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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Lost Highway
Por América Pacheco
19 de mayo, 2011
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Para Jis, Diana y Chava, salvadores de almas perdidas.

 

 

Ustedes no saben lo que es vivir en carne propia una película de David Lynch.

 

Para ser más precisos, ustedes nunca han vivido en Lost Highway.

 

Lost Highway es una inclasificable (y para mi gusto, soberbia) cinta dirigida por el maestro constructor de las pesadillas más sofisticadas: David Lynch, aunque tal vez el vocablo “perturbador” cuaje un poco más al tratar de describir la cinta. No me desgastaré, seguro todos ustedes la han visto.

 

 

El pasado fin de semana, realicé un viaje a Zapopan en compañía de tres amigos: Ximena (editora), Rafael Tonatiuh (columnista de Milenio Diario) y Ari Volovich (líder gremial del Sindicato de Bufones indestructibles) aunque se le conozca –no siempre de manera cariñosa– desde Jerusalén hasta Ciudad Mante, por el título de “el mimo”.

 

El motivo de nuestro viaje a la hermosa ciudad jalicience, no viene mucho a cuento, o más bien, sí viene a cuento aunque a nadie le importe: festejar la magnífica dupla creativa del gran JIS (José Ignacio Solórzano) & Ari Volovich en un libro que más pronto que prontito verá la luz, refrendar nuestra amistad con la familia Solórzano y darle una razón más al alcoholismo para seguir siendo parte de nuestra frugal existencia..

 

El paralelismo con la cinta de Lynch comenzó cuando se nos escapó (así, como se escapan los perros de las correas) un libramiento a la altura de Toluca y perdimos exactamente el mismo tiempo que usa Elba Ester Gordillo en maquillarse cualquier domingo. Aunque el destino (ese canalla sin escrúpulos) me haya mandado señales inequívocas de lo que estaba por venir.

 

La primera: antes de llegar al punto de reunión, el taxista tuvo a bien desviarse de manera incomprensible por unos de los rumbos que más detesto en esta vida. El muy ladino pasó justo sobre Álvaro Obregón enfrente de los Bisquets idem -que me provocan repulsión y entumecimiento del aparato gastrointestinal- y del maldito H. Milán. Es como si ustedes caminaran graciosamente rumbo a cobrar su quincena sobre Paseo de la Reforma, y en un parpadeo, se vieran a sí mismos recogiendo basura en el Bordo de Xochiaca. Ya les contaré de dónde viene esta náusea indómita.

 

La segunda: entro a la casa de Ari y lo primero con lo que topo es con “Big Bird” (sí, el de Sesame Street) crucificado de manos y patas en el pasillo de entrada. La imagen habla por sí sola. Por un instante pensé en crucificar al maldito Volovich. Yo le había regalado el animalejo días atrás, eso era una blasfemia y un atentado contra el cariño en una misma jugada de naipes.

 

Pero la pesadilla aún estaba por comenzar.

Capítulo uno: Toluca-Michoacán.

 

Después de habernos reencontrado con la autopista correcta (entre siete y siete y media de la noche) nuestra valerosa conductora Ximena, nos informó con pasmo que las luces del auto no servían. Carajo…justo después de haber dejado kilómetros atrás a la última entidad viviente. No es un descubrimiento genial decirles que la señalización de las carreteras mexicanas apesta, ya que parecen diseñadas por un sujeto asolado por apractognosia severa (perturbación que no permite distinguir espacio, tiempo, geometría básica) y de síndrome de atención dispersa (aunque sin eufemismos de por medio, diseñadas por un rotundo pendejo), de tal suerte que guiarnos por ellos no eran la solución, porque tampoco podíamos verlos.

 

Llegó a oscuridad total.

 

La señal de mi celular menguaba sin lógica alguna porque antes de salir a carretera estaba cargado al 100. Empecé a mandar mensajes a Diana Solórzano et al, para documentar el hecho de que nos internábamos peligrosamente en la negruzca tiniebla.

 

– ¡¿Cómo, se quedaron sin luces, mi reina?! ¿Y dónde andan? respondió Diana angustiada.

 

– En algún lugar de Michoacán.

 

Contesté con la candidez propia de un niño recién enlistado en los Legionarios de Cristo.

 

La complejidad y distorsión de los oníricos hechos que precedieron a este mensaje, tomó la ruta del thriller psicológico.

 

Mi celular se convirtió en receptáculo de innumerables mensajes provenientes desde Guadalajara, Zapopan, Monterrey y Barcelona. Después de leerlos, caímos todos en cuenta de que la boca del lobo era un perfumado jardín de flores. Nuestro miedo ya no era pensar en morir por choque a traición por un trailer o en el fondo de un barranco, sino descabezados o hechos pozole por  “la familia michoacana”. Les dejo estas perlas: (los nombres de los remitentes han sido cambiados por razones de seguridad)

América: Estamos perdidos, necesitamos su ayuda.

Xóchitl Gálvez: ¿Perdidos? No se preocupen, preguntando se llega a Roma… Problemas si estuvieran secuestrados…

Monero Hernández: creo que están presos en un poema de la red social.. .

Agustín Carstens: Pos es que quien sabe cómo anden. Dicen que el mimo ese te pone bien pirata nomás de estar bajo la influencia silenciosa de su presencia física.

América: We need help! ¡Todo lo que sé es que pasamos la caseta de coltepec! (sic)

Agustín Carstens: Oiga no nos ande espantando. Identifique su problemática que tenemos contingentes coordinados para ir en su apoyo de inmediato.

Manuel Espino: America, pregunten muy bien porque ya en serio hay tramos peligrosos en Michoacán sobre todo en la noche y recomiendan no pararse ni en las gasolineras y venirse de filo; unas amistades de por allá me indicaron eso, tengan cuidado.

América: Nuestro auto se quedó sin luces en Michoacán, Tenemos miedo…

Clint Easwood: Chale… Otra opción es buscar el refugio más próximo, hasta que amanezca. En este momento estoy buscando en el mapa de carreteras de México, a ver dónde puede que estén.

Xóchitl Gálvez: No por asustar, pero mejor hay que ser cautos! esa carretera esa no esta chida de noche

Manuel Espino: Si están cerca de Morelia, yo tengo unos conocidos ahí, podría llamarlos para información y quizá algún apoyo.. (risas grabadas)

Elba Esther: Inmediatamente a una gasolinerìa ò lugar con luz…no sigan sin luz por favor Amèrica, y nos llaman…cuantos van en el carro…y en Michoacàn!!!! chin….

Agustín Carstens: Designemos a Clint para que les hable por teléfono. Ora si que por FB está medio wei el asunto. Mándanos tu cel, comadre…

Clint Estwood: Bueno, América… tal vez estés pasando Contepec… sigue Zinapécuaro, Panindícuaro, luego Ecuandureo, luego Ocotlán y La Joya, que es la última antes de entrar a Gdl.

América: ¡Acabamos de llegar a una gas!

Elba Esther: No saben donde estàn!!!!, ni en la gasolinera les dicen…Ari se perdìo en la noche..qué hacemos!!

*******

oigan, ya me volvieron a llamar, Ari está muy desesperado y ellas también, están llorando, la verdad…y no saben quehacer…ya les dije que me pongan un mensaje con el nombre del último pueblo y lo buscamos por internet..no??..eso se debería poder hacer…

Agustín Carstens: 1st rule: RELAX, no exceptions. Si Ari está haciéndole al mimo con el de la gasolinería, va a tomar tiempo…

 

 

Antes que nada, quiero hacer una aclaración. Al usar el artículo “nos” referente al pánico que flotaba en el aire, me refiero sólo a Ximena y a mí. Rafael Tonatiuh bailaba a ritmo de Adanowsky “J’aime tes genoux”, mientras que Ari –en su desquiciado papel de mimo oligofrénico y con medio cuerpo fuera del auto en marcha–, jugaba golf con los conos anaranjados de la autopista usando para ello el bastón de Rafael.

 

En efecto, encontramos al fin una gasolinera. Preguntamos si sabían cuál era nuestra ubicación exacta. Las miradas sombrías, cómplices de los empelados al escupir un inconcebible: “no sé” nos obligaron a huir de ahí lo más rápido que nuestra condición lo permitía.

 

A la altura de la autopista Morelia-La Barca encontramos un centro de zootecnia, era el disfraz perfecto, pero a mí no me engañan. Ese lugar era copia fiel de la cabaña del “hombre misterioso” (William Blake) de “Lost Highway”.

 

 

Ximena no iba a soltar el volante y yo, ni bajo el influjo del peyote sacaría mi humanidad del auto. Se bajaron Rafa y Ari. Cuando Rafa regresó, supimos que había ido a orinar a un árbol, no se le ocurrió preguntar qué diablos, dónde diablos, por qué diablos seguíamos sin conocer el punto del mapa de caminos y carreteras que nos pertenecía. Lo peor de esto es que Ari no volvía. Se tardó quince minutos.

 

Cuando volvió Ximena y yo lo miramos con una mezcla de alivio y coraje…esperamos en silencio que nos diera noticias. Se acomodó conchudamente guardando silencio, nos miró con indolencia y como si nos importara exclamó:

 

–  ¡Tengo que felicitar a estos cabrones, tienen unos baños relucientes, joder!

 

-¿Les preguntaste donde estamos, verdad?- preguntó Ximena.

 

– ¡Claro que no! ¿Saben que no hubo necesidad de poner papel en el excusado? ¡regresaría hasta acá sólo por volver a usar ese toillete!

 

Quisimos con todas nuestras fuerzas tener a la mano un machete, tener el oficio de sicario, acabar con él. Tuvo que bajarse nuevamente, mascullando maldiciones, y esta vez a preguntar.

 

Nos invadió una calma repentina. Al menos si moríamos esa noche, tendríamos el consuelo de  saber dónde se pondrían en nuestro recuerdo dos cruces junto a una estrella de David.

 

Mientras tanto, mi Black Berry enloquecía:

Clint Eastwood: Bueno, de acuerdo a la conversación telefónica que acabo de sostener con ellos, -con muy mala recepción-; este es el reporte de última hora:
Al parecer la nave en la que viaja América y Ari junto con otros (al parecer) dos tripulantes, se ha quedado sin luces, o les prenden y apagan intermitentemente… De manera que a ratos se le pegan a otro auto y a ratos… ¡se botan de la risa!, se gritan entre si y le dan manotazos al tablero (creo deducir) mientras continúan su largo y oscuro periplo hasta acá.
Esperemos que logren sortear la situación como debe ser, para que todo salga bien.

 

Agustín Carstens: De preferencia intenten dirigirse al Occidente, digo, no vaya a ser que terminen en San Antonio…

Elba Esther: ¿Si cachan, verdad? Pa dónde el sol se pone. (risas grabadas)

********

Elba Esther: ESTOY PREOCUPADISIMA!!!!!!….ESA CARRETERA ME DA MIEDO!!!!

Andan bien, creo yo, un sustito feo por aquello de quedarse sin luces, la cobertura cel. en la carretera es “rara”, ya lo sabemos. Pero bueno, ya van en el tramo final. No creo que haya problema, estoy con America.
Creo que están en un lugar conocido. Besos, cuídense, aquí los esperamos camita caliente, comida y bebida…córranle

Agustín Carstens: Y a mi me mintieron todo este tiempo: ese pinche mimo habla demasiado! Yo creí que cuando me lo pasaran iba a escuchar un silencio insondable y elocuente.

Ari comenzó a cantar a todo pulmón. Las luces del auto se encendieron súbitamente. Reímos agradecidos a cualquier providencia protectora, pero Ari se calló y las luces se apagaron para el desencanto de los cuatro. La misma cosa dos veces. Concluimos que los dioses del camino necesitaban el tributo impuro del canto de un judío canalla, tuvimos a bien no defraudarlos. Después de tres interminables horas, llegamos con al garganta casi cerrada -a la nunca en la historia de nuestras vidas- anhelada y hermosa Zapopan.

 

La familia Mayorga Solórzano nos abrazó como se le recibe a un hijo que de manera inusitada y generosa, es devuelto por la guerra una noche de luna llena.

 

Zapopan. Next Chapter . .  .

 

P.D. En esta liga pueden encontrar un resumen de 4 mil caracteres, de la crónica de Rafael Tonatiuh sobre nuestro trip.

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