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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Esta no es una reseña: DEVS
La ciencia ficción es el género más importante para comenzar a enamorarse de la literatura, principalmente en los primeros años de la adolescencia.
Por América Pacheco
21 de abril, 2020
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Amar la ciencia ficción a los 44 años suele confundirse con una distrofia intelectual. Hace veinte años solía avergonzarme de confesar en voz alta mi decanto por el género más menospreciado entre los puristas de la literatura. Mientras me acerco con pasos más firmes a los cincuenta, he aprendido a comprender que viví años equivocada. La ciencia ficción es el género más importante para comenzar a enamorarse de la literatura, principalmente en los primeros años de la adolescencia.

El fin semana pasado atendí sin reservas a una irresistible recomendación de darle la oportunidad a la serie DEVS (FX). Recomendación que se convirtió en un maratón, porque la devoré de principio a fin de una sentada. Ocho horas consecutivas sin descanso causaron un efecto profundo en los pasillos hambrientos de mis túneles cerebrales. Y les voy a contar por qué.

Alex Garland -el creador de la serie- es un escritor y director de cine que los amantes del género recordarán con facilidad. Garland ha dado un par de grandes aciertos en los pedregosos terrenos de la cinematografía de los últimos seis años, gracias a dos películas de ciencia ficción tan alucinantes como filosóficas. Principalmente su opera prima: Ex Machina. La segunda, Annihilation es un producto con fisuras, sin duda; aunque de tesitura deslumbrante y existencialista.

Todos los guiños parecen indicar que a Garland le preocupa la recepción de la crítica a su trabajo tanto como la vida sexual de los pájaros carpinteros. Prefirió apostar por llevar su más reciente trabajo a los senderos de las series que de los filmes. Ocho horas siempre serán mejores que dos para tomarte el tiempo de utilizar a la física cuántica como eje narrativo de una historia compleja, dramática y que combine las premisas más distintivas de sus anteriores trabajos: una compañía tecnológica de primer nivel, un científico excéntrico de moral ambigua que desarrolla tecnología sofisticada y un puzzle existencial de la más fina manufactura.

Foto: FX/Hulu

DEVS es un homenaje brutal a la más pura y dura ciencia ficción que oscila alrededor del espectador para contarle la historia de tres personajes principales. El primero es Forest (Nick Oferman) CEO de Amaya, espectacular compañía de tecnología ubicada en Sillicon Valley. Nick es genio, multimillonario y prófugo de una crisis existencial. Ha inspirado todo el propósito su trabajo más importante: DEVS (sector de elite dentro de su imperio) en Amaya, su hija fallecida tiempo atrás. Lily (Soyona Mizuno) es una ingeniera en informática brillante, quien decide comenzar a investigar la división de desarrollo secreto de Forest, una vez que su novio Sergei (Karl Glusman), desaparece misteriosamente en su primer día de trabajo en Amaya. Y finalmente, Katie (Alison Pill) es la desarrolladora principal del sistema Devs, mano derecha de Forest y la pieza clave para entender la complejidad sobre la naturaleza de las decisiones y de los múltiples saltos cuánticos de la materia en infinitos puntos en el tiempo.

Garland se prende con grandilocuencia del determinismo, ciencia filosófica que guía y sumerge al espectador en la creencia de que todos y cada uno de los eventos de la humanidad, desde el inicio de los tiempos están completamente determinados por causas previamente existentes. Las elecciones visuales que utiliza son tan inusuales como exquisitas. Por momentos, cuando nos presenta las vísceras del proyecto DEVS es como si hubiera encontrado la manera de darle a un experimento científico la misma tesitura de un cuadro de Gustav Klimt.

Como toda disertación filosófica que se respete, la historia nos mostrará dificultades para acotar con claridad a los héroes y a los villanos. Afortunadamente, la historia está tan bien contada que las pistas que se pondrán en nuestro camino se desdoblarán con la suficiente cautela para no dejar paso a ninguna especulación. Nada es lo que parece. Devs no es un thriller conspiranoico (aunque tenga suficientes elementos para que lo sospechemos en el primer capítulo), tampoco la narración es tan simple como insondable, es tan elemental como sofisticada. La fuerza motriz que mueve los hilos de Devs es la misma de los anhelos primigenios: aún no existe un ser humano capaz de lidiar con su pérdida más profunda sin dolor. La premisa del hombre y su búsqueda para cambiar el pasado y la abjuración a todo fundamento moral con tal de recuperar lo perdido y que la física cuántica afirma que es imposible de recuperar. Imposible no empatizar ante semejante propuesta narrativa.

Foto: FX/Hulu

DEVS no es la serie perfecta. Probablemente competiría con fiereza con las grandes ligas si hubiera prescindido de -lo que considero a título personal- la única debilidad de la producción: el cast.

El gran actor Nick Offerman ha chapoteado con tanta brillantez en el género de la comedia que, a pesar entregarnos la interpretación exacta de un hombre roto, exactitud no es lo que un personaje como Forest necesitaba. Oscar Isaac fascinó a troyanos y aqueos en Ex Machina. La profusa complejidad de Devs necesitaba un actor no solo de altos registros actorales. Todos amamos a Nick, pero la historia necesitaba una personalidad de fascinantes tintes psicópatas para alcanzar el nivel de obra maestra.

Lo puntos de mayor fortaleza de la serie son la complejidad de los diálogos porque eclipsan los espléndidos efectos especiales y el sonido. La prodigiosa partitura está diseñada quirúrgicamente para calzar con las emociones de los personajes de tal manera que logra el mismo efecto que la tecnología de los cines 4DX. El espectador es capaz de bailar, saltar, sentir el agua en la dermis. Pero también la angustia y el dolor.

Finalmente, las implicaciones narrativas de la serie son brutales y los diálogos, sílabas de otro soneto. Los capítulos 7 y 8 son poesía literal y figurativa que funde en el mismo flujo dialéctico los pilares fundamentales de la filosofía y las teorías físico-cuánticas del principio de incertidumbre. Los monólogos sobre los ciclos de causa y efecto del universo se insertan en las conversaciones de los personajes con tanta soltura que pillan al espectador completamente desprevenido. Como todos sabemos, yo no soy experta y esto no es una reseña; así que, desde mi muy campesina perspectiva, me gustaría recomendar esta serie exclusivamente a los devotos lectores de ciencia ficción. He leído un puñado de reseñas que destrozan la obra de Garland y califican a los diálogos entre soporíferos y promotores de apoplejía cerebral. Y no entiendo, de verdad. Abordar la superposición cuántica, la complejidad de la existencia fatua, los pilares de la física teórica, la exploración del principio de incertidumbre, las probabilidades que ganan y destruyen mundos mezclados con sonetos de Shakespeare; probablemente no es el plan dominical ideal de chill & Netflix con tu chica. Pero si eres un freak que ama los debates sobre el determinismo, el libre albedrío y sus dimensiones filosóficas, Devs es definitivamente para ti.

Foto: FX/Hulu

Stanislaw Lem (mi escritor favorito de ciencia ficción) creía con todos sus huesos que la ciencia debería ser considerada como un detonador del bien y que los hombres de ciencia deberían de encarnar a los santos modernos y creo con todas mis células, que aprobaría un apostolado científico tan honesto como este. La relación entre los humanos y la tecnología nunca dejará de ser un bocado exquisito. Y la búsqueda de conocimiento y control entre el espacio y el lugar que ocupamos en el mundo no dejará de ser un banquete. Tal y como Lem lo hubiera querido.

@amerikapa

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