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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Make Twitter Great Again
Lo que está pasando con Nayib Bukele no tiene precedentes. El mandatario salvadoreño (con menos de una semana en el poder) está usando la plataforma para compartir con aqueos y troyanos una narrativa de comunicación fresca que se distingue de la vetusta diatriba a la que nos tienen acostumbrados los flamantes integrantes de la clase política.
Por América Pacheco
11 de junio, 2019
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Tuit de América Pacheco

Para todas aquellas almas que no sepan que para sobrevivir al capitalismo salvaje tengo que rentar mi limitada reserva neuronal a una prestigiosa agencia de publicidad digital, en verdad os digo que han estado viviendo bajo una piedra hasta el fondo de una caverna oscura. Mis licenciosas andanzas digitales son las que pagan las cuentas de mi hogar y a ellas les dedico esta triste canción de amor. Siempre uso el anterior argumento cuando se me señala una notoria actividad en social media. Y aunque no me crean, es un argumento válido en cualquier corte internacional. Saber cómo funcionan las plataformas de social media, cuál es su penetración en los países clave para las industrias a las que prestamos servicio y cómo podemos hacer uso de ellas en nuestro beneficio es lo que hace de mi vida laboral un carnaval.

Si alguien me hubiera preguntado hace diez años cuál era mi red social favorita, hubiera contestado atropelladamente que Twitter. Twitter fue mi primer amor. El más grande y exigente. Lamentablemente, esta plataforma digital ha mutado en un peligroso Leviatán. Twitter ya no es nada más el indicador infalible del pulso del mundo y de lo que está sucediendo dentro de él. Ahora es un barómetro de exactitud prodigiosa del odio y la frustración de los hijos de Eva. Pero, sobre todo, un mecanismo polarizante que es capaz de influir dramáticamente en procesos democráticos electorales en países civilizados, así como en disturbios en junglas dictatoriales. El cofundador de Twitter, Ev Williams, tuvo que disculparse públicamente por el papel fundamental que desempeñó la plataforma en la elección que colocó a Donald Trump en la sala oval. Reconoció que ayudaron a crear un “ecosistema de medios que se apoya y prospera en la atención y eso es lo que nos hace más tontos”.

Hace un par de meses desalenté a una poderosa industria norteamericana de usar Twitter como plataforma de comunicación de brand en toda Latinoamérica porque todos sabemos que está desacelerándose peligrosamente. El crecimiento de usuarios se está estancando. El interés en la plataforma disminuye en la misma proporción en la que Instagram se acelera. Todos los esfuerzos que han realizado en perfeccionar el modelado demográfico, así como la creación de audiencias clave son insuficientes. Es una lástima contemplar que la poderosa data de Twitter se utilice preponderantemente para favorecer agenda política y viralizar campañas de odio. Dónde antes existían campos fértiles en el que cohabitaba la discusión y análisis, ahora pastorean ejércitos de bots.

El día de ayer, mientras la tienda de rebajas de aparatos descompuestos de mi mente (Cortázar dixit) deambulaba en Twitter, noté algunos tuits relacionados al flamante nuevo presidente de la República de El Salvador Nayib Bukele (@nayibbukele) y quedé in albis. Desde diciembre del año pasado, con el ungimiento de AMLO, cualquier tuit relacionado a su figura ha estado salpimentado de un fuerte tufo de polarización. Y no solo a él, multipliquemos la polarización que distingue su discurso por cada intervención pública en redes sociales de un político o funcionario público relacionado a su gobierno. Y su cada vez más desdibujada oposición tampoco aporta demasiado a enriquecer la calidad del debate. Por cada diez tuits elocuentes aparecen cientos de miles de descalificaciones, insultos y agresión gratuita.

Lo que está pasando con Nayib Bukele no tiene precedentes. El mandatario salvadoreño (con menos de una semana en el poder) está usando la plataforma para compartir con aqueos y troyanos una narrativa de comunicación fresca que se distingue de la vetusta diatriba a la que nos tienen acostumbrados los flamantes integrantes de la clase política. Comenzó dando órdenes a su gabinete de lanzar por el tobogán de la alegría a funcionarios corruptos relacionados a la administración anterior. Asignó públicamente recursos salariales disponibles a causa del despido de estos miserables para destinarlos a la compra de uniformes y calzado nuevo a fuerzas oficiales. Exigió abrir plazas disponibles a concursos públicos, ordenó remociones enérgicas de cargos medulares a personajes marcados como pillos y corruptos. Convirtió el timeline de su cuenta en despacho presidencial. Las decisiones de un mandatario que han estado reservadas a las cuatro paredes de una casa o palacio de gobierno ahora están disponibles para que gente desqueacerada los lea, así la información sea o no de su incumbencia. Sus ministros abonan hilaridad al contestar (también vía Twitter) a su presidente sin chistar: “Su orden será cumplida de inmediato Presidente”. Sin embargo, esta conducta inusitada para un mandatario (ni Manu Macron se atrevió a tanto) no termina ahí.

Ha hecho de su un estilo personal de gobierno un trending topic. Mandó a bañar a youtubers zarrapastrosos, ordenó a un funcionario la adquisición inmediata de una cafetera con el remanente presupuestal (aunque aclaró que el pan dulce lo compre de su bolsillo), y ordenó a la turba que lo sigue le de muchos likes para convertirlo también en el presidente de Twitter. Porque no es fácil ser el presidente más cool del mundo y no convertirse en emblema generacional en el proceso. El 25 de enero de este año, Roberto Valencia, escritor del New York Times, dedicó un artículo dedicado al entonces candidato presidencial del país centroamericano: “Pase lo que pase, las elecciones presidenciales de 2019 en El Salvador serán un punto de quiebre en la breve historia democrática del país, que se inició con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992”. Roberto no se equivocó. Latinoamérica está estrenando a su primer presidente millennial y las consecuencias de las implicaciones de semejante notabilidad aun están por verse. Los puristas lo llaman falaz y afirman que ser el presidente más famoso de Twitter no lo convierten un gobernante capaz ¿y quién soy yo para desmentirlos?

Tengo que reconocer que, anterior al trend que rodea al joven político, jamás había escuchado media palabra sobre él. Me bastó una hora de mi tiempo para conocer a grandes rasgos la trayectoria de Bukele: cuenta con más de 700K seguidores en Twitter y a sus 37 años se ha convertido en el segundo presidente más joven del mundo (únicamente superado por el austriaco Sebastian Kurz, de 31 años) y la enorme popularidad que goza es porque su irrupción a la presidencia ha puesto fin a 27 años de bipartidismo en el poder. Está casado con una mujer encantadora que está a semanas de convertirlo en padre y le gusta acudir a juntas de gabinete en jeans y gorra beisbolera.

Motivada por la simpatía de ver infectado mi TL de tanto chacoteo y buenpedismo, escribí dos tuits mencionándolo y, para mi sorpresa, les dio retuit.

Al momento de escribir esta columna, mis dos tuits han obtenido: 887,943 impresiones (impresiones mide el número de personas que vieron un tuit en su timeline), 36,521 interacciones, 16,365 clics en mi perfil personal y 8,100 likes. Adicional a lo anterior, en 24 horas tengo más de 250 nuevos followers, todos ellos salvadoreños. He analizado prácticamente todas las cuentas y he detectado bots, claramente. La máquina digital que rodea al flamante mandatario centroamericano es evidente. De acuerdo con Twitteraudit, mi perfil de Twitter goza de un muy saludable 91% de puntaje de auditoría de usuarios reales. El puntaje de seguidores falsos no aumentó considerablemente como se podría suponer. Motivada por el ocio, también analicé el perfil del Bukele y descubrí que su perfil tiene un score de 75%, esto significa que más de cien mil cuentas que lo siguen son más falsas que las tetas de Salma Hayek. Scary shit.

Tuit de América Pacheco

Pero como yo no soy experta en de análisis de interacción digital, ni tengo acceso a software sofisticado para elaborarles un diagnóstico puntual del fenómeno, les recomiendo muchísimo esta investigación que realizó Alberto Escorcia (@loquesigue) en relación a una evidente manipulación de inteligencia digital en las elecciones de El Salvador.

Es necesario destacar que lo más satisfactorio de las últimas 24 horas son los seguidores salvadoreños que han tomado la molestia de escribirme e interactuar con los tuits en los que mencioné a Bukele. Todos ellos han sido amables y generosos. Probablemente no había visto intercambio de ideas tan respetuoso y positivo relacionado a política en un lustro. Además, mi memoria no guarda recuerdo alguno de intercambio de ideas con tuiteros centroamericanos, por lo que la marea de nuevos followers es recibida con entusiasmo.

A Twitter le debo el oficio de escritora porque mis publicaciones comenzaron a tener resonancia y relevancia a fuerza de trinos constantes y sonantes. En Twitter conocí a Ana Francisca Vega y a Daniel Moreno. A ellos les debo que Pluma, lápiz y cicuta exista en el portal de noticias digital más importante y prestigioso de México. La democratización fantástica con la que Jack Dorsey dotó a su creación nos ha permitido a ciudadanos del mundo conocer a otros ciudadanos del mundo que tuitean en husos horarios extravagantes. Aún es la fuente esencial de información en tiempo real, y todavía conserva su capacidad para detectar tendencias e información altamente relevantes y enfocadas geográficamente, pero yo quiero al Twitter del 2009 de vuelta. Existen tesis incontrovertibles que indican que Dios no concede caprichos ni endereza jorobados. Ni modo, el algoritmo nos hará libres.

Hagamos todos a Twitter grande otra vez.

P.D. Si tienen tiempo, echen un vistazo al Proyecto de Investigación de Propaganda Computacional realizado por el Instituto de Internet de Oxford (Oxford University) Su investigación sobre el uso de las redes sociales para la manipulación de la opinión pública es imperdible.

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