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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Madrid se escribe con EÑE
Haber contado con escritores mexicanos fronterizos convirtió la gran fiesta de otoño madrileño en algarabía, reflexión y de un pretexto literario necesario a profundizar.
Por América Pacheco
25 de noviembre, 2019
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Para Blanca y Alex

 

Foto: América Pacheco.

Aterricé el lunes 11 de noviembre en una Madrid templada y nublada de 11 grados centígrados. El trauma provocado por el drama sin resolver de la maleta perdida del escritor y periodista Diego Fonseca y su activismo contra el pésimo servicio de Iberia desde su cuenta @MaletadeFonseca hicieron estragos dentro de mí. Los veinticinco minutos que esperé a que apareciera la maleta fueron angustiantes. Recuperé el aliento cuando la vi retozar en la banda. Y lo volví a perder cuando comprobé que estaba rota. Pinche Iberia.

Tomé un taxi con destino a Peñuelas 33, hogar de Marcablanca, proyecto responsable de mi arribo a la madre patria y que organizó presentación de Pasajera en Trance algunos días después. Es claro que no podía estar más agradecida con la vida. A la par de las actividades de cobertura que tenía mapeadas para el Festival Ñ, la oportunidad de joder un poquitín a los madrileños con la presentación de mi ópera prima se antojaba irresistible.

Blanca Sotos me recibió con abrazo madri-norte-chilango y cerveza helada. Blanca es una editora española que vivió 10 años en México y a la que tuve el placer de conocer en la Feria del Libro de Minería hace casi un lustro, aproximadamente. Actualmente es la directora del sello editorial + espacio de reflexión y producción editorial en el centro de Madrid: Marcablanca. El encanto de este espacio radica principalmente en su biblioteca especializada en ensayo, teoría y arte contemporáneo, su #vitrina escaparate mensual de propuestas editoriales independientes; pero, sobre todo, en que da acogida a artistas de cualquier disciplina y se esfuerza por hacerlos sentir en casa. Tal y como hizo conmigo.

Después de instalarme en el departamento de las encantadoras editoras de PPS Editorial (Pequeño Pato Salvaje), Marcela y Amelia, comencé a planear las actividades turísticas que tendría la oportunidad de disfrutar los pocos días libres antes de la cobertura de los eventos en los que el festival tuvo a bien acreditarme. Check museos: El Prado (tuve el honor de estar en Madrid el mismo día que el museo cumplió la friolera de 200 años), Reina Sofía y Thyssen-Bormenisza. Experiencia onírica que merece reseña aparte.

Museo Del Prado en sus 200 años. Foto: América Pacheco.

El Festival Eñe

Cada otoño desde hace diez, España celebra la fiesta de la literatura: durante los días 11 y el 23 de noviembre, el Festival Eñe organiza coloquios, conferencias magistrales, cafés literarios, talleres exprés, entre otras actividades en sus principales sedes: Instituto Cervantes, Círculo de Bellas Artes, Casa de América, la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Regional de Madrid, Casa e Instituto México, entre las ciudades de Madrid y Málaga. La novedad del 2019 fue sin duda la elección de México como el primer país invitado. Los exponentes estrella que vistieron de colores patrios la programación fueron Fernanda Melchor, Luis Jorge Boone, Liliana Blum, Elda Cantú y Carlos Velázquez.

Fronterizos fue el título de la propuesta literaria que Sergio del Molino -director del Festival- apostó para profundizar entre los límites entre ficción y realidad en la literatura y la relación de ésta con el resto de las artes en maridaje entre los autores que participaron en 2019. En sus palabras: “Los libros fronterizos, los que no proclaman una vocación clara y unívoca de ser ficciones, los que juegan a engañar, los que cuentan mentiras que parecen verdades, los que usan el yo con descaro, los que se camuflan como testimonios y reportajes, los que a veces son poesía y a veces no se sabe qué son, los que se leen para aprender algo y de los que se sale más ignorante y tembloroso. Esa literatura, siempre un paso más allá de la ficción, aunque relacionada de algún modo con ella (mediante el amor o el odio), es la que nos recuerda el poder chamánico de la palabra y por qué seguimos contándonos historias después de tantos siglos. Después de habernos contado todas las historias posibles”. Haber contado con escritores mexicanos fronterizos convirtió la gran fiesta de otoño madrileño en algarabía, reflexión y de un pretexto literario necesario a profundizar.

Documental de Diego Rivera en Casa México. Foto: América Pacheco.

Al margen del afecto que profeso a Luis Jorge, Fernanda o Carlos, no pude evitar la hinchazón del pecho por el orgullo durante los talleres exprés que los tres ofrecieron en el Instituto de México en España. Destaco dos eventos; primero, el de Luis Jorge Boone y su taller “Iniciación al cuento”, cátedra de una hora y media aproximadamente en la que Luis compartió con la generosidad y elocuencia que lo distingue, sus recomendaciones personales para estructurar un cuento de manera clara y rotunda. Por su parte, Fernanda Melchor hizo lo propio con su espléndido taller de periodismo narrativo. Fer nos facilitó guía para escribir historias donde el motor narrativo se construya rescatando argumentos de ética periodística pura. Una hora y pico no fue ni será suficiente de Fernanda. Todos los asistentes (escritores, periodistas, fotógrafos, principalmente) no pudieron más que entregarles cálidos aplausos al término de su participación. Fueron grandes días para sentirme orgullosa de ser mexicana y ser testigo del respeto que Carlos, Fernanda y Luis Jorge infunden en lectores de tierras ibéricas.

Luis Jorge Boone dando cátedra de cuento. Foto: América Pacheco.

Fernanda Melchor, la crack de la literatura mexicana. Foto: América Pacheco.

También me gustaría destacar la mesa de discusión “La Ciudad y sus alrededores”, de tres autores fronterizos que debatieron ideas en el Teatro Fernando de Rojas en el Círculo de Bellas Artes. Marta Sánz (España), Jacobo Armero (España) y Luis Jorge Boone (Coahuila, sí señor) intercambiaron dardos desde sus respectivas aristas sobre las fronteras, el tránsito y el movimiento urbano. Si les interesa escuchar este dialogo, lo pueden ver completo aquí.

Entre ayahuascas y huracanes

How odd I can have all this inside me and to you it’s just words”.

David Foster Wallace

Olfa Masmoudi escribió para la revista VICE que la Ayahuasca es la línea entre lo que consideramos una droga psicodélica y lo que se puede llamar una medicina ancestral de trance y que esta línea es muy delgada. Olfa afirma que el resultado de su encuentro con la ayahuasca fue, sin temor a exagerar, la más enriquecedora que tuvo en su vida: “fue la reinicialización de mi sistema como ser vivo en este planeta”. Y yo le creo. No solo a ella. Le creo que todas las personas que han compartido públicamente su vivencia con la ayahuasca les abrió un portal de realidad y conciencia en niveles místicos.

Madrid, queridos lectores ha sido mi ayahuasca. Mi ritual, un nuevo trance y ceremonia íntima, clara y contundente de lo que tengo y lo que quiero. Siete de diez días bastaron para profundizar en el barranco del inconsciente y la cosmovisión de mi Amazonas particular. Fuentes confiables afirman que este psicodélico natural ayudó en gran medida a ordenar el mundo interior personal. También se afirma que, bajo su influjo puede mejorarse la capacidad de adaptación, induce al autoanálisis y en marcos estrictamente terapéuticos, fomenta la claridad necesaria para identificar óbices, escapar de la rutina existencial y círculos viciosos emocionales. Lo creo todo porque lo anterior pinta de cuerpo entero siete de mis diez días en Madrid.

Madrid de noche. Foto: América Pacheco.

Madrid fue ayahuasca y huracán particular.

De acuerdo con la UNDRR es factible la reducción del riesgo de desastres mediante el concepto y la práctica a través de esfuerzos sistemáticos para analizar y reducir los factores causales de los desastres. La reducción de la exposición a los peligros, la disminución de la vulnerabilidad de las personas, y la mejora de la preparación y la alerta temprana ante eventos adversos son ejemplos de reducción del riesgo de desastres cuyo origen no es otro más que la fuerza inapelable de la naturaleza. Los expertos en el tema afirman que, cada decisión y acción nos hace más vulnerables a los desastres, y sobre todo, más resistentes a ellos.

Puedo afirmar que sobreviví a un huracán madrileño y que este me tomó en el estado de indefensión más puro. Y aunque la naturaleza de los huracanes es formar energía del calor del agua y transportarla a la atmósfera, también es pertinente hablar de la categoría que provoca el mismo efecto de los océanos en el torrente sanguíneo de los seres sublunares que no esperamos vernos afectados -y damnificados- por semejante fenómeno de la naturaleza. Pero de ello, camaradas, hablaré más tarde, con total claridad y consuelo. Les dije que mis huesos me susurraban que no sería un viaje cualquiera. Pero ustedes nunca me hacen pinches caso

Qué viva Madrid. Qué viva.

@amerikapa

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