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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Los renglones torcidos de Dios
Por América Pacheco
18 de agosto, 2011
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“Las personalidades especialmente exquisitas
son más vulnerables que las zafias;
del mismo modo que una  taza es más frágil
cuando mayor de mayor calidad sea la porcelana”.

-Torcuato Luca de Tena.
Para Milosz Boban, mi sociópata favorito.

 

 

 

En días pasados, recibí dos señales que definieron el rumbo de mi texto de hoy. Aunque no lo parezca, prácticamente todos mis escritos me encuentran a mi, no yo a ellos, así nomás, como si la casualidad existiera.

 

Primera señal.

Hace un par de semanas, me tropecé  -literal- con un viejo libro que me prestó un amigo muy querido (y que no he tenido a bien devolverle). Este libro llegó en el momento justo para ser releído y reforzar ciertos conceptos personales. El libro de marras es una novela escrita en el año 1979 por el escritor, periodista, miembro de Real Academia Española, Torcuato Luca de Tena y cuyo título reza: “Los renglones torcidos de dios”. Para aquel despistado que no haya tenido la oportunidad de hojearla alguna vez, puedo aventurarme a recomendar que lo haga. Es una lectura básica para entender de manera humana la locura y sus puñados de variantes. Una de las razones más poderosas que tengo para asegurar que Luca de Tena realizó una enorme radiografía de la locura, es que para documentar su historia, se internó de forma voluntaria en el Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de la Fuentecilla (asilo que albergaba más de 800 alienados) para observar de manera microscópica el comportamiento de los desafortunados internos que habitan estas instituciones.

El resultado final es sorprendente y desolador.

 

Segunda señal.

Platicando con un amigo egresado del CUEC, me contó que para desarrollar el guión de su “opera prima” cuyo argumento central giraba en torno a la locura del protagonista -cabe señalar que además de escribir el guión y dirigir la cinta, él mismo interpretaría al personaje principal-, tomó la decisión de internarse un par de días en una institución mental para darle el mayor realismo posible a su interpretación y al desarrollo del argumento. Lo que me contó fue aterrador. Y algo en específico me inquietó sobremanera. Mi amigo afirma que mientras sea más profundo el daño psiquiátrico del paciente, su apariencia resultaba más normal que de aquellos que tenían padecimientos menos severos. Los enfermos que habían cometido los crímenes que ni ustedes ni yo podríamos imaginar, eran los que a simple vista se observaban más apacibles y encantadores.

Si me lo permiten, compartiré el complejo escenario de la novela y por qué es importante entender con claridad sobre los trastornos de la mente, para no etiquetar de manera irresponsable a cualquier persona afectada con algún padecimiento de naturaleza perturbada.

 

El personaje central es Alice Gould, una brillante y misteriosa mujer inglesa que para cumplir con la delicada misión de obtener el nombre de un peligroso homicida, acepta internarse en un hospital psiquiátrico. En ese hospital, se encuentra un paciente que conoce la identidad del asesino que ella busca. Su deber es encontrarlo, escudriñar su mente, obtener la información precisa y salir del psiquiátrico con el diagnóstico satisfactorio de los médicos. Todo se complica cuando las dos únicas personas que conocen la naturaleza de su misión, desaparecen y debe asirse a su inteligencia, a su cada vez más endeble lucidez y a un peligroso interno, para conseguir escapar de un infierno que pocos somos capaces de imaginar.

Mediante los ojos de Alice, se nos muestra una escalofriante gama de desequilibrios mentales y sus clasificaciones más comunes (con su correspondiente dosis de tristeza y profunda devastación humana). El siguiente extracto de la novela es más que elocuente:

 

“A partir de ahora tendría que moverse en la multitud de seres cuyas úlceras no estaban en la piel o las entrañas, sino en la mente: individuos llagados de espíritu, tarados del alma. De todas sus investigaciones, esta iba a ser la más ingrata, porque habría que hundir los brazos hasta los codos en heces vivas, en detritus de humanidad”.

 

Los entrañables pacientes de la novela, son el arquetipo perfecto de las enfermedades mentales más frecuentes, lo que humaniza sensiblemente la percepción de estos padecimientos, porque aprendemos a conocer sus trágicas historias, la cotidianidad de sus dolencias y el sufrimiento de su alma. Gracias a “La mujer cíclope”, los gemelos Rómulo y Remo, “Charito” López, Carolo Bocanegra o Ignacio Urquieta, nos introducimos pausadamente a las profundas aguas de las enfermedades mentales.

 

Algunos especialistas  tipifican a las enfermedades mentales de acuerdo al grado de daño que pueden inferir en la corteza cerebral de un individuo y las agrupan en dos tipos de trastornos: los orgánicos y no orgánicos.

I.- A los trastornos mentales orgánicos se les considera los más delicados, ya que al ser provocados directamente por causas fisiológicas (quizá desencadenadas por alguna lesión en el cerebro o por algún defecto genético) la sintomatología que presentan (alucinaciones, obnubilación de conciencia, percepción de un entorno y realidad alterados, etc), resultan ser los más difíciles de tratar y por ende, restringen de manera sensible la integración social de quién la padece.

Renglón Primero: Deficiencia mental ligera u oligofrénica.  Una persona aquejada por un padecimiento como este, regularmente posee un coeficiente intelectual bajo (entre 55-75). Su comportamiento general, puede equipararse al de un niño de entre 3 y 7 años aprox.  Difícilmente podrán alcanzar  una maduración emocional o psicomotora más allá de los once años de edad, pero si el coeficiente intelectual es menor a 25, la recuperación es irreversible, porque en esta escala, el enfermo es incapaz de hacerse cargo de sus necesidades más elementales. Sus capacidades motoras son nulas y su atrofia mental los arroja sin piedad al mundo de la más oscura catatonia.

Renglón Segundo: Demencia. La demencia es un padecimiento degenerativo-progresivo-crónico de las facultades mentales. Afecta principalmente a la memoria, la retención de pensamientos importantes y provoca episodios violentos a quien la padece.  La severidad del trastorno influirá categóricamente en las capacidades motoras.

 

Renglón Tercero: Psicosis. La psicosis se caracteriza básicamente en dos tipos de trastornos: psicosis endógena y exógena. Ambos trastornos suelen ser provocadas por un sinnúmero de factores, principalmente genéticos, orgánicos y somatológicos. Se reconoce principalmente por la manifestación de inclinaciones reprimidas por el subconsciente, provocando pugnas tormentosas entre lo verdadero y lo irreal.

El trastorno endógeno (o psicosis maniaco-depresiva) se nutre de sentimientos de culpa, impotencia, invalidez de espíritu. La melancolía más profunda y más perenne, asolan sin motivo…se esfuma el apetito, el ánimo. El humano se vuelve indolente y el organismo decide súbitamente dejar de dormir, por ejemplo.

El trastorno exógeno a diferencia del anterior, es provocado por la pura y llana culpa emanada de algún recuerdo infame. En esta fase, la melancolía y el autocastigo es uno de los síntomas más evidentes, por lo que se acompaña de brotes de ansiedad, congoja y postración. Las manías u obsesiones que manifiestan en este trastorno, provocan crisis punzantes, dolorosas.

Renglón Cuarto: La esquizofrenia. La madre de todos los renglones. Este trastorno aqueja primordialmente a la región del pensamiento que influye directamente en campo de las sensaciones, de los vínculos emocionales con el entorno y de sus vínculos puramente lógicos. Afecta al razonamiento más elemental y esto sucede porque la esquizofrenia perturba la percepción en el pensamiento del individuo. Los desvaríos más comunes son la alteración de la realidad, incuso con alucinaciones transitorias y fragmentarias. Quien la padece es proclive al aislamiento, al desapego afectivo y al comportamiento displicente. No existe una causa raíz contundente que la provoque, pero suele ser hereditaria y se desplaza en los terrenos de la esquizofrenia hebefrénica o la catatónica. Carolo Bocanegra (personaje de la novela) ilustra este padecimiento de manera sencilla: “no era ciego, pero no ve, no es mudo, pero no habla”.

II.- Los trastornos mentales no orgánicos son considerados los padecimientos menos dolosos, porque no son producto de algún tipo de lesión estructural o traumatismo en el cerebro. También suele llamárseles “funcionales” y se desprenden generalmente de alguna vivencia traumatizante padecida principalmente en la infancia, (aunque esto de ninguna manera es limitante) o provocados por algún tumor alojado en el cerebro. Se podría considerar que la paranoia y la sociopatía son los padecimientos más frecuentes.

Renglón Quinto: Paranoia. Mientras que en los anteriores trastornos, es medianamente reconocible el identificar los síntomas, con la paranoia la complejidad para identificar los síntomas aumenta. El individuo que la padece puede ser perfectamente funcional en sociedad, incluso con sobrada inteligencia. Su comportamiento es generalmente impecable y el raciocinio puede ser su característica más preponderante. Lamentablemente, no todo es lo que aparenta. El delirio que los aqueja corresponde al campo de la grandeza, de la persecución y la realidad alterna. En su cerebro se fragmentan dos o más realidades, muchas de ellas fascinantes. Sólo en crisis agudas, crónicas y/o violentas pueden ser fácilmente identificables. Allice Goud es encasillada en este diagnóstico por sus delirantes historias de espionaje y brillante raciocinio. Embauca al lector con ese gran enigma. ¿Alice es en verdad una espía/detective o es simplemente uno más de esos torcidos renglones?

 

 

Renglón Sexto: Sociopatía. El último de los renglones, puede ser acaso el padecimiento más peligroso y aunque su trastorno parezca el de menor penetración psiquiátrica de los anteriores, es una auténtica patología. La razón es simple: un sociópata profesa peculiar desprecio por la sociedad en la que vive y las leyes o normas que la rige. Los crímenes –premeditados- los cometen ellos. La ausencia de sentimiento de culpa, empatía o remordimiento, pueden convertirlos en sujetos peligrosos en un grado severo. Son huérfanos de moralidad y del sentido más elemental de todo aquello que englobamos en el vocablo justicia. ¿Qué lo provoca? Existen muchas teorías al respecto, desde el consumo desmedido de estupefacientes, secuelas biológicas o algún daño provocado en la porción cerebral que administra la toma de decisiones y que es a fin de cuentas, el semáforo moral del ser humano.

Torcuato Luca de Tena nos regaló una novela que podría colocarse en los terrenos de la proeza literaria. No es una lectura fácil –lo advierto de antemano-; sin embargo, sí es un relato emotivo, elegante y humano. Uno de sus mayores logros, es su distintivo enfoque antipsiquiátrico. El autor profundiza en terrenos desconocidos, provisto de intensas reflexiones filosóficas sobre el comportamiento humano, sin perder nunca el sentido del humor o la piedad. Alice Gould es un personaje entrañable. A través de la poderosa construcción literaria que la distingue, podemos ser capaces de echar un vistazo a esas almas encerradas en jaulas más inexpugnables que las instituciones mentales. La locura, la verdadera locura, es cruda, despiadada, ruin e implacable.

La novela se escribió a final de la década de los años 70 y como podrán entender, la ciencia ha avanzado a pasos agigantados en los terrenos de los fármacos utilizados que ayudan a paliar los trastornos arriba descritos. Algunos medicamentos llamados neurolépticos son utilizados para controlar los síntomas más dañinos como las alucinaciones, trastornos delirantes y la maniaco-depresión. Los ansiolíticos y/o antidepresivos, aminoran considerablemente la ansiedad, la tristeza o la depresión crónica.

La conceptualización psiquiátrica ha mutado en ramificaciones diversas, ya que en la actualidad se estudian de forma aislada los diferentes tipos de enfermedades maniaco-depresivas (que parecen no dejar de aumentar). Ahora han desaparecido algunas  clasificaciones usadas en el pasado, consideradas en estos tiempos “políticamente incorrectas” por su tendencia peyorativa o discriminatoria (por ejemplo: “oligofrenia”, cuya etimología se traduce como “poca mente”).

No sé si les importe, pero mi ex marido padece de trastorno bipolar tipo I, y créanme cuándo les digo que después de comer, dormir, amar y vivir con una persona con este padecimiento, no es fácil soltar con ligereza la etiqueta de “bipolar” a su vecino, su jefe o a uno mismo. Es muy importante diferenciar puntualmente el estado mental de las personas sin atribuirles condiciones alejadas de la realidad. Parece que está de moda justificar la incapacidad propia para encarar el mundo, adjudicándose diagnósticos delicados. Distinguir entre un esquizofrénico, un sociópata o a un pendejo, puede marcar más de una diferencia. Sobre todo si los queremos y deseamos ayudarles a superar con dignidad su condición, que claramente puede ser más soportable si se encuentra el tratamiento adecuado. Una persona que posea algún tipo de perturbación como las que menciona este texto, puede ser virtuosa –que quede muy claro-  . . .dice Luca de Tena que “las personalidades especialmente exquisitas son más vulnerables que las zafias; del mismo modo que una  taza es más frágil cuando mayor de mayor calidad sea la porcelana”. Más que horrores ortográficos de una omnipotente deidad o “errores” de la naturaleza, el libro nos invita a verlos como piezas de compleja y endeble arquitectura que merecen ser tratados con una óptica más justa.

La medicina afirma que será capaz de reconstruir la personalidad primigenia de una persona trastornada de sus facultades mentales. Me gustaría verlo. Sobre todo porque cuando mis pesadillas me asaltan a traición y me devuelven a ese mundo hostil, oscuro, desolador -que me recuerda dolorosamente la primera visión que tuvo Alice cuando ingresó por primera vez a la “Sala de los desamparados”- vuelve ese punzante y helado escalofrío a mi espina dorsal.

Algún día me gustaría leer que la ciencia ha sido capaz de curar las llagas viscosas con las que locura castiga a la cordura. Si tengo oportunidad de hacerlo, una de mis heridas más escondidas, podrá –también- al fin sanar.

  

América Pacheco.  Fuente y citas: Los Renglones Torcidos de Dios. Tortuato Luca de Tena; Editorial Diana, 1981.

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