close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Mexican Revolution (ni una marcha más)
Por América Pacheco
12 de mayo, 2011
Comparte

Foto: Emmanuel Delaloy.

A Paula de Maupas, por inspirar y creer más que yo.

“Sí creo en el poder de las palabras, porque ellas son los que despiertan la conciencia, creo que pueden cambiar África, lo quiero . . . ahí es donde viven mis hijos. ”

-Tiken Jah Fakoly-

Quiero compartir con ustedes que fui a la marcha por la paz convocada por el poeta Javier Sicilia el pasado domingo 7 de mayo de 2011.

 

La declaración anterior no tendría relevancia alguna en la biografía de mi vida, de no ser porque a la última marcha a la que yo había hecho acto de presencia anterior a esta, ocurrió el 2 de octubre del año 1992.

 

Nunca he compartido ese fervor activista que poseen tantas personas cercanas a mí. Amigos muy queridos a quienes reconozco el entusiasmo, compromiso, tiempo, así como su genuina entrega que ha servido para apoyar a innumerables causas -loables, todas ellas- que este país ha requerido para que miles, millones de personas tomen las calles a modo de protesta.

 

No es cuestión de apatía, falta de sensibilidad o pesimismo recalcitrante. Sencillamente es como depositar la fe en dios, o en cualquiera de sus representantes: lo haces de corazón o simplemente pasas de largo. Yo no tengo fe alguna en los movimientos sociales. Sin fe no hay esperanza de cambio, de indulto, de perdón. Sin fe no hay motor que te conduzca por esa vía del camino. Así de fácil. Está por demás aclarar que mi postura no descalifica a la gente que sí cree, que sí marcha, que sí llora y se conmueve; al contrario, respeto y admiro ese tesón del que yo carezco. Lo preocupante es que yo debería tenerlo.

 

En mi familia materna no sólo ha existido alma guerrera. Pare ser precisos, en mi familia hubo un guerrillero. El primo de mi abuela luchó hombro a hombro con Lucio Cabañas y se ganó un nombre en la triste historia de la guerrilla de este país de los años sesentas. Mi tío abuelo fue Genaro Vázquez Rojas Maestro normalista, disidente magisterial, luchador social y comandante clandestino.

 

Incluso, mi existencia misma estuvo a punto de convertirse eco en el limbo a causa  una manifestación. Mi madre -en su lejana juventud- asistió toda ella, vestida de esperanza, a la plaza de las tres culturas de Tlaltelolco el dos de octubre de 1968. Puede atribuirse que no muriera esa macabra tarde de otoño únicamente por su valentía, también fue tocada por un prodigioso golpe de suerte (aunque la perra suerte no la salvara de las balas).

 

Con antecedentes de este calibre, debería avergonzarme no haber formado parte de cada movimiento ciudadano, estudiantil o político que he presenciado a lo largo de mi vida. Pero no me avergüenza, simplemente me siento como el hijo huevón y pendejo de padres egresados de la Universidad de Stanford con doctorado en ciencias.

 

La razón por la que asistí por segunda vez en mi vida a una marcha obedece a razones simples. La primera de ellas es porque quería ver por mi misma si todo había cambiado. Si ese discurso chantajista, politizado, oportunista, frívolo y vacío que encontré en esa marcha conmemorativo a la matanza de Tlaltelolco en 1992 era cosa del pasado. La segunda es porque se lo prometí a mi muy querida amiga Paula de Maupas quien desde París organizó una impresionante manifestación por la paz (las imágenes hablan por sí solas).

 

Foto: Emmanuel Delaloy.

 

Foto: Emmanuel Delaloy.

 

Y la tercera, es porque un escritor al que respeto muchísimo, publicó un texto que me obligó a plantearme más de tres preguntas.

 

El texto al que me refiero se llama “La barbarie” autoría de Luis Muñoz de Oliveira, del cual me permitiré extraer algunos párrafos:

 

(…Así, un hombre malvado es un hombre que no siente dolor frente al de los demás, es un ser con el corazón tan poco desarrollado en términos morales, tan cínico en la peor de las acepciones, tan egoísta en sus actos, que puede matar a otro que es inocente, que está amarrado, que no tiene defensa, que pide la oportunidad de seguir vivo. Es ese bárbaro, las calles mexicanas están inundadas de barbarie, que le cercena la cabeza, ya no digamos a un enemigo, a un joven que nunca ha empuñado un arma.

 

Cuando este texto se publique ya habrán marchado miles de personas por las calles del país gritando que no aguantamos más tanta violencia, que no la merecemos, que tenemos miedo…)

 

(…Pero claro que marchar no basta, no me cabe duda de que la indignación es fundamental, pero no basta. Creo que las preguntas que debemos contestar son: ¿cómo derrotamos la barbarie? ¿Cómo desarrollamos los sentimientos morales?…)

 

(…Termino diciendo lo siguiente: también es importante sentarnos a hablar, debatir y dar ideas de cómo terminar con la barbarie, el silencio nos ha traído hasta aquí. También el egoísmo y la indiferencia. El futuro es nuestro si hacemos algo por él…)

 

Confieso que tanto la conmovedora iniciativa de Paula y el texto de Luis derrumbaron mi reticencia lo suficiente como para decidirme a ir de una vez por todas. Porque yo también pertenezco al espectro de mexicanos que están hasta la madre de esta barbarie hija de puta que nos está colapsando como sociedad. Yo también formo parte de la ciudadanía que no soporta más violencia, que no desea un muerto más. No soy indiferente al dolor humano.Ya lo dijo el poeta persa Saadi:

 

“Los seres humanos son individuos que pertenecen a un todo en la creación de una esencia y un  alma. Si uno de ellos sufre algún tipo de dolor, en los otros individuoss una inquietud permanecerá. Si tú no tienes ninguna  compasión para el dolor humano, el nombre de  ser humano tú no puedes retener”

 

Me preocupa ver mermada mi capacidad de asombro ante un horror más insoportable que el anterior. Estoy hasta la madre de contar una muerte que se torna dolorosa porque comienza a tornarse más cercana. El círculo se cierra peligrosamente. Y no deseo que me toque. No quiero dejar de asombrarme, pero deseo que esta capacidad sea en todo momento, virtuosa.

 

Coincido plenamente con Luis Muñoz Oliveira en el sentido que una marcha -por multitudinaria que sea- no basta. Este país necesita más ideas, no una simple ilusión óptica. Nuestras manifestaciones ciudadanas -lo comprobé este domingo- siguen siendo presa de la manipulación política, de ese rapaz oportunismo que envilece hasta la intención más pura. También estoy hasta la madre de ello.

 

México necesita una auténtica revolución. Pero una revolución como la que expresa sentidamente Tiken Jah Fakoly.

 

Ustedes no lo saben, pero Tiken Jah Fakoly (Costa de Marfil, África) es uno de mis cantantes favoritos. Me confieso fan irredenta de su música. Lo soy aún más de su lírica. Para mí, él como pocos músicos, representa la congruencia revolucionaria; el sentir, expresar y llevar a cabo una idea, una propuesta hasta sus últimas consecuencias. Su historia de lucha en contra de la injusticia, la matanza, la ignorancia, la xenofobia de su continente, no se traduce meramente en 10 discos de gran manufactura, también es legendaria y reconocida por llevar a cabo acciones que han servido para despertar a  su pueblo a lo largo de veinte años. Ha pagado caro el precio, su combate pacífico contra la ignorancia le ha valido la persecución y el destierro.

 

La revolución en la que yo creo –contrario a mi difunto tío abuelo- la concibe mi mente de la misma manera en la que el compositor africano plasmó en su canción African Revolution:

“We want revolution
Young people revolution
Intelligent revolution
Must be African education

Go to school brother
And learn what they are doing
It will open up your eyes
To the people’s situation

You will understand very soon
All the problems of your nation

In your mind brother
There is the power to change your world
This understanding
Will help to make a better place
And in your hands brother
There is the key to this continent
And if you don’t unlock it soon
It will be lost to the government
African revolution must be black people redemption”

 

Africa se independizó hace cincuenta años, nosotros acabamos de celebrar un bicentenario independista. Guardando debidas proporciones, es inaudito encontrar conceptos tan aplicables a nuestra realidad.

Las mentadas de madre a un gobierno no son efectivas para detener el paso de armas a este país (poniendo tan solo un ejemplo). El gobierno no es el único ni el principal target –si bien su ineptitud ha prestado al crimen organizado la pala con la que se están cavando las tumbas de los muertos- urge enfocar al enemigo más peligroso. El gobierno es inoperante, la acción puede estar en nuestras manos. Lo que necesitamos son ideas emanadas de mentes visionarias, mentes brillantes que debatan entre sí para ayudarnos a encontrar una salida. El poder de la cabalidad, el entendimiento, las estrategias producto de la unión y del hartazgo colectivo tienen o más bien, DEBEN ser más poderosas/estratégicas que las empleadas por la barbarie.

Hagamos las marchas a un lado (¡ni una más, por favor), Pongamos manos a las palabras mutadas en ideas, para con ellas hacer la titánica obra que significará construir un cambio con carácter de urgencia. Revolución inteligente.

En este país existen mentes lúcidas, brillantes. Démosles la oportunidad de proponer, de debatir, de tomar las riendas para poner en marcha las medidas que nuestro lastimero gobierno es incapaz de ejecutar. Por ejemplo, Javier Sicilia puso en la mesa -en una entrevista a Juan Pablo Becerra-Acosta de Milenio– la propuesta de no apoyar a los partidos en las elecciones presidenciales del 2012, en vez de ello, que los ciudadanos apoyen a una candidatura de unidad nacional. Creo que una idea semejante, por descabellada que parezca, vale la pena darle vida.

Pero eso sí, a mí ni me vean. . .recuerden que soy la hija pendeja y huevona de una valiente estirpe que no merezco.

América Pacheco.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.