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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Fractales
Por América Pacheco
17 de febrero, 2012
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Para Ana Francisca Vega y Daniel Moreno Chávez – mis queridos editores- con gratitud fractaria.

 

Hace poco menos de una semana, cumplí un año desprestigiando el oficio escribano, con “Pluma, lápiz y cicuta”, mi espacio en mi casa editorial Animal Político. El texto que marcó mi debut se tituló: El cuento de mi vida (crónica de mi primer visita a París y breve génesis de mi francofilia). Lo curioso, es que de manera fortuita, mi colaboración de hoy se cincela caracter a caracter, desde el interior de un confortable hotel ubicado en el Quartier Latin, V° distrito de la capital de Francia.

Aunque resulte difícil creerlo, he visitado más veces esta entrañable ciudad que en el puerto de Acapulco, por lo que me resulta sencillo internarme en las entrañas de sus callejuelas para vagabundear con el propósito de comprar pan en la Boulangerie Censier, un acondicionador para el pelo en Franprix o manzanas en el mercado de la rue Mouffetard, y sentirme como si en casa estuviese. París, ha dejado de tener para mí ese cariz cosmopolita, porque dejé de asombrarme con el entorno. Sin embargo, al hacerlo, me he reconciliado con su más entrañable cliché: la inspiración literaria (¿o acaso no me encuentro en su alma mater?). Es fácil entender la fascinación de tantos otros, otras tantas veces por tropezar con la insuflación narrativa que todo escritor espera-aunque nunca lo admita- en este elegante cementerio de elefantes literarios. La arrogancia de escribir una novela en una buhardilla en La Marais, no significará una ambición irrisoria, -quizá presuntuosa- pero nunca descartable si la suerte lo permite.

Este viaje ha sido el más importante de todos los que he hecho. Alcancé un punto de identificación sobria e introspectiva. Desde hace dos semanas mi mente se desplazó  a una coordenada en la que nunca imaginé orbitar; mi naturaleza geométrica obtusa, devino en un objeto fractal, al que me está costando mucho trabajo reconocer como propio.

 Conforme a la definición del que encontré en Third.Apex.Fractovia, un fractal, es un objeto que exhibe recursividad o autosimilitud a cualquier escala. En términos algorítmicos, un elemento que posea cualidades recursivas, tendrá también la facultad de solucionar una incógnita en términos prácticos: sólo necesita llamarse a si mismo

Cito a Third.Apex.Fractovia: “Otro aspecto importante sobre los fractales es que su dimensión es fraccionaria. Es decir, en vez de ser unidimensional, bidimensional o tridimensional (como es el para los objetos que nos son más familiares), la dimensión en la mayoría de los fractales no se ajusta a dichos conceptos tradicionales. Más aún, su valor raramente puede ser expresado con un número entero. Esto es, precisamente, lo que les ha dado su nombre. . .

No obstante, los fractales están por todas partes. Hay muchos objetos “ordinarios”  que debido a su estructura o comportamiento, son considerados fractales naturales: Las nubes, las montañas, las costas, los árboles y los ríos son fractales naturales; se diferencian de sus contrapartes matemáticos por ser entidades finitas en vez de infinitas”.  No pude encontrar una definición tan precisa como la naturaleza fractal para describir mi talante actual. Precisamente en esta zona geográfica me han sumergido en atmósferas matemáticas-geométricas, con fascinante luminosidad. No soy entera, ni un número: soy irracional, compleja, soy fragmentos minúsculos con semejanza a todo lo que me reflecta. Como “el polvo de Cantor, “El  triángulo de Sierpinski, la curva de Koch, el romanescu, el nautilo, como las nubes: así soy.

Mi aeon: memoria y medida de tiempo indefinido.

 

Existen pocas personas lejos de mi entorno, con quien pasar el tiempo es un auténtico deleite. De este lado del Atlántico, esa persona se llama Sépànd  Danesh. Él, nació en Irán y yo en México. Él, vive en París, y yo en Distrito Federal. Él, en las cercanías de La Défense, yo en las de Cuemanco (que lo anterior sirva para  documentar contundentemente mi bad timing), aún así, le debo más que un simple descubrimiento geométrico. Comunicarnos no ha sido fácil, sin embargo, conseguimos la nada despreciable tarea de confiar uno en el otro. He aprendido a traducir con facultades sensoriales -más que lingüísticas- la esencia de su naturaleza, pero sobre todo, sus proyectos artísticos.

 

Ha dejado de ser el Sépànd que entrevisté en su atellier de l’École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de Paris hace dos años. Después de exposiciones individuales y colectivas fuera de Francia y de elaborar diseño gráfico y fotográfico del “Fragments” libro a propósito de los poemas y escritos de Marilyn Monroe (Stanley F. Buchthal & Bernand Comment, Editorial Seuil). Ahora –a la par de su prolífica creación plástica- desarrolla su obra de arte por conductos básicos; volvió a los orígenes: papel, lápiz, dibujo. El trazo atropellado en el metro: 4.5 Milllones de personas que transitan en este medio, se antojan materia prima inagotable. Experimenta la improvisación con proyectos que emerjan desde las fauces de la cotidianidad. Trazo de identidades múltiples, fragmentación del tiempo y contexto social poderoso y lúdico.

 

Gracias a uno de sus proyectos, he conservado la costumbre de atesorar mis tickets de consumo en ocasiones excepcionales o cuando quiero recordar un momento trascendente. Ahora, también guardo los registros de la intervención de mi humanidad en el mundo con la simpleza de un documento de apariencia insignificante, guardo la documentación de mi existencia. He vuelto a los básicos. Me gusta racionalizar mi intervención orgánica, presencial y tangible en la creación de un todo. El trazo de mi propia imagen realizada en Le Fumoir, me mostró detalles que no lograron en el pasado cientos de espejos. Los fragmentos me interesan más que la composición u objeto principal. Cuando anulas el objeto que sostiene la mano, sólo te queda la mano, en ella se encuentran composiciones plásticas de enorme riqueza. El sol y el dibujo coadyuvaron a mi favor.

 

Les recomiendo explorar la página de Internet de su trabajo artístico y los invito a buscar el dibujo que me realizó. Jueguen, diviértanse y observen la vida en silencio. Les dejo el link.

 Quisiera terminar este artículo de aniversario como colaboradora en este espacio, con un breve mensaje al artista:

Sé:

 Hoy, más que nunca, deseo continuar mi labor de escribir sobre mis experiencias como transeúnte, como testigo y cronista de lo que he visto en este país tan dispar al mío con mayor soltura, gracias a la inspiración de tu lenguaje y melancolía.

 

 Describir la capital de Francia es un raro experimento donde el resultado mas sorprendente es encontrar el arte oculto en lo cotidiano. Reafirmo mis impresiones sobre ti y que no han cambiado desde aquella noche septembrina de 2009 cuando tuve el privilegio de conocerte en la Ópera. Ahora que formo parte de la fractalidad de tu arte, es más fácil descubrir mi propia luminosidad. Alguna vez John Reed hizo la dedicatoria más noble de un libro que he leído en este mundo de canallas: “ser tu amigo es tratar de ser más honesto intelectualmente”. Robo esta frase y la dedicatoria entera sin culpa. Es como si yo la hubiera escrito, porque lo siento de corazón.

 Probablemente no regrese a Francia por largo tiempo, aún no me queda muy  claro. Quizá te reencuentre pronto, en Madrid, España. Todo depende de factores etimológicos y nuestra buena estrella (de esos, hablaremos después, en otro espacio, con puntual detalle). Pero siempre te recordaré como el sol iraní de esta orgullosa e histórica nación. El sol de Francia. El artista. Mi amigo: Sépànd Danesh.

Gracias una vez más por regalarme brevemente sus ojos lectores.

América Pacheco. Quartier Latin, París.

Nota: Le Fumoir es un encantador café ubicado en rue de L´Amiral Coligny -justo al costado del Musee de Louvre-; después de mi almuerzo con el artista decidí meterme a retratar algunas obras maestras para fotografiar únicamente fragmentos. Prometo compartir en mi siguiente entrega.

 

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