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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Más cornadas da el hambre
Por América Pacheco
5 de julio, 2012
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Para Luis Spota, viejo conocido.

Para los 52 millones de pobres de este país.

 

Es mi deseo confesar abiertamente que estoy molesta e incontrolablemente furiosa. También confieso que cuando me encuentro absorta en este espectro emocional tan sombrío, evito enfrascarme en discusiones estériles, no razono con prudencia, reconozco que el encono obnubila mi imparcialidad. Lo peor: estos últimos días, basta que uno se pronuncie  a favor de un discurso opuesto al del vecino, para que junto con el vecino, también se apersone una turba enfurecida que no dudará un instante en caerte -literal- encima, sin intentar construir un primitivo acto de empatía. Odio buscar mi reflejo y encontrarlo convertido en aquello que tanto detesto.
El día martes 3 de julio, causó revuelo una nota publicada por el diario capitalino La Jornada a cargo de la reportera Josefina Quintero, en la que se daba cuenta de las compras de pánico que realizaron puñados de ciudadanos en las tiendas de la cadena Soriana (para ser exactos, en la sucursal Zaragoza, cuyos clientes principales, son habitantes de Ciudad Nezahualcóyotl e Iztapalapa) con las tarjetas de prepago (que oscilaban entre los 100 y 700 pesos  conforme a testimonio de los entrevistados) presuntamente condicionadas por el PRI a cambio de votos en elecciones federales y locales. Con la viralidad propia de las redes sociales, usuarios de plataformas Twitter y Facebook, comenzaron a inundar los espacios digitales con fotografías, carteles y consignas cargadas de insultos, reproches y señalamientos agresivos. La menor de las ofensas que leí, fue llamarles “traidores a la patria” a todos aquellos que vendieron su “dignidad” y el futuro de la nación a cambio de despensas, tarjetas de prepago o cualquier otra dádiva ofrecida por el Partido Revolucionario Institucional.

 


Entiendo –juro que procuro hacerlo más allá de mi círculo de confort- el rencor, frustración y enojo de los indignados, pero soy incapaz de empatizar con el insulto. Peor aún, si la bala y el arma ejecutora señalan con tanto rencor a quien no puede defenderse, a quien no obstante que el gobierno se ha encargado de fomentar su ignorancia, desigualdad y cruel pobreza, ahora, tienen que lidiar (hipotéticamente) con la condena de los “indignados” usuarios de redes sociales.
Me pregunto: ¿qué ganancia podríamos obtener, al insultar a esa gente que recibió a cambio de su voto una tarjeta o una despensa? TODOS los partidos utilizan esas argucias para captar votos, TODOS. Evidentemente a mayores recursos, se obtienen los mejores dividendos. Es inmoral, fustigan algunos, pero considero que tenemos entre los dedos y el teclado, un tema más profundo más allá de la engañosa forma, del infernal fondo. El fenómeno de pobreza e ignorancia nos rebasa a todos.
Dimensionando la culpa.
El tema que realmente me preocupa no es la población marginada del popular municipio del Estado de México. En Ciudad Nezahualcóyotl el PRD consiguió 6 de 9 diputaciones y se quedó con el gobierno de la alcaldía. Lo significativo a destacar es la práctica de coacción y compra del voto, porque el CÓDIGO FEDERAL DE INSTITUCIONES Y PROCEDIMIENTOS ELECTORALES no castiga con la debida severidad este delito electoral bajo el brazo ejecutor de la FISCALÍA ESPECIALIZADA PARA LA ATENCIÓN DE DELITOS ELECTORALES (FEPADE). Lo alarmante es descubrir sin velos a una nación hambrienta, jodida -sin eufemismos- , que representa un campo fértil para clientelismos políticos. Como tan atinadamente comentó Edgar Clément, en nutridos comentarios en mi página de Facebook: “Gracias al clientelismo, se puede gobernar un país que simula estar en el siglo XXI con una población del siglo XVI.”
Mucho se debatió entre mis cercanos acerca de la conducta inmoral, poco ética y por ende condenable, de todos aquellos cuya pobreza o marginación, no justificaba su ausencia de dignidad. Enfurecí. ¿Pobreza? ¿Qué sabemos nosotros de pobreza, del voto del hambre que asegura a los partidos políticos su permanencia en alcaldías, diputaciones, gobernaturas y la silla presidencial?
De acuerdo con información del CONEVAL, “una persona es pobre si es carente tanto en el espacio del bienestar, como en el espacio de sus derechos. La pobreza vulnera la dignidad de las personas, limita sus derechos y libertades fundamentales, impiden la satisfacción de sus necesidades básicas e imposibilitan su plena integración social. Aún cuando existe una gran variedad de aproximaciones teóricas para identificar qué hace pobre a un individuo, hay un consenso cada vez más amplio sobre la naturaleza multidimensional de este concepto, el cual reconoce que los elementos que toda persona necesita para decidir de manera libre, informada y con igualdad de oportunidades sobre sus opciones vitales, no pueden ser reducidos a una sola de las características o dimensiones de su existencia.” Que no nos extrañe que de acuerdo a las cifras de diciembre de 2010, entre las regiones con el mayor índice de pobreza, se encuentren Iztapalapa, D.F. y Nezahualcóyotl.

 

Lo que vale la pena destacar y en negritas, es que el número de votos al PRI en ambas entidades, no representan de manera definitiva, la tendencia “ganadora” del candidato tricolor (Neza otorgó al PRI 148,454 votos, mientras que Iztapalapa, 35,357) tanto como lo hizo el estado de Chiapas (910,478 ¡casi un millón de votos!), pero Chiapas, no tiene pobres, Chiapas alberga entre su salvaje riqueza natural, los mayores índices de POBREZA EXTREMA de México.

 

La pobreza extrema, significa el último reducto de miseria. Un ser humano incapaz de solventar sus necesidades básicas como alimentación, servicios médicos, agua potable, vivienda, etc., puede considerarse como un triste habitante de la última fila del desamparo. Si ustedes cuentan en sus bolsillos con menos de $1.25 cada día, considérense como miembros de ese club sin membresía, ni beneficios acumulables (a menos que se consideren beneficios a la muerte, desnutrición e ignorancia absoluta). Chiapas es el ejemplo más demoledor de este vergonzoso ejemplo. En el estado chiapaneco podemos ubicar la friolera de 6 de los 10 municipios con mayor índice de pobreza extrema de nuestro país, nada sorprendente en una entidad que padece rezago social, cultural y económico de por lo menos 50 años.
¿Qué ganamos como sociedad, al desgastarnos en insultos irascibles a nuestra propia gente? ¿Son ellos realmente los verdaderos culpables de que existan lagunas legales que le permitan a los partidos la coacción del voto? ¿Es culpa de los pobres su pobreza o de los gobiernos que la fomentan?

 

 

Craso error que el candidato de las izquierdas AMLO en plena gira proselitista en los estados de Jalisco, Nayarit, Yucatán, Chiapas, Veracruz, etc. (estados donde el priísmo ganó mayoría en votaciones locales y federales), sugiriera a los asistentes de sus mítines “mentir piadosamente”, darles “permiso” de aceptarles a sus adversarios todo lo que les ofrecieran a cambio de su voto, pero que mantuvieran sus convicciones claras de votar por el cambio verdadero. No se puede jugar con fuego, ni con la necesidad de la gente. No resulta ético fomentar un delito electoral del que acabará sacando mayor ventaja, el que más recursos posea. Lo correcto sería fomentar la cultura de la denuncia, ¿no es así?

La Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales es el órgano encargado de la procuración de justicia en cuanto a delitos electorales se refiere. El Artículo 4, Título Segundo del Capítulo Primero, del CÓDIGO FEDERAL DE INSTITUCIONES Y PROCEDIMIENTOS ELECTORALES en su apartado de los derechos y obligaciones de los ciudadanos, numeral 3, advierte: “Quedan prohibidos los actos que generen presión o coacción a los electores”. Lamentablemente, las sanciones son laxas y del mismo color rosado, de la popular medicina para las molestias estomacales. Demostrar con pruebas y denuncias ante el Ministerio Público, el delito de coacción, es sólo el primero de múltiples pasos.

 

 

 

Las sanciones y penas para quienes cometen este delito electoral (de acuerdo al Código Penal Federal) son: prisión de seis meses a tres años y con diez a 100 días de multa (Art. 403) (ciudadano común), a ministros religiosos, hasta con 500 días de multa (Art. 404); los de funcionarios electorales, con prisión de dos a seis años y con 50 a 200 días de multa (Art. 405); los de servidores públicos, con prisión de uno a nueve años  y con 200 a 400 días de multa (Art. 407), etc.

 

El único artículo que sanciona con prisión de dos a nueve años sin derecho a libertad provisonal es el 412, pero sólo es aplicable al funcionario partidista organizador de actos de campaña que a sabiendas, aproveche ilícitamente fondos, bienes o servicios en los términos de la fracción III del artículo 407 del Código Penal Federal. La compra del voto, el cohecho, peculado, tráfico de influencias y demás joyas, no son causal de impugnación de ninguna candidatura.

 

Impugnar un proceso electoral requiere de JUICIO DE INCONFORMIDAD con
el que cuentan los partidos políticos durante el proceso electoral federal y de uso exclusivo en la etapa de resultados y declaraciones de validez. En la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, los resultados consignados en las actas de cómputo distrital respectivas, por nulidad de la votación recibida en una o varias casillas o por error aritmético . ¿Ahora vamos entendiendo?

 

 

Razonabilidad y democracia. 

 

 

 

El profesor de ética en la Universidad Autónoma de México, Luis Muñoz Oliveira, publicó a principios de este año el libro “La razonabilidad, virtud de la democracia” (Editorial Porrúa), material que considero indispensable para comprender el fenómeno caótico que estamos experimentando como sociedad justo ahora. Luis defiende la virtud de ser razonable marcando los límites de lo que se debe tolerar porque justamente, la tolerancia defiende el espacio público donde los razonables puedan ser libres y resolver sus diferencias: “Aquel que es razonable se refrena con prudencia, escucha y coopera de acuerdo al debate que se lleva a cabo en el seno de la vida democrática”. Cito un fragmento: “la razonabilidad es la virtud más importante de los ciudadanos democráticos. Sin ella, la democracia se vuelve precaria, pues constituye una forma de actuar que rechaza la humillación y la violencia, y que constituye un” nosotros ” de diversos que entienden que los “otros” no son aquellos que piensan, creen , sienten, comen, aman y viven distinto. Los “irrazonables”, los “otros”, son aquellos que se niegan a cooperar –ser parte del “nosotros”- y creen que su verdad, la Verdad, es universal e irrefutable. Ese es el camino de las espadas, de la guerra entre religiones y culturas, es la negación de la libertad.”


Victoria Camps mencionó en el prólogo de este libro una enorme verdad: “una sociedad bien ordenada, es aquella que es gobernada teniendo como norte y como guía los principios de la justicia” Haciendo uso de la racionalidad y la razonabilidad deberá ser más fácil conseguir que tanto las instituciones se vuelvan más justas y progresar en al construcción de una virtuosísima “razón pública”. Con coraje y crítica, sí,  pero haciendo uso nuestro mejor esfuerzo en materia de tolerancia.

 

Probablemente muchos de ustedes lo ignoren, pero hace un año, Luis y yo, pertenecimos a un grupo entusiasta de activistas que, en consenso y apoyo de gente talentosa, prestigiada e indignada de este país, consideró inadmisible la permanencia de la Diputada Petista Edith Ruiz Mendicuti en la presidencia de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ante su flagrante ignorancia y nula capacidad  ética para representar la cultura de la ciudad más grande de este país. Lo conseguimos y no fue fácil. El triunfo no fue gratuito: nos costó trabajo adicional al que desarrollamos habitualmente, nos reunimos para intercambiar ideas, para construir propuestas, acudimos a presionar directamente a la presidenta de la ALDF, con argumentos lúcidos, apelando e exigiendo un estricto apego a los reglamentos orgánicos de la asamblea. Estudiamos la ley, usamos sus propias reglamentaciones para sustentar nuestras exigencias. Todo conforme a derecho.

 

Se puede exigir y conseguir triunfos, estoy convencida de ello, pero  necesitamos encausar nuestro reclamo por las vía correcta. El grito desaforado no es acción, el movimiento social va más allá de la buena voluntad. Gritemos, sí, pero también usemos las herramientas de nuestra democracia, porque a pesar de su imperfección y rezago, existe. Hagámosla valer con inteligencia para no quedarnos en la mera descalificación, el repudio, la bella postal. Conozcamos las leyes, encontremos en ellas sus debilidades que son las que provocan tanta ambigüedad en su aplicación y sano ejercicio.

 

Es difícil esperar que los más desamparados analicen el futuro de su realidad seis años en el tiempo, cuando ellos carecen de todo, principalmente de realidad.  La indignación de aquellos que desde su templete moral, fustigaron sin piedad a los que osaron “condenar” la venta de su conciencia, me resultó más indignante, por egoísta. ¿Acaso es una exigencia o requisito inalterable entre las personas pobres y marginadas, ser honradas? ¿Las desviaciones morales, tienen patente de la clase privilegiada, porque en ellos es natural verles portar el impecable traje de corrupción?. Descalificaciones del tipo: “los pobres deben ser gente honrada, no comportarse como sucios vende patrias” lastiman porque descalificando, restamos en civilidad, y sumamos a granel en intolerancia, porque el clasismo feroz que provoca un daño invisible, pero efectivo al progreso de la izquierda en este país.

 

No podemos estar hablando de un ejercicio maduro en el campo de la ética, en terrenos de la desigualdad, en dominios del hambre implacable que embiste con maestría con el uso salvaje de cornadas letales, y en complicidad del más indigno de los silencios.

 

 

 

* Bibliografía: Metodología para la medición multidimensional de la pobreza en México ( CONEVAL, Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social.)

http://web.coneval.gob.mx/Informes/Coordinacion/INFORMES_Y_PUBLICACIONES_PDF/Metodologia_Multidimensional_web.pdf

 

* La razonabilidad, virtud de la democracia. Luis Muñoz Oliveira, Editorial Porrúa/Serie: Las ciencias sociales.

 

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