varón que gusta de usar túnicas femeninas, entienda que el mensaje del cantante es señalar del profundo daño que provoca al equilibrio natural del hombre, la práctica de un monoteísmo patriarcal y que el mundo NECESITA urgentemente una “perspectiva profundamente femenina”. El mensaje es simple. La evolución y la estabilidad humana estriban en gran medida en el entendimiento de nuestra identidad y la de los otros. El no etiquetar ni catalogar crea precisamente ese equilibrio natural. Provoca paz en lugar de enfrentamientos.

Hace días me indignó muchísimo una nota en la que un médico denuncia que el LÍDER SINDICAL  Ricardo Hernández ha puesto en riesgo a atención médica a más de 7 mil personas aquejadas con el virus del VIH, aduciendo los más impresentables argumentos. ¿Cuestionar atención médica a pacientes  transexuales por no saber cómo llamarles si su nombre no corresponde a sus documentos de identidad? Me declaro incompetente para entender cómo trabajan algunas mentes que son todo, menos humanas. ¿Qué pensaría este líder sindical si supiera que para A.H. “entre los transexuales están las criaturas más evolucionadas y hermosas del planeta”? ¿Pediría un taxi, solicitaría ciudadanía lituana, le daría vergüenza? Nuevamente sé cuál es la respuesta. La apreciación artística no está en los genes de cualquiera.

Porque no cualquiera hechiza a Tom Waits, Lou Reed, Leonard Cohen, Isabel Coixet, David Byrne, Pedro Almodóvar, Björk, Dennis Hooper, Rufus Wainwright,  entre otros grandes consagrados de las artes. No cualquiera nos muestra sus heridas y nos permite conocer ¡al fin! el interior sangrante de una leyenda etérea; no cualquiera podría presumir no entender si su naturaleza humana, ni siquiera humana sea. No cualquiera renuncia a su masculinidad sin asumirse como una mujer y cantar que ya no es un niño para gritar en uno de los mejores discos de esta década que simplemente es un pájaro (“I Am a Bird Now”.)– despojándose así de toda humanidad-, aunque secretamente, para mis ojos sea hoy y mañana, un hermoso y doliente dragón.

Señoras y señores, con ustedes: Antony Hegarty.

I Fell In Love With A Dead Boy

I find you
With red tears in your eyes
I ask you what is your name?
You offer no reply
Should I call a doctor?
For I fear you might be dead
But I just lay down beside you
And held your head

I fell in love with you
Now you’re my one and only
All my life I’ve been so blue
Bu in that moment you fulfilled me
Now I tell all my friends
I fell in love with a dead boy
I tell my family
I wish you could have met him
I write letters to Australia
I throw a bottle out to sea
I whisper te secret in the ground
No one’s gonna take you away from me!
I fell in love iwth a dead boy
Oh such a beautiful boy
I asked him are you a boy or a girl?

Hope there’s someone.

Hope there’s someone
Who’ll take care of me
When I die, will I go

Hope there’s someone
Who’ll set my heart free
Nice to hold when I’m tired

There’s a ghost on the horizon
When I go to bed
How can I fall asleep at night
How will I rest my head

Oh I’m scared of the middle place
Between light and nowhere
I don’t want to be the one
Left in there, left in there

There’s a man on the horizon
Wish that I’d go to bed
If I fall to his feet tonight
Will allow rest my head

So here’s hoping I will not drown
Or paralyze in light
And godsend I don’t want to go
To the seal’s watershed

Hope there’s someone
Who’ll take care of me
When I die, Will I go

Hope there’s someone
Who’ll set my heart free
Nice to hold when I’m tired

América Pacheco.

 

Nota: Agradezco entrañablemente a Fernando Aceves por dejarme usar la hermosa fotografía que tomó a Antony Hegarty y que encabeza mi texto de hoy. Eres un maestro Fernando, gracias.

Créditos: El País, The Guardian, Radio-free Europe y Blogs de la gente.

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