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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Lem y los libros imaginarios
Por América Pacheco
7 de octubre, 2011
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“De la vigilia que nunca nos abandona, no hay otro despertar más que la muerte”

– Stanislaw Lem.

Para el papá de Porky y Elisa, porque hizo esto posible.

No olvido el año: 1994. Lo recuerdo perfecto, porque fui la única persona de mi generación -que yo conozca- a la que no le gustó la película de Matrix. Salí del cine con la misma sensación que experimentan las personas cuando se saben timadas arteramente. A pesar de que los efectos especiales convirtieron a esa cinta en un clásico instantáneo, sentí que la historia me quedó muy corta. Pero la culpa no fue mía –lo juro- la culpa la tiene la novela  “El congreso de futurología” y su autor, Stanilslaw Lem; uno de los dioses de mi Olimpo personal.

Stanislaw Lem (Los astronautas, La Nebulosa de Magallanes, Solaris, Retorno a las estrellas, Fábulas de Robots,  Ciberiadas, etc) nació en 1921 en Lvov, Ucrania y a lo largo de su larga vida (murió hace tan solo tres años), sirvió con ahínco a dos principales propósitos: enseñar literatura polaca en la Universidad de Cracovia y escribir los más sorprendentes libros de ciencia ficción en la historia de la literatura universal.


Resulta complejo encasillar su prolífica obra, meramente en el campo de la ciencia ficción, ya que su narrativa está plagada de profundas referencias filosóficas, psicológicas y científicas. Se salvó en su juventud de un campo de concentración, para concluir sus estudios de  medicina y psicología. Gracias a ello consiguió la suficiente materia prima para desentrañar con soltura e ironía, las dolencias más profundas del pensamiento humano, usando a pinceladas; su fina narrativa del conocimiento.

Aunque no sea de ninguna manera su obra más conocida, leída o analizada, “El congreso de Futurología (1971)” es el libro que consiguió sorprenderme como ninguno en la adolescencia. El protagonista de esta novela corta es el astronauta Ijon Tiichy (recurrente héroe quien vio la luz literaria en “Diarios de las estrellas”, su segundo material fantástico publicado en el año de 1957) cuyos viajes y aventuras, alimentan intrincados relatos sobre el apocalíptico futuro que Lem vislumbró como único destino a la humanidad. La parodia y el absurdo, parecen ser la ruta de este peculiar relato. Titchy  recibe invitación para asistir a un congreso -cuya sede es Costarricania- exclusivo para futurólogos en un descomunal hotel en el que se buscará encontrar las respuestas para evitar la hecatombe mundial. Aunque nuestro entrañable astronauta encuentra más que respuestas o solución alguna al inminente Apocalipsis, ya que descubre fortuitamente que la hecatombe hace mucho que los cubrió. Los grandes gobiernos han evitado a toda costa el derrumbe de sus imperios mediante el suministro de drogas. Es decir, la benefactorina, el altruismol, la  credibilina,  o el felicitol, son las armas que se utilizan para controlar con sumisión a la humanidad. La victoria de la revolución química al servicio del “bienestar humano”. No existen emociones emanadas de la naturalidad de los individuos, ya que todas son inducidas. El amor, el odio, el perdón, la perfección, la rebelión… están al alcance del supresor o estimulante adecuado. Todos pueden ser dios. El mundo puede ser perfecto con sólo desearlo. Lamentablemente, ya no queda mucho mundo y nadie lo intuye siquiera. La realidad es tan perturbadora que se oculta a rajatabla. La percepción del mundo es alterada en su totalidad, porque el presente es aterrador. El autor profundiza en la ética, en la inmoralidad de la manipulación social, emocional. Consigue transmitir lo indescriptible mostrando la devastación mediante un recurso narrativo simplista: dejando la construcción total de la imaginación futurista al lector. Su descripción apocalíptica es sobria y en primera persona, es más un diálogo interno que una  crónica. Por eso no me gustó Matrix. Mi imaginación es rabiosa, Titchy es más entrañable e irónico que Neo y Lem infinitamente más talentoso e intimista que los hermanos Wachowski.


Stanislaw Lem es un autor que debería de ser leído por todos -sin excepción-, lo digo en serio. Lamentablemente el estigma que carga la ciencia ficción como lectura ligera no ayuda mucho, tampoco ayuda que se le encasille como un escritor exclusivo de esa corriente literaria, porque no es así. Leí hace poco que “Lem, Kafka, Carroll, Swift…cada uno a su manera, nos recuerdan que la aparente solidez de nuestras estructuras no es mayor que la de un decorado de cartón-piedra. Nos obligan a enfrentarnos con la fragilidad de los presupuestos de nuestra cultura, de nuestra pretendida lógica.” Todo, con el poderoso influjo de su desbordante imaginación.


 

No existe mejor ejemplo que el libro Vacío perfecto.

Cuando pensé que había leído todo sobre S.L, cayó en mis manos este título, que es una verdadera joya.


 

Vacío perfecto es más que una colección de críticas literarias y científicas. Es una reflexión mordaz, un brillante galimatías y un auténtico experimento literario, porque todos los libros reseñados son imaginarios. Este recurso expositivo no es nuevo, ya que autores de la talla de Borges, Rabelais o Swift, hicieron lo propio. Pero ninguno trastoca tanto el género con la profundidad de Lem. Todos los autores son ficticios y uno acaba por lamentarlo. Es tan sorprendente el desborde imaginativo del autor, que conflictua el hecho de que ninguno de esos libros se haya publicado nunca, que jamás se publicarán. Sólo formaron parte de un fragmento creativo que habitó en el recoveco más escondido del escritor ucraniano.

Aunque “Les Robinsonades”, “Gigamesh”, “Idiota”, “Rien de tout, ou la conséquence”,” En Gruppenführer” o “Sexplosión”, pudieron haberse convertido en notables novelas, mi parte favorita es el prólogo.

El prologuista, disecciona mediante  un análisis crítico y filoso como escalpelo, al oficio del autor, utilizando un método despiadado. Las primeras líneas del prólogo es elocuente: “La crítica de libros inexistentes no es una invención de Lem. Encontramos intentos parecidos, no sólo en un escritor contemporáneo como J.L Borges, sino en otros mucho más antiguos, y ni siquiera Rabelais fue el primero en poner práctica esta idea. Sin embargo, “Vacío perfecto” constituye una especie de curiosum” .. “¿cuál fue su propósito? ¿el de sintetizar la pedantería o la broma? Sospechamos que en este caso se trata de un subterfugio jocoso, viéndose confirmada esta impresión por la introducción, interminable y teórica…Lem tuvo miedo de las dificultades implicadas en cada uno de los títulos. Prefirió no arriesgarse nada, guardar la ropa y salirse por la tangente”

Cada una de las críticas hechas a los libros y autores imaginarios, pasan por nuestros ojos con crudeza y limpidez. El prólogo los despoja de cualquier tipo de artificio y le brinda un alivio al lector para entender el variopinto experimento que lo atrapa a pesar de su complejidad. Porque se requieren tres galaxias de talento para concebir 15 novelas, dotar a sus embrionarios protagonistas de personalidad y vida propia; desarrollar los argumentos, debilidades y fortalezas narrativas de cada ejercicio; para que el prólogo regale uno de los guiños más ingeniosos y nos invite a ser cómplices preparándonos para lo mejor:

..”Vacío perfecto es una narración sobre las cosas deseadas, pero imposibles de obtener. Es un libro sobre sueños que jamás se cumplen. Y el único ardid que le queda todavía a Lem sería un contraataque: afirmar que no fui yo, el crítico, sino, él mismo, el autor, quien escribió la presente reseña, e incluirla, como un texto más, en Vacío perfecto.”

Lecturas como esta nos rescatan de los profetas de la esterilidad inventiva y de los que tanto adolecemos. Este pequeño libro escrito en 1971 es una obra maestra.

Lean. Imaginen. Descubran a uno de los mejores escritores de la literatura contemporánea. Me lo van a agradecer toda la vida. De nada.

América Pacheco.


 

P.D. Solaris merece misa aparte.

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