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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Mendicuti: Nevermore
Por América Pacheco
26 de septiembre, 2011
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Foto: Chilango.com

Para Edith Ruiz Mendicuti, sin ella, nada de esto sería posible.

 

El miércoles 21 de septiembre, acudimos a las instalaciones de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (Plaza de la Constitución No. 7, Col. Centro) una singular comitiva: Karla Hernández Nassar, Carla  Faesler, Arturo García Abraján, Luis Muñoz Oliveira, Kyzza Terrazas y la que suscribe. A pesar de ser evidentemente un grupo reducido, no íbamos solos de ninguna manera. Llevamos bajo el brazo un listado con 850 firmas, dos cartas y una petición unánime: la destitución inmediata de la diputada Edith Ruiz Mendicuti a su cargo de Presidenta de la Comisión de Cultura de la ALDF.

 

Este espacio me ha servido de foro para denunciar con argumentos debidamente fundamentados, que la diputada de origen petista, carece de cualquier tipo de criterio, formación académica, sentido común o ética alguna, para seguir ostentando un cargo que no le corresponde. Nuestra cruzada por dar a conocer el caso de la diputada, empezó en el mes de junio, siendo la pluma del escritor Guillermo Fadanelli la primera en entintar su desacuerdo en que una personalidad grotesca como la diputada, encabezara tan delicada comisión, mediante su columna en el periódico El Universal. Fadanelli sólo abrió la caja de Pandora. La indignación se convirtió en una mecha muy corta entre una inclasificable  comunidad que vive precisamente de y por la cultura. Las plumas empezaron a convertirse en altavoces cada vez más ensordecedores.

 

Las más de ochocientas firmas que recabamos vía ipetitions y correo electrónico son elocuentes, y aunque no estemos hablando de un número sorprendentemente generoso (en relación al espectro de capitalinos con facultades), sí lo es en la calidad y la autoridad moral de prácticamente todos los firmantes.

 

Después de tres meses de activismo en redes sociales, un puñado de textos  publicados en columnas culturales, académicas y que vieron la luz en medios impresos y/o electrónicos, conseguimos ser atendidos personalmente por el Presidente de Asuntos Internacionales -e integrante de la Comisión de Gobierno de la Asamblea- Maximiliano Reyes Zúñiga, quien nos recibió de buena gana, con actitud perceptiva, empática, conciliadora y sobre todo: negociadora.  De esta reunión vale la pena destacar algunos puntos.

 

La preocupación más real, así como nuestra exigencia más dura, es que no se permita un arribismo del calibre de Mendicuti. La cultura merece ser representada por una personalidad apta, cabal. Luis Muñoz mencionó que la cultura es un órgano sensible, de angustiosa fragilidad, que no puede ser representada por alguien tan contrario al espíritu de la misma. La cultura que tanto apoyo ha brindado a la izquierda mexicana, se ve vapuleada al verse representada por una señora que no escucha, que no aprecia, que no entiende, que no respeta y que por supuesto, tampoco lee. Si es incapaz de leer su propia historia, su escándalo personal, estamos verdaderamente sumidos en la orfandad representativa.

 

Porque si Mendicuti leyera al menos ¡las notas! de los periódicos que han reporteado sobre el escándalo de su paso por la Comisión de Cultura, tendría una vaga idea de que el escritor al que le desconoce autoridad moral y se refiere como:  “Una de las personas que viene al frente es una persona que tiene poco criterio, es un escritor que dice que escribió porque fue lo único que le quedó y menciona él que la poesía sirve para que las mujeres abran las piernas. No sé cómo se llama ese señor, nada más sé que se apellida Fandelli”.” sabría que su nombre no es Fandelli, como lo rebautizó, sino Guillermo Fadanelli,  sí, precisamente. . . el de la caja de Pandora. Lean esta nota, por piedad.

 

La diputada, sumida en una desvergüenza que rebasa cualquier límite que el cinismo tenga en sus parámetros de equilibrio, se defiende de este movimiento, argumentando que los firmantes carecen de la más básica calidad moral para exigir nada, porque ninguno de ellos votó por ella. Que no le interesa lo que opinen. Pienso que si nombres como Luis González de Alba, Alberto Chimal, Rafael Pérez Gay, Margo Glantz Shapiro, Betsy Pecanins, Carla Faesler, Álvaro Ruiz Abreu, Guillermo Fadanelli, Enrique Singer, Daniel Gerheson, Daniel Giménez Cacho, (entre muchas otras notabilísimas firmas), no le iluminan el entendimiento ni someramente, significa que no existe remedio o reivindicación. Tanta ignorancia no sólo abruma, insulta con la misma fuerza que una bofetada.

 

¿De qué nos sirve una cruzada personal en contra de la diputada si mañana puede llegar un representante más oprobioso? (la simple idea de imaginarme una barranca más oscura y profunda, me aterra)

 

En nuestra charla con el diputado Reyes Zúñiga, Kyzza Terrazas soltó una enorme verdad, una verdad más grande que el propio recinto legislativo: “La intención por engendrar cultura es este país es tan generosa, que existe a pesar –muy a pesar- de nuestra vergonzosa clase política”. Yo también lo creo, lo comparto.

 

Después de una prolongada charla, rica en el vaivén de argumentos, Maximiliano Reyes nos hizo un comentario interesante.

 

“Si su iniciativa contra la diputada Edith Ruiz Mendicuti prospera, serán el primer grupo emanado de la sociedad civil en conseguirlo”.

 

Es difícil creer una afirmación semejante, pero al parecer, es cierta. Al día de hoy, ninguna cruzada civil ha sido capaz de conseguir que un legislador en su carácter de presidente de cualquier comité, renuncie a sus funciones por incompetencia.  Por otro lado, esa no sería la más grande de las recompensas. La verdadera batalla ganada, significaría que los diputados hicieran a un lado sus intereses de poder para cambiar un sólo verbo en el artículo 34 del Reglamento para el Gobierno Interior de la Ley Orgánica de la ALDF.

 

Los diputados no “pueden” hacerse de asesores competentes que los apoyen en su labor de encabezar comisiones, los diputados “deben” hacerlo. Todas las comisiones, no sólo la Oficialía mayor deben tener controles más estrictos en la elección de colaboradores y asesores, TODAS. Sustituir el poder por el deber, haría historia. De hacerlo, estarían sentando un precedente sin parangón. Los representantes legislativos harían entonces uno de los más nobles deberes de su cargo: modificar o crear leyes que sirvan para favorecer a una sociedad que cada día, los mira con mayor recelo. Nuestra iniciativa es una generosa oportunidad para que los legisladores den pruebas tangibles de su genuino interés en nuestra cultura, no nos importa lo que hagan con la diputada, nos interesa que modifiquen las leyes para que impidan que alguien, algo así, nunca vuelva a lastimar, burlar  a la inteligencia de la ciudadanía.

 

Hemos dado grandes pasos en materia de activismo cívico. No perdamos la esperanza de que un puñado de mentes lúcidas, pensantes, se escucharan más fuerte que la estupidez inexcusable. Que la sociedad civil tiene la facultad y autoridad de exigir a la turba de bárbaros que nos gobiernan, a que hagan su trabajo y se vean los resultados de sus exigencias. Punto, no pedimos más. Queremos hechos, no argumentos llenos de vacuas promesas.

 

Enseñémosle a mentes tan miserables y obtusas como la de Mendicuti, que existe un requisito indispensable para ejecutar en armonía sus facultades parlamentarias y se le llama PROBIDAD. Si es incapaz de encontrar en su perfil esta chispa que enciende el motor que conduce la función pública con honorabilidad, no tiene nada que hacer ahí.  Por lo pronto, nosotros como ciudadanos -no podemos- DEBEMOS tomar el control de evaluar a nuestros servidores públicos. Estamos despertando. Que pongan sus barbas a remojar. Esto no lo para nadie.

 

América Pacheco.

 

Nota: Aprovecho para presentarle a la Presidenta de la Comisión de Cultura de la ALDF, a los “intelectuales” que afirma desconocer. Que no me dé las gracias, ojalá le aproveche.

 

1.- Carla Faesler (Escritora, poeta)

2.- Guillermo Fadanelli (Escritor)

 

3.- Rafael Pérez Gay (Escritor)

 

4,- Luis González de Alba (Escritor, periodista, divulgador de ciencia, histórico líder estudiantil 68)

 

5.- Kyzza Terrazas. (Escritor, cineasta)

 

6.- Margo Glantz Shapiro. (Escritora, doctorado Honoris Causa por la UNAM 2011)

 

7.- Luis Muñoz Oliveira (Escritor, columnista)

 

8.-Alberto Chimal. (Escritor)

 

9.- Daniel Giménez Cacho (Actor)

 

10.- Betsy Pecanins (Cantante)

 

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